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“Aquí no se acaba la chingada gente”

La calle de Francisco I. Madero se ha convertido en una de las más transitadas de la ciudad de México. Con longitud de un kilómetro, se calcula que los fines de semana circulan hasta 2 millones de transeúntes. Foto María Luisa Severiano

Por Alejandro Cruz Flores

Desde su peatonalización, en 2010, la calle de Francisco I. Madero, en el Centro Histórico, se ha convertido en una de las más transitadas de la ciudad de México, con un promedio de 250 mil transeúntes diarios, número que en fines de semana se incrementa hasta en 2 millones de personas, según cifras de la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal.

Aquí no se acaba la chingada gente, dice a unos de sus compañeros un policía encargado de vigilar el cruce del Eje Central, por el que transitan más de 100 personas cada minuto que acceden al llamado Corredor Peatonal Madero.

Nadie respeta los cruces

Con una longitud de casi un kilómetro lineal, la calle que lleva hasta la plancha del Zócalo cuenta con tres cruces en las calles de Bolívar, Isabel La Católica y Palma, en los que casi nadie respeta los semáforos pese a la presencia de policías de Tránsito.

Pero no son los vehículos los que se pasan la luz roja, sino los mismos peatones, que sin importar que tienen el alto cruzan la calle, lo que provoca molestia de los automovilistas, misma que algunos externan tocando el claxon, pues es tal la cantidad de personas que deben detener la marcha.

Esta escena se repite durante todo el día, mientras los uniformados sólo se limitan a ver pasar a los transeúntes o de plano voltean hacia otro lado. No podemos hacer nada; la gente se pasa como quiere, dice uno de ellos al ser interrogado al respecto.

Así, la calle de Madero es recorrida por familias completas, parejas, grupos de amigos y personas en solitario, la mayoría parece no tener prisa, pero aun así es normal que los peatones choquen entre sí, especialmente en el tramo entre el Eje Central Lázaro Cárdenas y Gante.

Y es aque allí muchas personas se detienen, incluidos los turistas con cámara en mano, para observar las estatuas vivientes o personas vestidas con botargas de superhéroes que piden una moneda o se ofrecen para sacarse fotografías con los niños.

Más adelante se detienen para ver los aparadores de las tiendas instaladas a lo largo de la calle, principalmente en esta temporada de fin de año, donde se vende ropa o aparatos electrónicos, entre otros productos.

Los transeúntes también deben lidiar con decenas de tarjeteros que se les acercan para ofrecer los servicios de las ópticas que hay en la zona. Algo para los lentes, dicen mientras extienden la mano ofreciendo la tarjeta de alguno de los establecimientos, que muy pocos reciben.

En esta época decembrina, Madero ofrece un atractivo más: la caída de nieve artificial como parte de las actividades de fin de año que organiza el Gobierno del Distrito Federal por la tarde noche. Así se pasa el recorrido de unos 10 minutos por el corredor peatonal que lleva a la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y, en estos días, a la pista de hielo del Zócalo.