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Gómez Urrutia: no se entregará el sindicato minero

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Los industriales tienen infiltrados en las filas gubernamentales, expresa Napoleón Gómez Urrutia durante la charla. Foto Fabiola Martínez

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Los industriales tienen infiltrados en las filas gubernamentales, expresa Napoleón Gómez Urrutia durante la charla. Foto Fabiola Martínez

Por Fabiola Martínez, enviada

Vancouver, Canadá.

Desde el 28 de agosto del año pasado, Napoleón Gómez Urrutia, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana, tiene las condiciones legales para volver a México, luego de casi 10 años exiliado en Canadá. Hace 14 meses los magistrados de un tribunal colegiado lo exoneraron, por unanimidad, de la responsabilidad de desvío de recursos del fideicomiso de esa organización gremial.

Sin embargo, aquí, donde vive desde marzo de 2006, pide al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto firmar un acuerdo formal de colaboración y garantías para continuar en México con la representación de cerca de 200 mil trabajadores de dicha industria, la tercera generadora de divisas en el país.

Desde 2001, tras la muerte de su padre, Gómez Urrutia tomó las riendas del gremio y enseguida se vio involucrado en una pugna con tres de los principales concesionarios de la minería en el país: los grupos México, Peñoles y Acerero del Norte.

El choque de trenes derivó en el exilio, luego de que el dirigente acusó directamente a Grupo México, de Germán Larrea, de homicidio industrial por la explosión en el socavón de Pasta de Conchos, ocurrida en febrero de 2006, que dejó saldo de 65 mineros muertos.

En su opinión, tres empresarios han querido desde entonces dividir y aniquilar el sindicato minero. No se lo vamos a entregar a ningún hijo de la chingada, advierte.

Gómez Urrutia se reúne esta semana con integrantes de su primer círculo en la dirigencia del sindicato. Alistan una estrategia para las semanas siguientes.

En tanto, conmina al presidente Enrique Peña Nieto a terminar con la persecución y pasar a una nueva etapa en la relación política con el sindicato.

Propone incluso la realización de un gran evento sindical en México, con la presencia del mandatario y algunos de los principales líderes gremiales del mundo. Uno de ellos es el del metal, con más de 800 mil afiliados en Estados Unidos y Canadá. Los Steel Workers llaman héroe a Gómez Urrutia. Ellos fueron, encabezados por Leo Gerard, fundamentales para facilitar los contactos con el sector laboral y político de este país.

Gómez Urrutia, desde junio pasado, es ciudadano canadiense, por lo que tiene a salvo sus derechos políticos en México y, por supuesto, en este país.

La entrevista con el dirigente mexicano se realiza durante la pausa de una reunión nacional de mujeres del metal, líderes de los Steeel Workers.

La charla se ve interrumpida porque algunas mujeres se acercan a saludar y abrazar al dirigente. Es un hecho que a casi una década de vivir aquí, el neolonés es muy apreciado por los integrantes de los Steel Workers.

Desde una oficina que le asignó esa organización, Gómez Urrutia sigue dirigiendo al sindicato minero mexicano. Es un caso atípico, posiblemente único en el mundo, que un líder que vive en un país distinto esté al tanto de las revisiones salariales y contractuales de su nación. El año pasado fue relecto nuevamente, esta vez para el periodo 2014-2020.

Es larga la lista de nombres, enfrentamientos y episodios que ha vivido desde 2005, con los principales funcionarios de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes, afirma, estuvieron absolutamente sometidos a presiones de los tres grupos mineros y acereros mencionados. Permitieron impunidad no sólo en homicidios industriales, como el de Pasta de Conchos, sino también en la muerte, por ejemplo, de Juventino Flores Salas, asesinado a golpes por grupos de choque de las empresas de Alberto Bailleres. Al igual que Larrea y otros, han alentado la oposición y división en el sindicato minero. Impunidad total, subraya.

Desde el comienzo de su gestión, se enfocó a Gómez Urrutia de manera negativa en el sector obrero. Se dijo que era junior, heredero. No pasaban por alto que era economista trilingüe, con estudios de posgrado en Oxford.

Relata que en el gremio era bienvenido por la mayoría, porque la otra alternativa era esperar la disputa del poder de dos traidores: El Sope Morales y Raúl Hernández, apoyados por los grupos Acerero del Norte y México, así como por Peñoles.

Alonso Ancira Elizondo, presidente del Grupo Acerero del Norte, lo visitó varias veces en Vancouver. Una vez, narra Gómez Urrutia, “le pregunté cuál era el problema contra mí, y me respondió: ‘Llegaste al poder 25 años antes. México no está preparado para un líder como tú’. ¿México o empresarios ignorantes e insensibles?, le respondí. Los únicos que deciden el futuro del sindicato son los trabajadores, no ustedes.

He tenido que arrastrar esa persecución política desde entonces. Más de nueve años defendiéndome, contratacando con argumentos jurídicos y políticos no sólo de empresarios, sino de funcionarios que han inventado, como ocurrió horas después del derrame de Sonora, por responsabilidad del Grupo México, que había una orden de extradición en mi contra. Quisieron desviar la atención de otro homicidio industrial de ese grupo.

–¿Se pretendía que usted fuera el quinazo de Fox o de Calderón?

–Sí, quisieron hacerlo, pero conmigo se chingaron esos presidentes, los más corruptos y mediocres que ha tenido México.

–Ahora ya tiene las condiciones legales para volver a México…

–Podría haber regresado a México al día siguiente de la resolución del tribunal colegiado. Mis compañeros me han recomendado que busquemos una negociación con el gobierno (actual), en la que haya las suficientes garantías para regresar sin ningún riesgo para mi integridad y seguridad personal.

“No es un asunto de palabra, necesitamos algo más formal. Hemos propuesto reuniones internacionales. Todos los líderes mundiales han declarado que quieren ir conmigo cuando vaya la primera vez, si no es que hasta la segunda y tercera, porque no tienen confianza en el gobierno y en el sistema de justicia de México.

Sabemos que son capaces de cualquier cosa: sembrar armas, dinero, drogas. Lo que sea. Entonces, lo que hemos buscado es que haya un compromiso real, una reunión con el Presidente de la República, en la cual se haga público que yo tengo mis derechos vigentes, válidos, y que entiendan los enemigos que el gobierno está permitiendo mi regreso porque es un acto de justicia.

Aunque ha habido contactos con el gobierno actual, en especial con el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, y con el subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, Luis Enrique Miranda, el dirigente asegura que cuando las empresas se enteran de ello, cínicamente expresan: Tanto trabajo que nos costó sacarlo del país, para que ahora tú lo quieras regresar.

Afirma que los empresarios siguen teniendo infiltrados en las filas gubernamentales.

“Les hemos dicho: el sindicato minero no es el que los empresarios se empeñan en difundir. Hemos actuado con madurez y podemos ser buenos aliados en proyectos que beneficien la productividad y el empleo.

“Al contrario, el gobierno se vería con una imagen más democrática y transparente. Pero parece que no le han transmitido bien el mensaje o la magnitud de otros problemas no lo han dejado ver de esa manera.

Por ahora no están dadas todas las condiciones para que yo regrese, pero estoy convencido y tengo toda mi voluntad de regresar a México pronto y lo voy a hacer. Nadie me puede quitar mis derechos, mi nacionalidad, mi país.