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Violencia consume cada rincón de Nicaragua

Opositor del gobierno de Nicaragua dispara un arma de fuego casera. Foto: Afp

Josetxo Zaldua

Managua. Las imágenes en poder de La Jornada y que pueden verse en el sitio de Videos del portal de este medio, tomadas ayer por una cámara de seguridad de un comercio de materiales de ferretería ubicado frente a la casa de tres plantas incendiada la víspera con todo y cuatro adultos y dos menores de edad adentro, dejan poco espacio para las especulaciones.

Se observa con claridad como primero llegan unas camionetas con policías armados y se detienen frente a la casa, que no llega a verse, y segundos después arriban los paramilitares a bordo de otras camionetas. Coinciden las imágenes con varios testimonios recogidos hoy entre vecinos y, sobre todo, los bomberos que, llegados al lugar para apagar las llamas, fueron baleados por policías y paramilitares. El apoyo de la Policía Nacional a esas bandas integradas por excombatientes sandinistas y delincuentes se repite en varias ciudades del país.

Todo el poder está concentrado en cuatro manos: las del presidente Daniel Ortega y las de su esposa y vicepresidenta Rosario. Ambos prácticamente atrincherados en su residencia del barrio El Carmen, donde los vecinos están a un paso de volverse locos porque todo el perímetro está cercado con alambradas y bloques de piedra cantera.

Todo es soledad para la pareja presidencial. Tres cuartas del país quieren que se marchen y, de ser posible, lejos de Nicaragua. Los participantes en el incipiente Diálogo Nacional que este lunes se reanuda tienen una complicada tarea por delante. De entrada Ortega hizo oídos sordos a la propuesta de adelantar las elecciones a marzo del año próximo, una salida que, según varias fuentes consultadas, sería apoyada por Washington por entender que es mejor vacunarse contra un eventual vacío de poder.

El problema es que la violencia lo pudre todo y no hay atisbos de que pueda controlarse a mediano plazo. Hasta ahora, tanto el ejército como la policía responden al mando directo de la dupla Ortega/Murillo. Ahí descansa básicamente su poder porque el apoyo del pueblo no se ve por ningún lado. Y los muertos los ponen ambos bandos, de eso no hay duda.

Pese a lo denso del ambiente y a la inseguridad, que por ejemplo ha provocado en los hechos un toque de queda que comienza al anochecer y termina al amanecer, es reseñable que la libertad de informar permanece incólume en términos generales pese a que los medios televisivos están mayoritariamente en manos de la pareja presidencial.

La salida pactada de Ortega/Murillo a mediano plazo también es compartida por la mayoría de los empresarios que, al igual que Washington, prefieren una solución negociada para evitar vacíos de poder y que la situación empeore y se torne inmanejable.

Es imposible negar u ocultar que, después de más de dos meses de iniciada la revuelta popular provocada por la pretensión de Ortega de reformar la ley del Seguro Social, el país vive en permanente estado de convulsión social. De la negativa a aceptar la reforma a la citada Ley se pasó sin transición alguna a la exigencia de que el Presidente abandone el poder. Los tranques (barricadas) se extienden a lo largo y ancho del país provocando severas pérdidas económicas.

Mañana se verá si el fin de semana sirvió para que Ortega cambie de posición o de plano se mantiene en sus trece.

JSL
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