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Melaque, Chamela y Vallarta se levantan tras el paso de ‘Patricia’

vallarta

Aspecto del poblado Barra de Navidad en Jalisco, después del paso del huracán Patricia. En la imagen, recorrido por la carretera que conecta Melaque, Barra de Navidad y Cihuatlán. Foto Arturo Campos Cedillo

Por Xinhua y Afp

Melaque. Tras el paso del huracán Patricia, el pasado viernes por Jalisco, los más de 4 mil habitantes de la comunidad costera de Melaque recuperan poco a poco su vida y, pese a la basura, troncos tirados a mitad de las calles, palapas destruidas, negocios dañados y arena por todos lados, se levantan para esperar la llegada de los turistas nacionales y extranjeros en noviembre próximo.

El pequeño pueblo de Melaque, perteneciente a Barra de Navidad, ha sido un lugar tradicionalmente turístico, y fue el lugar justo donde entró el viernes pasado Patricia de categoría 5 y a una velocidad de 340 kilómetros por hora cerca de las 18:00 hora local .

“Si no nos tumbó este huracán, no nos tirará otro”, dijo una de las habitantes del lugar.

Verónica Arana es otra habitante y dueña de un restaurante ubicado a unos escasos metros de la orilla del mar.
Los fuertes vientos y el alto oleaje destruyeron toda el área de comensales.

Sillas y mesas volaron y, al regresar de un refugio donde se resguardó con su familia, instalado por el gobierno de Jalisco, encontró destrucción, un alud de arena que invadió todo el lugar y hasta una lancha pesquera.
“Gracias a Dios todos estamos bien, mi familia y mis vecinos, pero lamentablemente hemos perdido parte del patrimonio. Son bienes materiales pero nos afecta económicamente”, aseveró.

No obstante, con la misma preocupación y angustia que refleja su rostro, también demuestra con una pala y escobas sus ganas de salir adelante y recuperar su vida normal.

Adentrándose a las calles de este lugar, se escucha el ruido de palas que de igual manera levantan la arena que no deja ver el camino de adoquín o el empedrado al vacío.

En tanto, un ejército de camiones de la Compañía Luz y Fuerza (CFF) levantan a sus trabajadores con el brazo de su grúa para reparar los cables de electricidad dentro del poblado y sobre la carretera.

“Creo que nos afectó mucho el huracán, pero no cómo lo esperábamos, así que a recuperar nuestro pueblo, nuestra vida y en espera de que llegue nuestro turismo”, de acuerdo con declaraciones a esta agencia informativa de Joaquin Chaires, otro habitante del lugar.

La autopista Guadalajara-Colima-Manzanillo ha recuperado su operatividad luego de ser cerrada hace dos días para evitar posibles accidentes.
Sin embargo, sobre sus costados se ven los estragos del paso del huracán.

Palmeras acostadas, árboles, anuncios espectaculares y algunas señales de tránsito caídas sobre el piso.
“Que vengan y no nos olviden, maje nos ayuden”, pidió Pablo Baltazar, habitante del poblado de Chamela, donde su casa de madera y láminas quedó en la nada junto con la de otra treintena de familias de ese lugar.

Chamela, viviendas destruidas

En el pequeño poblado de Chamela, a 20 kilómetros al norte de donde Patricia tocó tierra, decenas de viviendas humildes quedaron reducidas a escombros, aunque sin dejar pérdidas humanas ya que los habitantes fueron desalojados preventivamente.

Las más de quince viviendas del poblado, perteneciente al municipio de la Huerta Jalisco, incluyendo su templo -la mayoría construidas de madera, láminas o cartón- terminaron en escombros.

“¡No tenemos nada! Mi patrimonio se acabó”, decía desesperada Griselda Hernández mientras barría el suelo de su casa sin techos ni paredes y cerca sus hijos pequeños jalaban su pequeña colchoneta entre los escombros.

Pablo Baltazar Suárez fue el único habitante de Chamela que se negó a ir a un albergue y abandonar su hogar.
El campesino logró sacar en una mochila sus tres únicas camisas y las servilletas de tela de cocina para sus tortillas de maíz. Sus colchones, sillas y una mesa de madera fueron arrastrados por el viento.

“Mi mujer y mi hijo salieron con los vecinos del lugar y se refugiaron en el rancho El Tigre. Gracias a Dios, no nos pasó nada pero perdí todo mi patrimonio”, aseguró mientras trataba de buscar inútilmente entre escombros sus otras pertenencias.

Baltazar Suárez, quien además fábrica ladrillos de adobe, fue el único testigo de cómo se fue desmoronando su poblado.

“Apenas logré llegar en camión y luego de aventón casi al caer la noche. De repente, se vino un fuerte viento y cargué mi mochila y me resguardé bajo el puente de concreto. Fue lo que me salvó pero pude ver cómo un remolino se llevó todo, árboles y todo”, contó en testimonio.

Para el damnificado, quien con lágrimas en ojos ve difícil volver a levantar su casa de madera, asegura que hasta el momento no ha llegado ninguna autoridad que les de consuelo y menos apoyo.

“No ha llegado ayuda ni una despensa ni nada”, dijo el hombre visiblemente agotado.
Las intensas lluvias que genera Patricia han provocado deslaves en la zona aledaña al volcán de Colima, uno de los más activos del país.

Asimismo, en la carretera federal de Puerto Vallarta-Brarra de Navidad opera con un solo carril debido a los escombros de ramas y troncos que dejó los fuertes vientos provocados por el fenómeno meteorológico natural.
En algunos municipios de Jalisco se quedaron sin luz, pero desde muy temprana hora un ejército de camiones de la compañía Luz y Fuerza trabaja a lo largo y ancho para tratar de restablecer el servicio en la zona.

Vallarta vuelve a la vida

En Puerto Vallarta, donde el viernes unos 21 mil turistas nacionales y 7 mil extranjeros salieron de la ciudad, la vida comenzó a regresar a la normalidad el sábado con negocios, hoteles, playas y viviendas prácticamente intactos.

En una banca del Malecón, que desde temprano era recorrido por vehículos, Javier Quintero respiraba ya tranquilo luego de una noche de angustia, mientras enviaba por teléfono fotos a sus amigos para mostrarles que el puerto no sufrió mayores daños.

“Ya pasó lo peor, ahorita nada más se sienten los remanentes del huracán; el mar está un poco agitado”, dijo Quintero, un comerciante de unos 60 años que envió a su familia donde su hermana, en una zona elevada de Vallarta, mientras él se quedó para resguardar su casa por miedo a posibles robos.

Las calles lucían con algunos charcos pero libres de obstáculos para el transporte público, que reanudó su servicio a medida que el puerto dejaba atrás su semblante casi desierto del viernes.