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El Chapo logró escapar de La Piedrosa, verdadera fortaleza en la sierra de Durango

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Jesús Aranda

La Piedrosa, sierra de Durango.
Es prácticamente una fortaleza en plena sierra. El conjunto de cabañas en el que vivió Joaquín El Chapo Guzmán hasta el 6 de octubre pasado fue testigo del operativo de una fuerza de tarea de la Armada de México, que según participantes estuvo a punto de capturarlo.
La geografía y ubicación del caserío conocido como La Piedrosa fue lo que permitió al capo huir a través de un sendero de una profundidad de dos kilómetros y medio hasta llegar a un arroyo donde su pista desapareció.
En punto de las ocho de la mañana del 6 de octubre –un día antes el alto mando naval confirmó el lugar en que estaba el fugitivo más buscado del país desde el 11 de julio pasado– cinco helicópteros con 48 elementos de fuerzas especiales emprendieron el vuelo hacia el objetivo, ubicado en plena sierra de Durango.
Al llegar, los helicópteros realizaron desde el aire fuego de ‘‘ablandamiento’’, consistente en disparos de advertencia en lugares despoblados alrededor del objetivo para evitar ser recibidos con fuego desde tierra.

Contaba con 30 guardaespaldas
Inteligencia naval había reportado que la seguridad del capo sumaba más de 30 personas y que el riesgo de un enfrentamiento era posible. Los pronósticos se cumplieron; fueron recibidos a tiros, pero no les dio tiempo a los sicarios de utilizar armas de grueso calibre ni dos lanzacohetes que fueron asegurados posteriormente por los marinos.
Integrantes de la fuerza de tarea comentaron a La Jornada que desde un principio sus movimientos fueron seguidos por los halcones de El Chapo –quien pareciera tener ojos y oídos en todo Sinaloa y en la sierra colindante con Chihuahua y Durango– desde que despegaron los helicópteros. Pero Guzmán Loera supo que iban por él cuando uno de sus vigilantes avisó del arribo de las aeronaves.
Una vez que sus hombres de seguridad vieron que la fuerza de tarea los duplicaba en número y en capacidad de fuego se dispersaron, mientras Guzmán, junto con tres de sus guardaespaldas más cercanos, tres mujeres y una niña, salió de la casa hacia una vereda que estaba a unos 30 metros de su cabaña. De acuerdo con el relato de las mujeres, antes de bajar la vereda Guzmán vio un helicóptero que sobrevolaba el lugar en el que se encontraba y por mirar hacia arriba perdió el equilibrio y se lesionó la nariz; también dijeron que al parecer iba lastimado de una pierna.
Los marinos explicaron que después del fuego de advertencia y de algunos disparos de los guardias de Guzmán ya no hubo ningún enfrentamiento y que además, el hecho de que al huir llevará consigo a las tres mujeres y a una niña –hija de alguna de ellas– evitó que le dispararan para detenerlo.
En tanto, un binomio canino bajó del primer helicóptero para buscar al capo; entró a la cabaña principal y luego se dirigió a la senda por la que huyó. Un grupo de marinos siguió a los canes por la senda, la cual después de unos 30 metros se cerraba ante una auténtica pared de arbustos y ramas.
La búsqueda fue infructuosa; en su huida Guzmán Loera dejó en el camino a las tres mujeres y a la niña, así como tres gorras y una playera.

Dos lanzacohetes
Los elementos de la Armada de México pusieron a disposición de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, dependiente de la Procuraduría General de la República, dos lanzacohetes, armas de grueso calibre, así como a tres sicarios y tres mujeres que se presume eran sus cocineras.
De inmediato, los marinos establecieron un círculo de vigilancia de tres kilómetros a la redonda, el cual se amplió a 10 kilómetros los días 7 y 8; para el 9 de octubre los operativos de vigilancia y patrullaje se extendieron hasta el poblado de Cosalá.
El mando de la fuerza de tarea que tiene por objetivo recapturar a El Chapo Guzmán sigue tras su objetivo, pero de manera diferente; ahora la prioridad es el trabajo de inteligencia, seguir las pistas que dejó la persecución del capo desde que se fugó de la prisión del Altiplano y establecer puestos de control y vigilancia en puntos estratégicos. Los marinos afirman que la moral sigue alta y confían en que lo capturarán, como ya lo hicieron una vez.

El refugio duranguense
La Piedrosa es un conjunto de cinco cabañas hechas de piedra y techo de lámina y de madera, salvo la principal, en la que presuntamente se alojó Guzmán Loera, la cual fue construida el 21 de junio pasado (una inscripción a mano en el cemento así lo revela), que está edificada con tabique recubierto de cemento y techo de lámina.
Según inteligencia naval, el narcotraficante llegó a este lugar el 16 de septiembre pasado; a menos de un kilómetro se encuentra una de tantas pistas de aterrizaje ilegales que hay en la zona del llamado Triángulo Dorado (que es una de las zonas en que más se produce mariguana y amapola en el país), por la que se presume arribó.
La Piedrosa ocupa un espacio de unos 170 metros de largo y de ancho es casi la mitad; la propiedad prácticamente abarca una pequeña montaña y sus vecinos más cercanos están a varios kilómetros. Se puede llegar únicamente por vía aérea o en un vehículo todo terreno o camioneta 4×4.
Este inmueble tenía más comodidades que la cabaña de madera que al parecer utilizó por algunas semanas en Bastantitas, ya que aun cuando su baño y regadera estaban afuera de su recámara, la construcción y el equipamiento son mejores.
La ‘‘casucha’’, como la llaman los marinos, tiene tres recámaras, cada una con tres bases de cemento para camas matrimoniales. En la primera recámara, la que estaba al lado del baño con agua corriente y coladera, dormía El Chapo; en las otras se alojaban sus guardaespaldas de mayor confianza y en una más sus cocineras.
Un ancho corredor conduce hacia una amplia cocina donde hay dos grandes refrigeradores marca IMBA y un congelador, además de una bodega en la que había víveres suficientes para una larga temporada.
El lugar cuenta con energía eléctrica abastecida con luz solar y se presume que incluso tenía acceso a Internet.
La casa principal está en lo alto; las otras viviendas, hechas con materiales de menor calidad y cuya construcción fue anterior a la que ocupó El Chapo, están unos metros abajo; ahí vivían sus guardias de seguridad.
Aún quedan en el área unos cuatro cerdos, perros y hasta un burro, que vagan libremente; asimismo, están los restos de lo que alguna vez fue un plantío de maíz, terreno que actualmente ocupan los helicópteros de la Armada de México como sitio de aterrizaje.
El lugar en el que presuntamente se escondió El Chapo Guzmán desde el 16 de septiembre pasado, según inteligencia naval, le permitía vigilar la llegada de cualquier aeronave o vehículo, y finalmente eso le ayudó a escapar.
Hubo algunas versiones iniciales de que el operativo de la Marina se había realizado en un lugar llamado Los Limones, pero luego se confirmó que fue en La Piedrera.

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