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Película hurga en caso del famoso asesino serial ‘Goyo’ Cárdenas

Gabino Rodríguez, quien encarna al asesino, en un fotograma de la película

Jorge Caballero, enviado

Guadalajara, Jal.

El director José Buil hace una cirugía mayor al caso del famoso asesino serial mexicano Goyo Cárdenas en su reciente película Los crímenes del Mar del Norte. La disección hará que ese personaje se levante de la tumba para aplaudirla, afirmó.

La película, agregó el realizador, “fue creciendo en mi lado más oscuro a lo largo de muchos años. Cada vez que me batearon el guion en el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), hacía una nueva versión.

“Gregorio Goyo Cárdenas está en el imaginario de la Ciudad de México, donde vivo desde hace 63 años. Creo que es un fenómeno capitalino, con resonancias audibles en el país y el extranjero, pues aparece en listas mundiales de asesinos seriales y en museos del crimen, como el que estaba en Revillagigedo, donde fue exhibido al público cuando fue detenido, en septiembre de 1942, por estrangular y enterrar en el patio de su casa a cuatro mujeres”, afirmó.

La cinta, en competencia en el 32 Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), alteró la conciencia de los asistentes al encuentro, porque a seis días de que se presentó aún se habla de ella.

Ardua investigación hemerográfica

José Buil señaló: “Los elementos de la realización se empezaron a acumular desde que me metí en la investigación hemerográfica, acompañado por el historiador Manuel Sánchez y por Alfonso Morales, quien trabajó conmigo en La leyenda de una máscara. Manuel yo pasamos varias semanas sacando fotocopias de las notas que sirvieron para la realización de la película. Saqué todo del baúl ahora que se presentó la oportunidad de hacerla con Maryse Sistach a la cabeza de la producción, como si fuera una opera prima del Centro de Capacitación Cinematográfica con nuestros amigos José Ramón Chávez y Karina Blanco, formidables colaboradores junto al fotógrafo Claudio Rocha, el Negro Aguilar en el diseño de sonido y a Eduardo Gamboa en la música original”.

Haciendo gala de su sentido del humor, Buil señaló que en su película no hay nada que no haya sido investigado y luego traicionado, porque cuando escribo hago cálculos sobre costos y problemáticas de rodaje. Entonces entro en disyuntivas de producción y realización muy interesantes, que comparto con Maryse y luego con los colaboradores. En este caso dejé fuera todo lo caro (como lluvia permanente, por ejemplo) e incluí lo que somos capaces de producir, con el dinero que conseguimos.

En torno a la caracterización del actor Gabino Rodríguez, quien interpreta al personaje, el director de Adiós, adiós ídolo mío explicó: “Le trabajo al perfil de personajes y al rumbo que toma el drama; no importa si es comedia o tragedia, las dos necesitan sentido del humor, según veo. En este caso, esperaba que el interés del espectador fuera creciente y seguí algunas recetas de la escritora texana Patricia Higsmith, plasmadas en su libro Suspenso.

Ya en plan de realizador, debo decir que tuve el gusto de trabajar con actrices de la generación de Sofía Espinosa, Vico Escorcia, Astrid Romo, Fernanda Echeverría, Alaciel Molas, Úrsula Pruneda, valientes y talentosas, extraordinarias.

Buil aseguró: “No me gusta echar rollo sobre mi trabajo, pero sí hice esta película para recordar a las mujeres estranguladas en la red mitológica de Goyo Cárdenas. Tengo razones personales para analizar este caso, el marco histórico es real, comprobable.

“En la época de la Segunda Guerra Mundial claramente discriminaron en los medios a esas mujeres por ser prostitutas, además de pobres, gente humilde. Sólo destacaron a Graciela (su padre era abogado y forense muy influyente). También se negó la historia de amor que hubo entre ella y Goyo. Me sorprendió el tratamiento que se le dio al asunto y todo eso me pareció que merecía el esfuerzo para producir una película”.

El cinerrealizador precisó: “Menor, pero también víctima, fue Ana María Dorantes, investigadora del Servicio Secreto capitalino. En la realidad, ella fue la encargada de buscar el paradero de Graciela, pues creían que había huido con el novio. Yo la rescaté del periódico por necesidades thrillerescas, pero además porque considero que fue retirada de los reflectores cuando otros funcionarios y periodistas se disputaron el mérito de haber descubierto un caso de gran resonancia mediática.

“Entré con todo mi morbo de lector de nota roja al trayecto posterior del ‘estrangulador de Tacuba’ como reo sin condena, cuando fue reconocido como ejemplo de rehabilitación de presos. Resulta que el asunto llega hasta el día en que el secretario de Gobernación de esa época, Mario Moya Palencia, organizó un homenaje al mejor criminalista de México en el siglo XX, el doctor Alfonso Quiroz Cuarón, quien a su vez involucra a Goyo Cárdenas, recién titulado en derecho (que a la sazón ejercía el oficio de abogado penal en los juzgados de los reclusorios del Distrito Federal).

“El día del homenaje en la cámara localizada en Donceles, al finalizar el sexenio echeverrista, Quiroz Cuarón se enfermó y no asistió a la esquina de Donceles y Allende.

“Moya, en tribuna, se tiró un rollo sobre la rehabilitación de reos en las cárceles mexicanas y elogió las actividades de Cárdenas. La aplanadora priísta lo ovaciona, lo que Goyo agradeció como un político, poniéndose de pie, encorbatado y levantando las manos de modo solemne.

Nadie se acordó de las víctimas, estranguladas y enterradas en el jardín de su laboratorio personal en la calle de Mar del Norte, a dos cuadras de la entonces Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), concluyó.

Goyo Cárdenas estuvo recluido 34 años y al salir estudió derecho en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de la UNAM. Se tituló con la tesis Insuficiencia de nuestra legislación en la inimputabilidad por ausencia o disminución de capacidad mental.