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No al carpetazo; la nueva titular de la PGR nos da esperanzas

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Blanche Petrich

La madre de Julio César Mondragón Fontes, el normalista de Ayotzinapa torturado y asesinado en Iguala, recupera gradualmente la voz, después de pasar por una etapa de depresión profunda. Afrodita Mondragón está convencida de que al ex procurador Jesús Murillo Karam “nunca le importó mi Julio, como no le importan en el fondo los 43 muchachos desaparecidos, ni los otros dos estudiantes que cayeron ahí mismo”.
Desde la salida del sol Afrodita está de pie, trabajando en Tenancingo, estado de México, de donde es oriunda la familia. Acarrea la leche del establo, sale a trabajar en el aseo como empleada en casas del pueblo, luego hace chicharrón para vender y por las noches, ya con calma, instala en la mesa de su casa una fábrica de recuerditos para toda ocasión. Ahora está enfrascada en la elaboración de velas para el bautizo de su nieta Melissa Sayuri, la niña de sus ojos, la hija de Julio César, la primogénita que no conocerá a su padre.
“Trabajo todo el tiempo para no deprimirme. Si me detengo me asaltan los recuerdos tristes, le doy vueltas y vueltas a una pregunta: ¿cómo, porqué le hicieron eso tan horrible a mi muchachito?”

Insensibilidad de autoridades
La semana pasada, mientras sacudía el polvo con la televisión encendida, se enteró en un noticiero de mediodía que la Procuraduría General de la República (PGR) había detenido a un ex policía municipal de Iguala, Luis Francisco Martínez, como probable responsable –y único– de haber desollado el rostro de Julio César y haber abandonado su cuerpo en las cercanías de donde se produjo el ataque a los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Como todos los demás muchachos, Julio César cursaba el primer año de la carrera de maestro rural.
“Casi me privo. ¿Cómo hacen ese anuncio, si había un trato del gobierno con todas los familiares de las víctimas que en cuanto tuvieran razón de alguna novedad antes que nada nos iban a hablar y a informar?”, expresa.
Además, pone en duda la veracidad de esa versión, divulgada en un boletín por la Comisión Nacional de Seguridad de la Secretaría de Gobernación. “A mí no me convencen. Mi corazón de madre me dice que eso es mentira. Además… ¿cómo dicen que sólo uno es el culpable? Lo que le hicieron a mi hijo no lo puede hacer una sola persona, tuvieron que haber sido varios. Ni presentan pruebas, ni nos explican cómo llegaron a esa conclusión, ni nada. Ya ve cómo se las gastan en este gobierno. Es como lo de Acapulco, con la muerte de ese profesor (Claudio Castillo). Nos están diciendo que fueron los propios maestros quienes lo mataron. Eso no es cierto”.
La mujer tiene su interpretación: “Como ya se salió Murillo Karam de la PGR han de haber dicho: ya hay que salir del paso de lo que sucedió en Guerrero, vamos a dar carpetazo de cualquier manera. Ahí tienen su culpable y a otra cosa mariposa”.
Concluye: “Por eso digo: nosotros los pobres no les importamos a los que imparten justicia, no les importa Julio César, ni los 43 estudiantes, ni todas las familias que nos quedamos sufriendo por esa barbaridad. Porque no tenemos recursos”.
Cinco meses y siete días. Afrodita no pierde la cuenta del tiempo que ha pasado. “Todo me duele. La tortura de mi Julio, la muerte de los otros dos caídos, los 43 desaparecidos, los papás de todos ellos. Con todo esto encima no se puede olvidar ni se puede dejar de reclamar”.
El hecho de que ahora haya una mujer al frente de la PGR, Arely Gómez, le da a Afrodita Mondragón Fontes una nueva esperanza. “A lo mejor si ella es madre, con su corazón de mujer, es más sensible que el señor Jesús. Yo le pido, como madre de familia, que nos dé las garantías de que harán una investigación seria, a conciencia. Quizás nos alcance a comprender… aunque quién sabe”.
Mientras espera una poco probable llamada de la PGR, Afrodita se afana. Con la cera de las velas que a montones la gente del pueblo de Tenancingo llegó a los funerales de Julio César, está elaborando nuevas velitas para regalar como recuerdo del día de bautizo de su nieta.
“Cuando mi hijo estaba ya internado en Ayotzinapa me hablaba bien seguido y me pedía que procurara a su hija y a mi nuera, Marisa Mendoza, que también es maestra. Yo no entendía bien su insistencia. Hasta que lo tuve tendido frente a mí en su cajón comprendí. Ahora sé que su hija y su mujer quedan bajo mi cuidado. Por eso voy a procurar por ellas”.

JSL
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