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Habitantes de Coyuca, exiliados y a merced del crimen organizado

Sergio Santana añora regresar a su pueblo en el municipio de Coyuca de Catalán, Guerrero, para recuperar la vida que dejó al huir con el resto de su familia por amenazas de criminales. Foto: Sergio Ocampo

Sergio Ocampo Arista

Ayutla de los Libres, Gro.- “Quisiéramos regresar, pero no se puede, porque muchas casas ya las quemaron y tumbaron, o viven en ellas (los delincuentes)”, dice Sergio Santana, cuya familia, junto con otras 60, se vio obligada a salir de varias comunidades del municipio de Coyuca de Catalán, en la región de la Tierra Caliente de Guerrero.

Desplazadas por la violencia desde 2013, las familias, defensoras de bosques, se refugiaron en el poblado de Tepango, municipio de Ayutla de los Libres, y aún son amenazadas por talamontes y otros grupos criminales que han asesinado a varios de sus parientes.

“Aquí vivimos desde hace cuatro años, pero extrañamos nuestra tierra”, comenta Sergio, quien no quiere hablar de sus hijos asesinados y le pide a su esposa, Juana Alonso, que cuente lo que han vivido en estos años.

Apenas el pasado 4 de junio, en la comunidad Hacienda de Dolores, municipio de Coyuca de Catalán, un comando asesinó al esposo de su hija, quien junto con sus cuatro hijos, de entre tres y nueve años, huyó junto con sus suegros a un municipio de la zona norte del estado.

La viuda narró lo que sucedió ese día: “Mi esposo fue a darle de comer al ganado, y ahí lo estaban esperando varias personas armadas, que lo ejecutaron.

“Luego fueron a la casa a decirnos que nos fuéramos y no nos dieron tiempo de llevarnos nada. Hasta mis suegros tuvieron que salir huyendo. Apenas pude sacar a mis cuatro hijos”.

La mujer pertenece a la familia Santana Alonso, que en 2013, junto con otras 60, salió de las comunidades Los Ciruelos, Hacienda de Dolores y La Laguna, municipio de Coyuca de Catalán, por el acoso de criminales.

Defensores de bosques, en la mira

Sergio se anima a hablar: “No quiero que se vaya, pero tiene que ir a ver a sus otros dos guaches (hijos). Estas dos niñas son sus hijas también. Ahora tiene que andar huyendo, se va lejos de aquí”.

Juana Alonso interviene: “Mataron a mis hijos Rubén (Santana Alonso, defensor de los bosques y dirigente de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán) y Sergio.

“También asesinaron a Joel y a Reynaldo, hijos de mi hijo Rubén; a mi compadre Enrique, sobrino de mi esposo; a mi compadre Damián, y a Juventina Villa, esposa de mi hijo Rubén, entre otros. Pura familia”.

Sergio Santana reprocha la falta de ayuda del gobierno a los desplazados. “Con las lluvias nos fue muy mal, y con los temblores. Se dañaron mi casa y dos más. A otra se le cayó la cocina.

Recuerda que las autoridades le prometieron que comprarían tierras para que ellos las trabajaran. “Tenemos que pagar 5 mil pesos de renta cada año. Ahí sembramos, pero se echó a perder con la lluvia; nada se salvó. Nos abandonaron”.

En el pueblo La Libertad de la Unión vive otro grupo de desplazados. Catalina Pérez Duque habló de la persecución que han padecido. “Sólo enviaron a dos policías. Si vienen a matarnos lo van a hacer. Los pistoleros nos siguen amenazando.

“Apenas llegaron los suegros de uno de mis hijos. Huyeron de Los Ciruelos. El 18 de diciembre pasado mi hijo Constantino Díaz Pérez, de 33 años, salió de su casa rumbo a Ayutla de los Libres y allá lo mataron. Pensamos que fue gente de esa región (Coyuca de Catalán)”.

Constantino reparaba motores, bombas de agua, molinos de nixtamal y motosierras. “Dos días antes (de que lo asesinaran) le llevaron motosierras, y como no tenía las piezas fue a comprarlas a Ayutla. Al llegar a la ferretería lo mataron varias personas, pero no las pudimos identificar”.

JSL
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