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La crisis actual puede agudizarse porque hay una debilidad estructural del Estado

Alonso Urrutia

El doctor César Astudillo Reyes, entrevistado en días recientes en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM ■ Foto Luis Humberto González

Coordinador del área de derecho electoral en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hasta hace unos días y ayer designado abogado general de la casa de estudios, César Astudillo sostiene: “Claramente estamos frente a una crisis que puede agudizarse porque hay una debilidad estructural del Estado; una debilidad de los partidos, de los valores y principios de la sociedad”, que se ha reflejado en las movilizaciones sociales. Sin embargo, lo fundamental es trasladar esa agenda expresada en las calles y conformar una agenda pública para enfrentar la coyuntura en el país.
Entrevistado por La Jornada en días pasados –antes de su designación en su nuevo encargo–, Astudillo señala que “las marchas que se han visto expresan una gran fuerza social que está saliendo a las calles, pero esa fuerza debe canalizarse y no quedarse solamente en la exigencia de encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos, porque se puede diluir. Se requiere también una agenda pública de cambios que centre las demandas sociales a partir de personajes de la sociedad civil que busquen puntos en común de un catálogo de exigencias sociales a discutir”.
Astudillo reconoce que 2015 será muy complejo para realizar comicios, “pero no se puede pensar en no ir a elecciones. Mal haríamos si en un momento de debilidad institucional se hace un llamado a no votar. Eso sería dramático, porque no ayudaríamos a la reconstrucción de las institiciones que están débiles, sino contribuiríamos a que se caigan.
“Es muy atractivo ese discurso de volver a hacer todo desde el principio, pero es riesgoso con gran cirspación social y política”. Hay la otra vía de quienes ven en este momento como el propicio para meter una fuerte dosis de inestabilidad y mandar un mensaje para otras vías. De ahí la importancia de pensar en una agenda pública ciudadana.
–En las movilizaciones hay una consigna de que “fue el Estado” el responsable de los hechos de Ayotzinapa que han precipitado esta coyuntura.
–Hay un contexto desde hace tiempo, más allá de estos lamentables acontecimientos. La clase política está desacreditada en el país; el sistema de partidos es muy cerrado; la formación de fuerzas políticas debe pasar por nuevas reglas; la ley electoral está hecha para mantener un coto vedado a estas fuerzas. Eso y los malos resultados que han dado los partidos en sus gestiones llevan a que la política y los partidos estén muy desacreditados. Todo lo que huele a político tiene un alto descrédito, porque la sociedad siente que la clase política no le ha dado resultados.
“Nada más hay que mirar el Latinobarómetro donde los políticos están al lado de los policías en el nivel de confianza. Si a ese contexto se añade lo que pasó, donde claramente hubo un contubernio entre instituciones del Estado y el crimen organizado, pues la sociedad lo que hace es reaccionar”. Pero no solamente debería hacerlo con los políticos, sino también con las mafias, advierte el especialista en materia electoral.
“Las movilizaciones nos dan muestra de sensibilidad social. Ese rencor, esa no conformidad, esas ganas de generar una fuerza social para transformar las cosas hace necesario no minimizar las cosas. No es sólo Iguala, es Michoacán, es Tamaulipas. Varios estados con ese sentimiento de crispación, de rechazo, están presentes. Realmente, si no hay cambios de fondo, no vamos a lograr contener ese descontento y pronto vamos a estar en una crisis mayor.
“Aquí cualquier postergación tiene resultados negativos. Deberíamos darnos cuenta de quiénes son las omisiones. Este es un país donde no hay responsabilidades, donde no hay memoria histórica, por eso es que tenemos tal nivel de impunidad. Nadie se acuerda, todo se queda en el olvido. Nadie exige responsabilidades y nadie se responsabiliza.”

Lejos de los partidos
–En esta coyuntura se ha cuestionado mucho los niveles de corrupción involucrados.
–El gran cáncer de nuestra sociedad e instituciones es la corrupción y consecuentemente la impunidad. Es una muestra más de la debilidad del Estado, es decir, aquí no hay responsabilidad para nadie. Es algo triste ver que otros países sí tienen esa institucionalidad. Caen los que están en tercero o cuarto nivel, pero no hemos llegado a tener un sistema fuerte que exija responsabilidades a todos por igual, desde el Presidente hasta los alcaldes. Esa es la fortaleza de un sistema donde todos los poderes públicos están sometidos a la responsabilidad pública y no hay privilegios.
“Los expertos en la materia han avanzado en definir que en México hay un gran pacto de impunidad que cada vez se ve más nítido, donde a un funcionario lo cobija su partido y se lanza contra funcionarios de otro partidos para tener espacios de negociación y dejarlo todo como estaba. Eso no puede seguir pasando.”
–Ahora se piensa en relanzar el Sistema Nacional Anticorrupción.
–El sistema debe estar encabezado por personas que realmente estén bastante alejadas de los partidos, para que no tengan ninguna influencia indebida de la política, pero también se le deben conferir las mayores garantías para su desempeño, pues tiene un trabajo complicado: perseguir a los políticos en un país donde parece que es imposible hacerlo. Para que funcione, debemos tener un buen perfil y que la institución sea una de las más blindadas para que pueda hacer su trabajo.
–¿El país está en crisis?
–Sí, creo que estamos en una crisis que puede agudizarse porque esto no es algo fijo, hay crisis más agudas. Tenemos debilidades en muchas partes, pero es una crisis que todavía no es tan profunda.
–Hay también una debilidad presidencial muy temprana.
–Pues sí. Lo que sucede es que el gobierno no tenía en el radar esto y también creo que se minimizó el estado real del país.
Sin embargo, pondera la oferta presidencial en su decálogo: “Esta muy bien el mensaje del cambio que se quiere dar. El país no se va a componer en cuatro años, pero sí podemos dejar estructuras más sólidas para tejer esa fortaleza de las instituciones y reconstituir el tejido social que está muy lastimado, pero es un momento en que la sociedad no puede estar desarticulada”, concluye.

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