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Inicia encuentro multicultural organizado por mujeres del EZLN

El evento durará tres días y al que asiste la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), María de Jesús Patricio Martínez, 'Marichuy'. Foto tomada de la cuenta de Twitter @CNI_Mexico

Elio Henríquez, corresponsal 

San Cristóbal de Las Casas, Chis. Miles de mujeres de 40 países de América, Europa y África y de 27 estados de México, iniciaron este jueves en el ejido Morelia, municipio de Altamirano, el Primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan, convocado por mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

La capitana insurgenta de infantería, Erika, quien creció en la resistencia y vio cómo sus compañeras “levantaron escuelas, clínicas, trabajos colectivos y gobiernos autónomos”, afirmó que decidieron realizar la reunión porque “vemos que nos están matando y que nos matan porque somos mujeres”; como si fuera un delito “nos ponen la sentencia de muerte”

Al hablar a nombre de las mujeres zapatistas al inicio del encuentro que durará tres días y al que asiste la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, pidió a las asistentes que “sigan luchando, no se rindan, no se vendan, no renuncien a ser mujeres que luchan”.

Agregó que la reunión “es por la vida, y nadie nos va a regalar eso, hermanas y compañeras, ni el Dios, ni el hombre, ni el partido político, ni un salvador, ni un líder, ni una líder, ni una jefa”, sino que “tenemos que luchar por la vida. Ni modos, así nos tocó a nosotras y a ustedes hermanas y compañeras, y a todas las mujeres que luchan”.

La reunión se lleva a cabo en el caracol Torbellino de nuestras palabras, ubicado en Morelia (cabecera del municipio autónoma zapatista 17 de Noviembre), al que no se permitió el ingreso de los varones, a quienes les tocó cocinar para que sus esposas, madres, hermanas e hijas pudieran participar en el encuentro que concentra a más de cinco mil mujeres.

En su exposición, Erika manifestó que a las mujeres “también nos hacen iguales la violencia y la muerte que nos hacen” porque así es de moderno “este pinche sistema capitalista.

Dijo a las participantes, entre ellas comandantas zapatistas, que “podemos elegir qué vamos a hacer en este encuentro: Podemos escoger competir a ver quién es más chingona, quién tiene la mejor palabra, quién es más revolucionaria, quién es más pensadora, quién es más radical, quién es más bien portada, quién es más liberada, quién es más bonita, quién está más buena, quién baila más mejor, quién pinta más bonito, quién canta bien, quién es más mujer, quien gana el deporte, quién lucha más”.

Pero también, abundó, “podemos escuchar y hablar con respeto como mujeres de lucha que somos; podemos regalarnos baile, música, cine, video, pintura, poesía, teatro, escultura, diversión, conocimiento y así alimentar nuestras luchas que cada quien tenemos donde estamos. Entonces podemos escoger, hermanas y compañeras, o competimos entre nosotras y al final del encuentro, cuando volvamos a nuestros mundos, vamos a darnos cuenta de que nadie ganó, o acordamos luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando”.

La capitana contó que trabajó “de sirvienta en una casa de la ciudad, antes del alzamiento, pero crecí en la resistencia y rebeldía zapatistas de nuestras abuelas, mamás y hermanas mayores. Lo mismo miré cómo está la situación en nuestros pueblos desde antes de la lucha, una situación muy difícil de explicar con palabras y más difícil de vivir, viendo cómo morían de enfermedades curables niños y niñas, jóvenes, adultos, ancianos y ancianas, por falta de atención médica, de buena alimentación, de educación, pero también moríamos por ser mujeres y moríamos más”.

Insistió en que creció en la resistencia y vio cómo sus compañeras “levantaron escuelas, clínicas, trabajos colectivos y gobiernos autónomos. Y vi fiestas públicas, donde todas sabíamos que éramos zapatistas y sabíamos que estábamos juntas, y que la rebeldía, la resistencia, la lucha, es también una fiesta, aunque a veces no hay música ni baile sino sólo la chinga de los trabajos, de la preparación, de la resistencia”.

Agregó: “Y miré que donde antes sólo podía morir por ser indígena, por ser pobre, por ser mujer, construíamos en colectivo otro camino de vida: La libertad, nuestra libertad. Y miré que donde antes sólo teníamos la casa y el campo, ahora tenemos escuelas, clínicas, trabajos colectivos donde como mujeres manejamos aparatos y dirigimos la lucha, aunque con errores pero ahí vamos avanzando, sin que nadie nos diga cómo debemos hacer sino nosotras mismas”.

Afirmó que las mujeres zapatistas han “avanzado, aunque sea un poco pero siempre sí algo. Y no crean que fue fácil, costó mucho y sigue costando mucho y no sólo por el pinche sistema capitalista que nos quiere destruir, también porque tenemos que luchar contra el sistema que les hace creer y pensar a los hombres que las mujeres somos menos y no servimos”.

Comentó que “no sólo los hombres, también hay mujeres de las ciudades que nos desprecian que porque no sabemos de la lucha de mujeres, porque no hemos leído libros donde las feministas explican cómo debe ser y tantas cosas que dicen y critican sin saber cómo es nuestra lucha. Porque una cosa es ser mujer, otra es ser pobre y una muy otra es ser indígena, y las mujeres indígenas que me escuchan lo saben bien, y otro cosa muy otra y más difícil es ser mujer indígena zapatista”.

JSL
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