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“A mi hijo lo mataron policías de élite de Coahuila; no es caso único”

La familia de José Cruz Cortés Chavarría exige castigo por el asesinato del trabajador minero. Foto Sanjuana Martínez

 La familia de José Cruz Cortés Chavarría exige castigo por el asesinato del trabajador minero. Foto Sanjuana Martínez


La familia de José Cruz Cortés Chavarría exige castigo por el asesinato del trabajador minero. Foto Sanjuana Martínez

Por Sanjuana Martínez / Especial para La Jornada

José Cruz Cortés Meléndez lo dice sin temor a equivocarse: A mi hijo lo mataron los policías del GATE (Grupo de Armas y Tácticas Especiales) de Coahuila, un cuerpo de élite que acumula más de 100 expedientes por graves violaciones a los derechos humanos, como tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.

Su hijo, José Cruz Cortés Chavarría, de 35 años, murió en custodia de estos policías que lo detuvieron sin orden de aprehensión la noche del sábado 5 de septiembre en una cantina ubicada en el pueblo minero de Cloete, y estuvo desaparecido por varias horas, sin que fuera presentado en ninguna cárcel municipal.

Cuando sus padres fueron a buscarlo al día siguiente, el agente del Ministerio Público de la comandancia municipal les dijo: ¡Agárrense! Su hijo falleció de un infarto agudo de miocardio.

En eso, continúa Cortés Meléndez, mi esposa empezó a gritar y se puso mal. Yo les dije que mi hijo era minero, deportista, sin enfermedades, y que no creía su versión. Les comenté que lo mataron ellos, que se le paró el corazón porque se lo provocaron con la tortura. Sabemos que ellos practican el ahogamiento en los detenidos al ponerles una bolsa de plástico en la cabeza y darles golpes en el estómago. ¿Quién va a aguantar eso?, señala desconsolado el padre, de 59 años, después de haber visto el cadáver de su vástago con visibles huellas de tortura.

Añade: “Mi hijo no es el primero que muere a manos de estos policías, y no creo que vaya a ser el último. De perdida que la gente se dé cuenta cómo están actuando los Gates: se llevan a los jóvenes y luego los familiares andan buscándolos. Ahorita hay tres desaparecidos, se los llevaron hace cuatro días; ellos los levantaron”.

Los Gates, creados en 2009 por el entonces gobernador Humberto Moreira, forman parte de la Secretaría de Seguridad Pública de Coahuila y han sido denunciados ante la Organización de Estados Americanos (OEA), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Procuraduría General de la República (PGR) por la asociación civil Familias Unidas, que ha documentado 150 casos de desaparición en año y medio tan solo en Piedras Negras, y de los cuales, por lo menos en 60, tienen evidencias de su participación.

Este grupo de élite se ha convertido en el principal violador de garantías individuales, según la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Coahuila (CDHEC), que investiga más de cien casos, como el de Juan Carlos Moreno Zavala, de 24 años, por el que se abrió el expediente CDHEC/085/2013/MON/AOE por desaparición forzada, tortura y ejecución extrajudicial, que concluyó recientemente en la recomendación 06/2015.

Sano y deportista

José Cruz Cortés Chavarría era minero y deportista, por eso a su padre le sorprende el motivo oficial de su muerte: Mi hijo no padecía ninguna enfermedad, porque él siempre laboró en trabajos rudos, era grande y fuerte y hacía mucho ejercicio. Mi hijo era un hombre decente. Quiero que se detenga a sus asesinos. Que el gobernador Rubén Moreira o el Presidente de la República hagan algo. No es posible que estén pasando estos crímenes y nadie haga nada. No merecía morir así, torturado.

Luego de presentar una denuncia contra los policías por ejecución extrajudicial, Cortés Meléndez hace un recorrido por los hechos. Cuenta que esa noche él se encontraba en casa de sus padres, a cien metros de la cantina donde estaba su hijo, y que le avisaron que se lo estaban llevando junto con otros clientes.

Cuando llegó al lugar, uno de los policías encapuchados y fuertemente armados no le permitió acercarse a su hijo, que ya lo habían subido a una de las camionetas sin placas ni número de identificación: “Observé que uno de ellos estaba revisando la camioneta de mi hijo, y otro le gritaba: ‘¿Dónde tienes la droga?’ Mi muchacho les respondió que no tenía droga. No le encontraron nada de eso, estoy seguro, ni tampoco en la camioneta, porque que yo la uso para trabajar y paso diariamente cuatro retenes de la Marina”.

