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Insta la UNAM a ‘monitorear’ el subsuelo en cada delegación

René Chávez Segura, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, explicó que las grietas que aparecieron en la colonia La Concordia, antes del temblor del 19 de septiembre, no se deben a fallas geológicas –que son regionales y pueden tener kilómetros–, sino al continuo hundimiento al que está sometida gran parte de la cuenca. Foto Víctor Camacho

Rocío González Alvarado

No es necesario un sismo para tener un desastre, afirmó el doctor René Chávez Segura, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien explicó que el tipo de suelo en la Ciudad de México y la zona metropolitana es susceptible de hundimientos diferenciales que provocan grietas que dañan lo que haya en la superficie.

En entrevista, indicó que las autoridades deben tomar en cuenta la experiencia del terremoto pasado para que incluyan en las normas de construcción la realización de estudios geofísicos enfocados a la caracterización del subsuelo como prevención, no cuando ya tenemos el problema.

Desde 2006, un grupo de investigadores del Instituto de Geofísica comenzó a indagar cuál era el motivo de los agrietamientos y la separación de muros en las casas, lo que llevó a concluir que son provocados por los hundimientos generados por la extracción de agua o las filtraciones de la red hidráulica, al estar asentadas en un suelo arcilloso.

Las arcillas –añadió– se dilatan o se contraen de acuerdo con el contenido de agua. Es como una esponja. Si le pones dos pesas y de un lado le sacas agua, una parte se va a hundir más rápido que la otra y es lo que llamamos subsidencia o hundimientos diferenciales. Esta situación se agrava con las filtraciones por fugas de la red hidráulica, apuntó.

Junto con un grupo de geofísicos, que realizan estudios debajo de los edificios para conocer su comportamiento, refirió que en 2011 analizaron el caso de la unidad La Concordia, en la delegación Iztacalco, cuyos inmuebles presentaban agrietamientos y el motivo son las fracturas que había en el subsuelo.

“Con el sismo (del pasado 19 de septiembre) estas fracturas incrementaron su tamaño y los efectos sobre los edificios son mucho más graves. No son fallas geológicas –que son regionales y pueden tener kilómetros–, sino el continuo hundimiento al que está sometida gran parte de la cuenca”.

Consideró que es necesario o importante que existan centros de monitoreo en cada delegación integrados por geólogo, geofísico, ingeniero civil y arquitecto con equipo para hacer un relevamiento y mapas de fracturas y verificar edificios, que no tienen que estar a punto de caer para revisarlos.

Con ello, apuntó se podría tener un mapa de riesgos, “que señalara donde usted vive tiene tal riesgo, y puede hacer esto, aquello o irse, y que en el futuro las compañías constructoras estén obligadas a edificar según lo requiera la zona.