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“Dennos una oportunidad”, clamor de jóvenes de la calle

Un niño con maquillaje de payaso se gana unas monedas en la glorieta de la Diana Cazadora, en la Ciudad de México. Foto Cuartoscuro

Por Víctor Ballinas y Andrea Becerril

Senadores, organizaciones civiles, funcionarios y expertos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) denunciaron en el foro internacional Derechos humanos de las poblaciones callejeras, que las personas que se encuentran en esta situación son objeto de acciones de discriminación, limpieza social, detenciones arbitrarias y desalojos efectuados por las autoridades y la sociedad.

Bernard Gastaud, integrante del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, destacó en el Senado que este foro podría suscitar una esperanzapara el acceso a la dignidad y al goce de los derechos humanos de las personas en situación de calle.

Ante funcionarios de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, así como ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y los expertos de la ONU, adolescentes y jóvenes integrantes de poblaciones callejeras demandaron: Queremos que se nos respete y se nos escuche, que nos den la oportunidad de estudiar. Deseamos tener una vivienda digna y que nuestras familias nos quieran.

La policía, acusaron los menores, “nos detiene, nos golpea y nos criminaliza por estar en la calle. La gente que pasa junto a nosotros donde vivimos, entre la basura, sin baños y en un rincón de la calle, nos dice ‘huelen feo, báñense, apestan’. Nos rechazan.

Pero nosotros no tenemos opción más que la calle. Quienes nos critican y no quieren vernos, no se preguntan por qué huimos de nuestras casas. No saben qué nos pasó: salimos por la violencia en la casa, por los golpes, los abusos y el hambre. Porque no nos quieren, porque somos pobres y no hay dinero en la casa.

Gerardo, un joven migrante hondureño de 17 años, quien huyó de su país por la violencia y llegó a México a los 12 años junto con otros menores, relató: Estoy triste y muy preocupado. Vengo de Honduras, soy migrante, pero gracias a Dios estoy legalizado. Éramos 100 o 150 adolescentes que salimos de nuestro país por la pobreza, la violencia y por miedo. Pedimos asilo, pero sólo a tres nos lo concedieron. Los otros menores se hincaron, lloraron implorando que les dieran una oportunidad. Prometieron que iban a ser buenos, querían estudiar y trabajar. Los deportaron.

Gerardo prosigue su relato: “Es muy doloroso. Un compañero, que compartió cuarto conmigo mientras decidían el asilo, me dijo: ‘tengo miedo de que me regresen. Me van a matar. Estoy amenazado’. ¿Por qué los regresan si en México no saben qué les va a pasar?”

Juan, que fue niño de la calle y ahora es casi un joven acogido por una organización no gubernamental, sostuvo: “Con orgullo estoy aquí, porque le quiero demostrar a la gente que podemos salir de la calle y superarnos. Si la policía está para cuidar, ¿por qué la violencia contra los niños y jóvenes de la calle? ¿Por qué en lugar de criticarnos, de decirnos ‘pobres mugrosos, huelen feo’, por qué mejor no nos ayudan?”

Reprochó a las instituciones de salud: Los niños de la calle somos iguales a los demás ciudadanos. Pero cuando alguno de nosotros, los de la calle, estamos enfermos, tenemos un accidente o nos hieren y llamamos a la ambulancia, tardan una, dos y hasta tres horas en venir. Y a veces, cuando llegan, nuestros compañeros ya se murieron.

Y si llega la unidad de emergencia “y lo encuentran con vida, le dicen: ‘no tiene nada’. Nos discriminan, nos ignoran, no quieren vernos. Yo quiero que haya más centros de ayuda, que nos capaciten, que nos den la oportunidad de estudiar. Tenemos sueños, queremos ser alguien, tener una casa y familia”.

Con orgullo, insiste, lo digo: aquí estoy, les quiero demostrar que salí de vivir en la basura, entre la porquería en la que vivía como niño de la calle; quiero recuperar la confianza y que nos den la oportunidad. No nos discriminen; todos los que estamos aquí merecemos respeto. Me siento orgulloso de hablar por ellos, por ellas, dennos la oportunidad.

La joven Belem contó: Quisiera que el gobierno ayudara a todos los niños de la calle, que nos apoyara para ir a la escuela. Pero nos tratan como basura; nos amenazan. Si estamos en la calle, nos dicen que van a pedir una pipa de agua para que nos la eche. Quieren hacer limpieza social para que las calles no se vean feas. Nos quieren desaparecer, nos quieren esconder. Queremos ser escuchados y tomados en cuenta. Dennos la oportunidad.