Comenta que después vio cómo se lo llevaron y fue a buscarlo a las dos comisarías municipales, pero los Gates no lo habían llevado: En eso, agarro la vía 57 y al pasar frente al casino Petrolero veo las camionetas de los policías y la de mi hijo. Me regresé. Allí estaban en un callejón sin alumbrado, lleno de árboles; me estacioné en la gasolinera para estarlos observando y ver adónde se lo llevaban. Estuve 30 minutos esperando. Y se fueron por atrás.

Cortés Meléndez pensó que tarde o temprano su hijo sería llevado a alguna cárcel municipal, pero no fue así. Hasta en la mañana le comunicaron de su muerte y que acudiera para reconocer el cuerpo: “Levanté la sábana y lo primero que observo son los golpes en su cara, del lado derecho, y las escoriaciones en las rodillas.

“El Ministerio Público defendió a los policías, me dijo que ‘cuando una persona sufre un infarto cae de frente y se raspa las rodillas, es natural’; sin embargo, esas heridas eran demasiado, porque no tenía piel y había restos de sangre. Me dijeron que no lo tocara, y andaba un policía armado detrás de mí, que nunca se me despegó y no me permitía tocarlo”.

Al entregarles el cuerpo, su familia le tomó varias fotografías para demostrar lo que había pasado: Haya hecho lo que haya hecho, no tenían derecho a torturarlo; estoy seguro que mi hijo no hizo nada, porque estaba dentro de una cantina, y eso no les da derecho a martirizar a una persona.

La autopsia, cuya copia tiene La Jornada, especifica solamente que la muerte fue por un paro cardiaco a las 23 horas, pero su hijo le envió un mensaje a su prima a las 22:52. Otra mentira más. Me dicen que falleció a los 40 minutos que lo llevaban detenido. Mi hijo no estaba enfermo de nada, trabajamos 10 horas diarias en un tajo abierto a vivo sol; sacamos carbón con un mazo, es un trabajo muy pesado. Si él hubiera estado enfermo del corazón, no habría aguantado ese trabajo.

Desde hacía cinco años, ambos laboraban para la empresa El Fénix Tecnoservicios, en un tajo de carbón ubicada en el kilómetro 31 en Colombia, Nuevo León, pero antes había trabajado en Estados Unidos, en oficios rudos, como amarrador de fierro o en la construcción de puentes y carreteras.

Cuenta que su hijo estudió en Texas la primaria, secundaria y preparatoria, y que decidió pedirle que volviera a su país para trabajar en la mina: Como era nuestro único hijo, nos lo trajimos, hasta que vinieron estos Gates a quitármelo; me lo arrebataron. Era mi único hijo, mi compañero de trabajo. Hubiera estado mejor allá que aquí, donde me lo vinieron a matar. Queremos justicia, que se detenga a sus asesinos, dice llorando.

Livideces cadavéricas

En entrevista, Norberto Ontiveros Leza, subprocurador ministerial, atribuyó la muerte del minero a su obesidad, y defendió la actuación de los Gates, de quienes, aseguró, sólo tiene pocas quejas por violaciones a los derechos humanos, pero no por asesinato:

Los agentes de la policía llevaron al detenido al nosocomio, donde señalaron que ya no presentaba signos vitales. El médico que practicó la necropsia dice que había una predisposición al infarto debido a la hipertensión y a la obesidad, factores que fueron predeterminantes para que culminara así.

–Era minero, su papá dice que estaba sano…

–El médico asegura que tenía un padecimiento de obesidad. Si trabajaba en la mina, los antecedentes establecen que ese tipo de trabajos predisponen para tener un infarto por las sustancias que inhalan.

–¿Y las huellas de tortura?

–En el dictamen no aparece ninguna huella de tortura ni lesión.

–¿Ese documento puede no decir la verdad?

–No es así. En Coahuila esos dictámenes no pueden falsificarse ni alterarse.

–¿Y las fotos que los familiares tienen para demostrarlo?

–Desconozco cómo las hayan obtenido, porque las fotos las toma el perito forense. No tenemos ninguna queja por algún acto de tortura ni contamos con ningún elemento de prueba. Los cuerpos algunas horas después que pierden los signos vitales empiezan a generar lo que se denomina livideces cadavéricas, la sangre tiende a irse a las partes más bajas del cuerpo y pueden confundirse o aparentar que se trata de algún hematoma, cuando la realidad no es así.

No son huellas de tortura, son livideces cadavéricas, concluye el funcionario.