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Ingeniero desempleado documenta su experiencia en rescate de personas

En los primeros días de rescate en el edificio colapsado en Álvaro Obregón 286 prevaleció la falta de organización y la improvisación, pero se ha logrado un trabajo que difícilmente se ha visto internacionalmente para liberar a quienes quedaron atrapados. Foto Yazmín Ortega Cortés

Rocío González Alvarado

En los primeros días de rescate en el edificio colapsado en Álvaro Obregón 286 prevaleció la falta de organización y la improvisación, pero se ha logrado un trabajo que difícilmente se ha visto internacionalmente para liberar a quienes quedaron atrapados entre los escombros, tras el sismo del 19 de septiembre.

En entrevista con La Jornada, el ingeniero Jesús Valdez narró su experiencia a partir de que tomó el control para garantizar la seguridad estructural en un inmueble derrumbado y los obstáculos que enfrentó, para lograr que rescatistas y brigadistas hicieran su labor de manera rápida y segura.

Sin empleo, decidió sumarse a la convocatoria de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) para que expertos apoyaran a la revisión estructural de los edificios dañados, tarea que desempeñó hasta el jueves 21 de septiembre, cuando fue llamado para encabezar los trabajos en Álvaro Obregón 286.

“Nunca había trabajado en rescate o edificios colapsados, pero dije: ‘si puedo aportar mi conocimiento, lo haré y si no pediré apoyo’”. Desde entonces –contó–, todo ha sido un proceso de aprendizaje.

El primer objetivo fue estabilizar la estructura y empecé a armar los equipos, pero un gran problema fue cómo hacerme de materiales cuando estaban tomados los accesos por brigadistas, voluntarios y el Ejército. Cuándo pregunté a quien acudir no sabían. Me daban ganas de gritar a los cuatro vientos: necesito puntales, madera, herramienta, carpinteros y gente que sepa cortar metal.

Protocolo de acceso

Por conducto de conocidos, se logró armar una especie de red con las empresas para establecer una línea de suministro de materiales, pero después se necesitaba monitorear la estructura y tampoco había topógrafos.

“Alguien cachó un tuit que envié y llegaron muchísimos con su equipo, pero una mujer que tomó el control del ingreso no los dejaba pasar. ‘Si quieres entrar fórmate con los demás’, les decía, hasta que se estableció un protocolo de acceso”, relató.

También llegaron ingenieros, que sin experiencia infundían temor. Esa estructura va a colapsar, van morir los rescatistas internacionales y se va hacer un escándalo y se detuvieron en dos ocasiones los trabajos, por seguridad, refirió, al señalar que a pesar de estos escollos se ha hecho lo humanamente posible para rescatar los cuerpos.

La forma en que colapsó el edificio y el tipo de estructura que tenía ha dificultado los trabajos. Cayó en el centro y generó huecos en los costados. La gente que logró salir en el primer momento es porque estaba en los laterales y la parte de atrás en el primer piso, anotó.

Consideró que se debe aprender de este episodio y redefinir los criterios sísmicos en las construcciones y contar –como ya existen en otros países– con células de ingenieros estructuralistas que tengan un protocolo de auxilio y actuación para este tipo de desastres.

Después de esto, antes de que la memoria se me vaya, voy a documentar toda esta experiencia y cómo integrar un equipo de trabajo y una red que esté dispuesta a ayudar en este tipo de desastres. Pensaba regresar a lo mío, pero creo que ya no, la vida me puso aquí por algo, finalizó.