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Forenses argentinos recomendaron a la PGR enviar restos calcinados a Austria

Blanche Petrich

El antropólogo Luis Fondebrider, presidente del EAAF. Imagen de su twitter

La intervención del Instituto de Investigación Genética de Inssbruck (Austria) para el análisis de los restos calcinados –recuperados del basurero de Cocula, Guerrero– fue decidida por la Procuraduría General de la República (PGR) por recomendación del Equipo Argentino de Antropólogos Forenses y de ninguna manera excluye al equipo interdisciplinario independiente de los peritajes en curso, confirmó el antropólogo Luis Fondebrider, presidente del EAAF, en entrevista telefónica desde Buenos Aires con La Jornada.

Esta ONG, fundada hace 30 años en Argentina, fue designada a principios de octubre como único factor de confianza y certeza jurídica por los 43 padres de familia de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, secuestrados por policías la noche del 26 de septiembre en Iguala. El grupo de especialistas forenses empezó su labor el 5 de octubre.

Fondebrider confirmó que el equipo todavía sigue en México y actualmente está en ‘‘la etapa de análisis’’ de los restos recuperados en tres sitios distintos –Cerro Viejo, Loma de Zapatero y el basurero de Cocula– y no tiene un plazo determinado para entregar resultados. ‘‘Estos procesos llevan tiempo’’, indicó el científico.

Protocolos de actuación

Por acatar los protocolos de trabajo del EAAF, Fondebrider aclaró que no  comentará ni emitirá opinión sobre las versiones oficiales o extraoficiales de la investigación en curso, ni sobre las circunstancias que se presentan en los lugares donde se han encontrado fosas o entierros clandestinos con restos humanos.

El pasado martes, la organización emitió el primer comunicado sobre ésta que es su cuarta misión en México. Anunció que como resultado de los primeros dictámenes de exclusión genética se descarta que alguno de los primeros 24 restos humanos encontrados en las fosas de Cerro Viejo y Loma de Zapatero, en las inmediaciones de Iguala, sean hijos de los 43 padres que esperan en Ayotzinapa conocer el paradero de los muchachos.

Hasta el pasado 11 de noviembre faltaba todavía que el laboratorio estadunidense Bode Technology Group  (en Virginia) enviara los resultados de seis muestras más. Entre sus intervenciones, ese centro trabajó en la identificación de las víctimas del 11-S, de las Torres Gemelas en Nueva York (2001), y el huracán Katrina (2005).

Fondebrider confirmó que, en el caso de la segunda etapa de la búsqueda de los jóvenes desaparecidos, que llevó a la Policía Federal al antiguo basurero municipal de Cocula (a unos 15 kilómetros de Iguala), los peritos del EAAF participaron en todo el proceso.

Interrogado sobre si se habían superado los obstáculos iniciales de su trabajo, cuando autoridades de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero les impidieron el acceso a todas las pruebas e interfirieron para la integración de los paquetes de muestras con plenas garantías de la cadena de custodia, el presidente del EAAF aseguró: ‘‘Estamos trabajando con total normalidad y pleno acceso a las pruebas’’.

Explicó que los peritos de su organización recomendaron acudir al Instituto de Investigaciones Genéticas de la Universidad de Medicina de Innsbruck, Austria, ‘‘porque ese centro tiene mucha experiencia en casos complejos, como es el poder extraer una identificación de ADN de fragmentos humanos muy pequeños o sometidos a un grave deterioro’’.

Añadió: ‘‘Generalmente enviamos las muestras de cuerpos desconocidos a un laboratorio estadunidense, Bode, pero en esta ocasión se optó por el centro académico austriaco. Para el caso de los restos que obtuvimos de Cocula, que están muy fragmentados o deteriorados, Innsbruck nos pareció mejor opción. Opinamos que era uno de los lugares que han tenido buenos resultados y vasta experiencia.   Nosotros no tomamos la decisión final, pero sí la recomendamos’’.

El centro en Innsbruck logró notoriedad en 2009, cuando determinó, basado en sus peritajes genéticos, que los restos de dos esqueletos encontrados en la región de los Urales, en Rusia, pertenecían a dos de los hijos del zar Nicolás Romanov, de Rusia, Alexei y Anastasia, fusilados con el resto de su familia en 1918. Los cuerpos habían sido quemados parcialmente y también sometidos a ácidos. A casi un siglo de distancia, se logró su identificación a través del ADN mitocondrial (transmitido por vía materna).

En declaraciones a la agencia Reuters, Walter Parson, biólogo molecular del Instituto de Inssbruck, explicó que en este centro han sido capaces de extraer el ADN de muestras tan pequeñas como apenas unas células de 66 picogramos, de alguna escama de caspa, la raíz de un cabello, un pequeño pedazo de diente o hueso, sin importar en qué condición biológica se encuentra’’. Un picogramo equivale a una billonésima parte de un gramo.

El equipo argentino, con 30 años de experiencia en 50 países, se ha involucrado en los casos más emblemáticos de desaparición forzada de América Latina, empezando por su propio país. Esta es su cuarta misión en México. En 2001 y hasta 2007 contribuyeron a la identificación de decenas de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez y Chihuahua.

En 2012 colaboraron en los peritajes de 73 cadáveres, presumiblemente de migrantes, encontrados en fosas de Tapachula, Chiapas. En 2013 se firmó un convenio con la PGR y la Fundación para la Justicia y el Estado de Derecho para la búsqueda de migrantes centroamericanos.  En esta misión en Guerrero, el EAAF colabora con los padres de familia para buscar a los 45 estudiantes de Ayotzinapa.