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Derechos humanos, remache sobre en México / Víctor Flores Olea

ONU

El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, durante una conferencia de prensa al término de su visita a México. Foto: Yazmín Ortega Cortés

En las ultimas semanas, tal ha sido el tema fundamental del país. En las ultimas semanas, y meses, la presencia de una importante delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (que ha debido aceptar el gobierno no solamente a presión de los deudos de los desaparecidos en Iguala, sino del país entero, y de buena parte de la opinión pública mundial), pero ahora, como resultado del mismo escándalo el viaje a México del alto comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, señor Zeid Ra’ad Al Hussein, quien en su breve estancia en México tuvo la oportunidad de entrevistarse con buen número de altos funcionarios del gobierno mexicano, incluido el presidente Enrique Peña Nieto, la Procuradora General de la República Arely Gómez y el Director General de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Por los comentarios recibidos y por la impresión personal que transmite el Alto Comisionado no podría ser un funcionario más competente y equilibrado, reflejando sin duda una muy seria intranquilidad por la situación de los derechos humanos en México, diciendo casi literalmente que no bastan las buenas intenciones y las leyes apropiadas que llegaran a establecerse sino que bienestar y la calma deberían reflejarse sobre en las condiciones de vida y seguridad que llegue a sentir efectivamente la sociedad mexicana en su conjunto.

Resulta innegable que la impresión básica es la de que en México existen en efecto graves violaciones a los derechos humanos, y que no son ni de lejos suficientes las “buenas intenciones” de los más altos funcionarios ni  las “buenas” leyes que llegaran a dictarse, sino sobre todo de su aplicación efectiva y del sentir general y efectivo de la población en su conjunto. Se trataría de algo así como de una revolución cultural profunda en México a favor de los derechos humanos, en la cual se erradicarían un conjunto de acciones y reacciones ancestrales en el país, que muchas veces se han hecho como “costumbre”, como “respuesta reiterada”, sin que haya suficiente causa para ello. Un profundo cambio de costumbres como lo es ya la proverbial “cortesía” de los mexicanos.

Desde luego, ya que la lumbre le llegaba a los aparejos, de inmediato parecieron ocurrir algunas reacciones básicas de los tres niveles de gobierno, siendo las más importantes, probablemente, la creación de unaa Fiscalía Especial para personas desaparecidas, que parece será una dependencia de la Procuraduría General de la República; pero además, la realización de un “tercer” peritaje en  el tiradero de Cocula sobre la eventual incineración de los cadáveres (que recibió muy duras críticas), el primero, el de Murillo Karam); por lo demás, hasta se han precisado por la SCJN nuevos castigos por el famoso “bullyng” en las escuelas, como scuela de la misma preocupación e interés.

En el papel “suenan” bien las cosas, el inmenso problema es llevarlas a la práctica en un “medio” qua ha sido hostil a ciertos rigores y disciplinas. ¿O será imposible lograrlo? Es seguro, en todo caso, que la transformación, si se logra, llevará un buen tiempo, ya que estos asuntos relacionados con la conducta humana y hacia el entorno, por definición son difíciles de corregir y controlar, y no se dan de la noche a la mañana. Los problemas sociales, y otros semejantes, no son ni fáciles ni de rápida solución. Y más cuando la conducta de las autoridades  parece invariablemente disimular y esconder, y cuando no resultan difícil encontrar las mentiras torpemente envueltas en el sonido cansón y y a veces letárgico de los “discursos” o “explicaciones” oficiales.

El hecho duro para México tiene que ver, entre otras causas, además de la “costumbre delictiva” que parece bien arraigada en México, con una torpeza monumental en la designación de los responsables, que ya sobre la marcha han mostrado una garrafal incomprehensión, mostrando las autoridades una garrafal incompetencia en este campo, para decir lo menos. Exactamente, como si la cuestión de los derechos humanos fuera una cuestión secundaria o frívola que interesara a unos cuantos. Pues bien, hoy las autoridades mexicanas saben bien que es una cuestión vital hoy, y que de su desempeño depende crucialmente el prestigio de los Estados y Naciones, con implicaciones en la economía y otros rubros. El desconocimiento de lo internacional llevó a nuestras autoridades a considerar como frívolo este asunto de los derechos humanos, sin mayor importancia y sin ponerle la debida atención.

Por supuesto que Mexico no es la excepción (la “gran” potencia” modelo ha cometido y comete todos los días atrocidades infernales en materia de derechos humanos (por ejemplo en Guantánamo y ahora mismo en los bombardeos sobre ciertas regiones de Siria, inclusive hospitales, que aniquilan vidas humanas al por mayor), sin reticencias de ninguna especie, lo cual nos muestra nuevamente que vivimos en una crisis de valores y civilización de la que no saldremos fácilmente. ¡El único “valor que verdaderamente se aprecia es el VALOR de la riqueza!

El hecho es que México ha sido señalado como un país altamente desconfiable en materia de seguridad y violador obstinado de los derechos humanos. Y tales señalamientos no dejan de ser deshonrosos. Para recuperar el decoro inevitablemente  pasará un tiempo apreciable. Pero cada uno es responsable de sus actos, por ejemplo cundo se convoca para un puesto de tales alcances y responsabilidades a un personaje como Murillo Karam se está haciendo una apuesta prácticamente infalible al desastre, y no hay excusa o arrepentimiento que valga. ¡Así se buscó y así se encontró, para no hablar una vez más del sufrimiento de la ciudadanía y de la experiencia de traición que resiente!