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Perdido su halo de reformador, Peña inicia gira por EU

Alonso Urrutia

La reunión de los presidentes Barack Obama y Enrique Peña Nieto en Washington se realizará en un entorno radicalmente diferente al encuentro de mayo de 2013 en nuestro país. Imagen de archivo ■ Foto Marco Peláez

Lejos del momento mexicano, que lo llevó a las primeras planas de prestigiadas publicaciones internacionales como el reformador de México, el presidente, Enrique Peña Nieto inicia hoy su primera visita oficial a Estados Unidos, con sus políticas de seguridad y derechos humanos sumamante cuestionadas, así como con la economía maltrecha, caracterizada por el peso devaluado, crecimiento económico mínimo y el precio del petróleo en pronunciada caída.
Su homólogo, Barack Obama tampoco se encuentra en su mejor momento tras la contundente derrota electoral que le propinaron los republicanos en noviembre pasado. El entorno del encuentro bilateral en Washington es radicalmente diferente al de mayo de 2013, cuando Obama visitó México y gozaba del respaldo popular, tras su relección, y en México el Pacto por México pavimentaba la ruta reformista de la administración de Peña Nieto.
Todavía en los albores de 2014, el mandatario mexicano aparecía en la portada de la revista Time International con el sugerente título de “Saving México”, en la que se elogiaba a sus dos principales colaboradores: el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.
“Podrá carecer de erudición literaria pero Peña Nieto lo compensa con destreza política. Es asistido por jóvenes tecnócratas con estudios realizados fuera de México, que buscan poner una cara moderna a la vieja maquinaria del PRI”, festinaba entonces la publicación.
Paradójicamente, meses después, el desempeño de los tres ha sido puesto en entredicho, tanto por la secuela del caso Iguala, como por el errático comportamiento de la economía mexicana, acentuada en los últimos meses de 2014.
El viaje que esta tarde inicia Peña Nieto se realiza en condiciones radicalmente diferentes. La desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa –que ya provocó el ofrecimiento de ayuda estadunidense a México– será uno de los temas de la agenda. En su momento, el Departamento de Estado expresó su preocupación por el caso y ha solicitado transparencia en las investigaciones.
No sólo Ayotzinapa podría salir en las conversaciones bilaterales, el caso Tlatlaya también generó en su momento la censura de la Casa Blanca, que solicitó una “investigación creíble” sobre la ejecución extra judicial de 22 personas a manos de militares.
Históricamente uno de los temas centrales en la relación bilateral, la migración volverá a captar la atención de ambos mandatarios. El reciente anuncio realizado por Obama tendiente a modificar parcial y temporalmente la condición de los indocumentados residentes en Estados Unidos suscitó en su momento el beneplácito del gobierno mexicano. Todo ello en un contexto en el que, durante 2014, la creciente migración de menores de edad hacia Estados Unidos y su deportación generó cuestionamientos regionales a la política migratoria de Washington.
Otra de las acciones ejecutivas que ha dictado Obama, tras su derrrota electoral, fue el viraje en la relación de Estados Unidos con Cuba, luego de 50 años de tirantez. En las negociaciones participaron el Vaticano y Canadá, lo que puso en evidencia la pérdida de liderazgo regional que ha tenido México, que en su momento fue una pieza clave en la complicada trama que durante décadas prevaleció entre Washington y La Habana, después del triunfo de la revolulución cubana.

JSL
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