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Astillero: Sí, pero, ¿dónde están los 43?

Astillero, Pacto por México
H ombre del sistema, sustancialmente priísta, respetuoso del presidencialismo faraónico, aunque en este tramo fatal jugó a simular rebeldía para negociar buenos tratos posteriores, perredista de ocasión que con rapidez se acomodó al estilo mercantilizado del sol azteca, beneficiario de empujes económicos y políticos de su promotor al gobierno guerrerense, Marcelo Ebrard, y benefactor con cuenta al erario de sus nuevos aliados, los actuales gerentes de la Revolución Democrática, Ángel Heladio Aguirre Rivero cumplió ayer sin estridencias el papel postrero que en este episodio de élites le fue asignado mediante negociaciones encabezadas por Carlos Navarrete, el actual presidente del PRD.
Signado por las matanzas, Aguirre era un cadáver político tirado a media calle y ayer llegó a acuerdos de sepultura incruenta. Busca impunidad y quiso que el sucesor le fuera afín. En el libreto pinolero la siguiente página será el anuncio de la detención del alcalde con licencia (hoy prófugo) José Luis Abarca, probablemente acompañado por su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, pareja a la que distintas versiones confiables dan por ya capturada, pero sujeta a preparaciones para su presentación ante los medios y para hacer sus primeras ‘‘revelaciones’’ (que podrían estar programada y negociadamente dirigidas a involucrar a personajes igualtecos de un partido naciente).
El derrumbe de Aguirre Rivero será siempre recordado como consecuencia de lo sucedido en Iguala hace casi un mes, en una mezcolanza de hechos de barbarie y de intereses, grupos y cálculos políticos que sumieron al gobierno de Enrique Peña Nieto en una crisis profunda, derribando con estrépito internacional los ensueños del mexiquense que se esforzaba en clasificarse como estadista y reformador histórico. Aguirre gobernó como sus congéneres, desatento al vibrar de los asuntos populares, dedicado más bien al plácido entendimiento con los factores de las cúpulas, en la buena vida pagada con dinero público.
La mayor culpa de Aguirre, conocida hasta ahora en el caso Iguala, es que actuó como todos los políticos (¿cuál será la excepción en los estados del país?) que actualmente ocupan cargos ejecutivos: dejar que los poderes fácticos, sobre todo el crimen organizado, arreglen sus asuntos conforme a sus circunstancias, que ‘‘gobiernen’’ en sus regiones, y beneficiarse de esos negocios para efectos de enriquecimientos personales, familiares y grupales, y para seguir ‘‘haciendo política’’. Es decir, para financiar campañas, apoyar candidatos, ‘‘comprar’’ voluntades superiores y garantizar a las élites amafiadas que el gran negocio seguirá funcionando con la protección de los políticos y los gobernantes. En ese contexto, Aguirre y el PRD, con Los Chuchos por delante, pero no los únicos, han sido pragmáticamente funcionales.
Aguirre se regaló, sin embargo, dos satisfacciones ínfimas. Salió a anunciar su solicitud de licencia antes que Carlos Navarrete cumpliera con el orden escenográfico acordado, en el que el sol azteca solicitaría a ‘‘su’’ gobernador que dejara el cargo y éste, luego de ‘‘reflexionar’’, así lo haría. El guanajuatense saltó al foro ya a destiempo, para dar a conocer un hecho político sin sustento, pues estaba pidiendo a Aguirre que hiciera lo que ya había hecho. La otra complacencia que se concedió el mandatario saliente (fue sustituto, fue constitucional, es licenciado) fue el apunte cuidadoso de que él hizo las cosas adecuadas y que informó oportunamente a la administración federal, aunque luego trató de equilibrar las cosas al agradecer a Peña Nieto el apoyo siempre recibido.
Es obvio que la caída del nacido en Ometepec no resuelve lo sustancial. Los normalistas siguen desaparecidos y cada día que pasa se consolida en ciertos segmentos sociales la percepción de que se está en presencia de maquinaciones federales macabras que tratan de repartir culpas al mayor número de factores posibles (sobre todo al PRD y a Morena), regular datos para impedir estallidos de indignación cuando se revele la verdad de los hechos e incluso aprovechar las circunstancias locales para propiciar el retorno formal del PRI al poder.
Nada sustancial cambiará con la salida de Aguirre. En todo caso, la administración peñista tendrá mejores condiciones para seguir manejando el caso Iguala, en el que pretende aislar los puntos de responsabilidad para adjudicarlos sólo a los planos municipal (Abarca y Pineda, la ‘‘pareja solitaria’’) y estatal (Aguirre, el mal gobernador que hubo de irse), cuando es evidente que el federal también tiene alta responsabilidad en lo sucedido con los jóvenes de Ayotzinapa, pues no hubo absolutamente ninguna movilización de militares, marinos, gendarmería, policías federales, Cisen o Secretaría de Gobernación para impedir sucesos que duraron horas en su consumación, pretendiendo incluso el propio Peña Nieto la conversión de esos hechos en meros temas regionales, dejando pasar el tiempo y centrando todo en la ‘‘responsabilidad’’ que los gobernadores deberían asumir. Peña Nieto, pues, como Aguirre y como Abarca, tiene cuotas de responsabilidad que no se pueden eludir.
Por otro lado, Los Chuchos habrán aumentado su participación accionaria en los asuntos del gobierno de Guerrero si consiguen (como todo apuntaba anoche) que sea Beatriz Mojica Murga (BMM) la sucesora de Ángel Aguirre Rivero. Ella fue diputada federal y hasta ayer era secretaria de Desarrollo Social en la administración del propio Aguirre. Con dos maestrías (una en el ITAM y otra en un centro francés), Mojica tiene su propia corriente perredista en Guerrero, Nueva Mayoría (NM), que es una de las expresiones regionales que a lo largo del país concurren en el esquema global político de Nueva Izquierda (Los Chuchos).
Y, mientras ayer eran encontradas nueve fosas más cerca de Iguala, con restos humanos, ¡hasta el próximo lunes, con los estudiantes de la Universidad de Guadalajara presionando para que se conozca la verdad y se haga justicia en el caso de uno de sus compañeros, muerto en Guanajuato luego de ser detenido por policías!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.