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Bazar de asombros / Hugo Gutiérrez Vega

Por Hugo Gutiérrez Vega

Los partidos que dieron un apoyo mas sólido y constante a nuestro Comité fueron el Comunista y el PRI de Reyes Heroles. El PP envío también a un representante que fue sistemáticamente abucheado en todos los actos públicos. Los pequeños grupos de la izquierda radical sabotearon todos nuestro actos. Recuerdo que Ramón Sosamontes, a la sazón líder juvenil del PC y mi compañera Lucinda, rodearon el ring de la Arena México para impedir que los grupúsculos intentaran subir para golpear a los oradores participantes. A pesar de esa precaución, este bazarista conoció el peso de la moneda nacional, pues recibió en la frente un veintazo contundente.

Son muchas las anécdotas vividas por el Comité. Una tarde sonó el teléfono y se escuchó la voz del capitán Gutiérrez Barrios, funcionario de Gobernación. Me preguntó si el Comité estaba interesado en defender a los jóvenes del MIRque andaban por los rumbos de Iguala preguntando por Lucio Cabañas. Le dije que quisiéramos hablar con ellos y que le pedíamos que fueran tratados con respeto a sus derechos humanos. Hablé con los ingenuos radicales y les pregunté cuáles eran sus planes. Querían irse a Cuba. Así se lo dije al capitán y al poco tiempo se fueron a la isla en donde, según me contaron más tarde, crearon dificultades y acusaron a Fidel de “revisionista”.

Debo reconocer que los trotskistas cooperaron con entusiasmo y disciplina y organizaron varias colectas que nos fueron de mucha utilidad. Muy pronto sacamos un boletín en el que informábamos sobre las atrocidades de los milicos y recordábamos los grandes momentos de la Unidad Popular y algunos aspectos del pensamiento del Presidente Allende comparable, en muchos sentidos, a Gandhi, Mandela y Martin Luther King. Estas figuras reivindican la tarea política, la dignifican y le dan un verdadero sentido humano.

Poco a poco fuimos colocando a los académicos y científicos en universidades e instituciones de investigación. La mayor parte de ellos trabajaba con rigor y seriedad, y colaboraron en muchos proyectos universitarios. Tengo entendido que algunos se quedaron en México, aunque la mayor parte regresó a Chile.

Doña Tencha, la viuda del Presidente Allende, y su secretaria, Fernanda Navarro, estuvieron muy cerca del Comité y siempre nos brindaron su apoyo y su consejo. Varios chilenos se unieron a nuestro esfuerzo asistiendo a las reuniones, dando sus puntos de vista y narrando sus experiencias que, en su mayor parte, eran terribles, pues todos sabemos cómo actuó la banda de delincuentes presidida por Pinochet y amparada por Kissinger.

Recorrimos la República y fundamos comités en Guadalajara, gracias al apoyo de Carlos Ramírez Ladewig, Raúl Padilla y Nacho Arriola; en Puebla, en Veracruz, Tabasco y Chiapas. Tuvimos varias reuniones nacionales y fundamos varios auditorios y aulas a las que se les dio el nombre de Salvador Allende y de Pablo Neruda. El Comité desapareció para dar lugar a la Casa de Chile. Nosotros desaparecimos también. A nadie se le ocurrió, ni se le ocurre, recordar a nuestro pequeño y problemático Comité. Es mejor así, pues nunca trabajamos para buscar un reconocimiento o para recibir agradecimientos. Lo hicimos porque sabíamos y sabemos que la disyuntiva de Rosa Luxemburgo sigue vigente: “O el socialismo o la barbarie.”