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El INM seguirá con la ‘‘contención’’ de extranjeros indocumentados

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Fabiola Martínez

La política migratoria del gobierno mexicano se aplica con base en la ley en la materia, por lo que continuará la ‘‘contención’’ de extranjeros en situación administrativa irregular, como marca la norma y también por razones de seguridad pública y nacional, advirtió el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Ardelio Vargas Fosado.
Ante las denuncias acerca de prácticas ‘‘represivas’’ de las autoridades mexicanas en contra de migrantes, presuntamente por orden y pago del gobierno de Estados Unidos, el funcionario dijo que los alrededor de 80 millones de dólares fijados para la frontera sur como parte de la Iniciativa Mérida son apoyos en especie para diversas dependencias del área de seguridad, soportes de los cuales –dijo– el INM no recibe nada.
‘‘México es un país soberano; en todas las posiciones en las que he estado he procurado que las leyes mexicanas prevalezcan y se apliquen. No recibo presiones ni órdenes de nadie, salvo de mis superiores, del señor secretario, del señor subsecretario y del señor Presidente de la República’’, expresó.
‘‘México tiene que hacer su trabajo de acuerdo con la ley de migración; tenemos que hacer que la migración sea un fenómeno de movilidad social ordenado, seguro y humano (…) Nosotros hacemos un trabajo de contención migratoria regular al que nos obliga la ley’’, comentó a La Jornada.
No obstante, alertó acerca del ‘‘incremento preocupante’’ del flujo migratorio en México, mayoritariamente de personas procedentes de Centroamérica. Ante ello pidió ‘‘voltear a ver’’ lo que ocurre en los países de origen: violencia grave, inestabilidad política, problemas económicos y sequías, entre otros.
Subrayó que México es un país de tránsito. ‘‘Para nosotros el migrante no es un delincuente, sino una persona administrativamente en situación irregular en el país, y lo que se hace es ponerlo a disposición de una estación migratoria en tanto se resuelve su situación y se le retorna asistidamente a su país’’.
Sostuvo que en las estaciones migratorias se ofrece de manera verbal y por escrito a los extranjeros información acerca de la posibilidad de que soliciten refugio; algunos acuden a esto.
‘‘Aunque vemos que muchas de estas personas encuadran perfectamente en la figura de un refugiado, por la situación de la que vienen huyendo de su país, ellos no quieren el refugio. Muchos dicen: ‘¿eso me sirve para llegar a Estados Unidos?’ ‘No, m’ijo, es para que te quedes en México’. ‘Ah, entonces mejor me regreso a mi país y voy a intentar entrar’’’, refirió.
Según registros del INM, hay extranjeros que han intentado hasta ocho veces llegar a la frontera con Estados Unidos y la figura del refugio ‘‘es poco utilizada’’, afirmó el comisionado.

Flujo imparable
En 2013, 86 mil 298 extranjeros fueron presentados ante la autoridad migratoria; un año después la cifra se disparó a 127 mil 149, y en lo que va del año (al corte del 13 de octubre) el acumulado es de 152 mil 717 personas en esa condición. Ese nivel es el más alto en la década reciente:
En 2005 fueron llevados ante el INM 240 mil 269 personas; un año después, la cifra quedó en 179 mil 345. A partir de entonces la tendencia empezó a bajar, pero en 2014 se presentó un nuevo repunte, el cual en los meses recientes ha sido superado.
La mayoría de los extranjeros presentados ante la autoridad migratoria mexicana no consiguen ir más allá del centro del país; casi 80 por ciento fueron detenidos en algún punto de Chiapas, Tabasco, Veracruz, Oaxaca o Campeche.
En esta problemática destaca también un aumento de niñas, niños y adolescentes migrantes en esta condición. Por ejemplo, en 2009 fueron rescatados 5 mil 692, y para 2013 el nivel subió a 9 mil 630; autoridades de la región se alarmaron el año pasado cuando la cifra de menores llegó a 23 mil 78; sin embargo, en lo que va del presente año ya son 27 mil 362 menores de edad rescatados. Casi 40 por ciento son menores de 11 años y, del total de menores, igualmente la mitad viajaban sin la compañía de un familiar adulto.
El año pasado, por la grave situación de violencia en Honduras, prevalecieron los pequeños de esa nacionalidad. Hoy día, casi la mitad son de Guatemala y 28 por ciento de Honduras. En tercer sitio están los salvadoreños, con 20 por ciento. En adultos, el año pasado el nivel era prácticamente idéntico de extranjeros hondureños y guatemaltecos, pero este año se disparó el registro de casos de los ciudadanos del vecino país del sur.
El fin de semana pasado, en un artículo de The New York Times se denunció que, a petición expresa del gobierno estadunidense, México ha aplicado una ‘‘represión feroz’’ sobre los refugiados que huyen de la violencia en Centroamérica. En el texto se afirma que Estados Unidos ha entregado a México decenas de millones de dólares, en el año fiscal que concluyó el 30 de septiembre, para que nuestro país evite que los migrantes lleguen a Estados Unidos.
En el texto se indica también que a partir de julio de 2014 México elevó el número de agentes migratorios para los operativos de detección de migrantes, y que durante los primeros siete meses de 2015 se aprehendió a más centroamericanos que Estados Unidos.

Mismo presupuesto
Vargas Fosado señaló al respecto que desde enero de 2013, tanto el personal (5 mil 300 empleados) como el presupuesto del INM han permanecido en los mismos términos.
El funcionario mostró además números acerca de los presuntos delincuentes que el propio INM –aun cuando es sólo una corporación administrativa, desarmada– ha llevado ante la autoridad ministerial. De agosto de 2014 a octubre de 2015, ha puesto a disposición de la autoridad ministerial a 780 personas, 193 vehículos, 751 ‘‘intervenciones’’ al ferrocarril (utilizado por los migrantes para viajar hacia el norte) y mil 335 verificaciones en hoteles y giros negros.
Cuando se le plantea la apertura de la frontera mexicana, aplicar amnistías o alguna otra alternativa para hacer frente al amplio flujo migratorio, señala que ello implicaría generar una problemática social mayúscula para México –‘‘no vamos a traer ese flujo para crear ciudades perdidas’’–, insiste en que es necesario regular la migración y, pese a la dimensión del problema, opina: ‘‘No hay punto de comparación en el problema migratorio de lo que está ocurriendo en Europa y en América Latina’’.

JSL
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