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Nadie escuchó romperse el piso de la celda de Guzmán Loera

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Gustavo Castillo García

Almoloya de Juárez, Méx.
Supuestamente nadie escuchó el ruido de al menos una barreta metálica con la que se habría quebrado el concreto del piso de la celda que ocupó hasta el sábado anterior Joaquín El Chapo Guzmán Loera.
Sin embargo, el silbido de uno de los internos del área de Tratamientos Especiales se puede escuchar con claridad por las galerías cercanas a la estancia número 20 –donde estuvo el capo sinaloense–, aunque el preso no lo haga muy fuerte.
Ayer, decenas de medios de comunicación recorrieron la entrada del túnel en la bodega que se localiza a más de kilómetro y medio del Centro Federal de Readaptación Social número uno, Altiplano, y también la celda de la que se evadió el ex líder del cártel de Sinaloa.
En la prisión se permitió la entrada de cámaras de video y fotográficas, pero no libretas, bolígrafos ni lápices. Dos minutos a cada representante de diario, estación de radio o noticiero televisivo dentro de la estancia.
Desde la entrada del centro carcelario hasta el área de Tratamientos Especiales, la visita se realizó en 20 minutos promedio, ya que hay que pasar por 12 controles de seguridad y 48 puertas que operan como esclusas en cada caso; si no se cierra una de ellas, no se abre la segunda.
Es la primera ocasión en que el gobierno federal abre las puertas de un penal de máxima seguridad a una visita masiva de medios de comunicación. Es un laberinto de largos pasillos de paredes blancas, de rejas con cerraduras electrónicas que solamente abren a petición de uno de los elementos de seguridad del centro carcelario, de escaleras y bifurcaciones. La celda que ocupó El Chapo está dos niveles abajo del nivel de la calle.
Oficialmente estuvo en el Área V6, Tratamientos Especiales. En el corredor no hay ningún custodio. El pasillo es observado desde un diamante (como se llama a los sitios de vigilancia) por un elemento de seguridad penitenciaria. Las cámaras de vigilancia que hay en el corredor y las celdas en apariencia no graban sonidos, sólo imágenes.
En el pasillo están los presos considerados de mayor peligrosidad. Pero también existen diferencias; la mayoría sólo tienen una puerta de una pieza de metal con una rejilla para que los custodios observen a los internos. Sólo hay dos estancias que tienen doble puerta de rejas, visible en todo momento; una era la de Joaquín Guzmán Loera.
Ya no está ninguna de las pertenencias ni sábanas que utilizaba el capo sinaloense. Solamente el colchón sobre un camastro de concreto. La celda, de unos cuatro metros por dos –que se reduce en la zona de regadera y sanitario–, es menos espaciosa que las otras debido a las paredes que sostienen las rejas. En las paredes aún se puede observar un pequeño espejo de unos cinco por tres centímetros, justo debajo de una lámpara que iluminaba el rostro del interno al momento de afeitarse.
En el espacio que hay entre el foco y la rejilla que lo protege, y sobre una pequeña saliente, hay pedazos de tortilla enrollada que se han hecho duros. ‘‘Lo hacen para tener tostadas’’, dice un custodio. El piso está sucio por la lama que genera la humedad de la zona.
En el área de regadera el hoyo por el que El Chapo escapó sigue abierto; los visitantes se pueden asomar a él. Debajo del orificio existe una especie de entrepiso en el que aún hay algunas herramientas que usaron los colaboradores de Guzmán Loera para abrir el hueco.
Entre ellas una barreta, un sistema hidráulico y un vibrador portátil eléctrico tipo taladro de 850 vatios para cortar concreto. Todo hace suponer que con ese equipo fue cortada la malla que sostenía el piso y luego el piso mismo para que escapara el narcotraficante que la revista Forbes consideró uno de los hombres más ricos del mundo.
En las otras celdas uno de los internos sigue silbando. Se sigue escuchando con claridad. Momentos antes, los presos del área habían estado gritando ‘‘aquí está El Chapo’’, ‘‘viva El Chapo’’, sin embargo, los funcionarios advierten que en esa zona los internos no comparten espacios comunes, porque al haber sido integrantes de diversas organizaciones se pelearían.
Detrás de una puerta está el acceso al patio, espacio de cuatro por cuatro metros en el que los reclusos de esa zona solamente son llevados una hora al día para que tomen el sol o hagan ejercicio. Nadie está en el lugar. Todos se encuentran en sus celdas; sólo uno silba.
En tanto, en el otro extremo del túnel, el predio donde está la bodega y la casa a la que llegó El Chapo Guzmán se mantiene custodiada por militares y policías; del inmueble ya no se pueden tomar fotografías, solamente se permite acceder a la zona del pasadizo.
Allí se mantiene instalada una planta eléctrica de tipo industrial que pesa cuatro toneladas y que sirvió para mantener la operación del sistema de ventilación construido con tubos PVC, y un ventilador de cuatro motores. Además, como en el túnel se dificulta la respiración conforme se adentra uno en él, es necesario utilizar tanques de oxígeno.
Pero ya nadie puede recorrer toda la galería. Ningún otro interno podrá utilizar el túnel, pues la cavidad que se abrió en el Cefereso está pegada a un muro que no tiene comunicación con la estancia de ningún otro preso. La excavación se realizó con cálculo milimétrico.
Sobre los rieles aún sigue la motocicleta Itálica, equipada con silenciador…

JSL
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