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El periodismo es acosado en México, San Luis no es la excepción

capital

Héctor Alonso Vázquez

En México el periodismo es acosado y de manera deleznable muchísimas veces silenciado. Esto es ya una terrible realidad en nuestro país. En sólo lo que va de 2017 seis periodistas han sido asesinados y sus casos se mantienen en la impunidad. Según datos del Senado mexicano la impunidad en los asesinatos se sostiene en 97.75 por ciento, y si bien México no se encuentra en escenarios de guerra civil como Siria, o sufre una ocupación militar extranjera como Afganistán, nuestro país es el tercero del mundo donde ejercer la profesión periodística es un oficio de alto riesgo según lo acredita la organización Reporteros sin Fronteras. (Véase: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/sociedad/2017/05/15/recuento-asesinatos-de-periodistas-en-2017)

Lo peor de estos casos es la saña y vileza con las que han sido perpetrados los crímenes, varios de estos en frente de los hijos de las víctimas y en ocasiones también sus familiares han sido víctimas de los sicarios. Como mandando el mensaje de que ejercer el periodismo y meterse con los poderosos es el mejor camino a la tumba y que esto le quede de ejemplo a los demás colegas.

Si bien en San Luis Potosí no hemos padecido hasta ahora casos de periodistas asesinados. En el estado, tal como sucede en el país, se padecen condiciones de acoso, represivas y autoritarias para ejercer el periodismo. Para empezar, los medios pequeños o de alcance medio, dependen de manera lastimosa de las ventas que en publicidad hagan al gobierno del estado y los gobiernos municipales.

Esta situación que rompe todo principio de una sociedad democrática, condiciona al periodismo a seguir líneas que se disciplinen al poder en turno si no quieren perder este importante ingreso. Pues como dice Julio Hernández: estos ingresos se utilizan “para castigar o para premiar” a los medios, a modo de los gobiernos en turno.

Basta entonces con que el gobierno le niegue los pagos a los medios donde se publicita para hacer un fuerte daño y por lo menos limitarlos. Este fue el caso que padecimos, donde por ejercer un ejercicio crítico-argumentado respecto a los casos de corrupción de la actual administración municipal, el municipio de la capital canceló de forma arbitraria a La Jornada San Luis los pagos atrasados de publicidad. (Véase: http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=678754&idFC=2017). Situación que nos forzó a retirar la edición impresa del periódico en el estado. Aunque a pesar de esto, y gracias a las plataformas digitales se puede salvaguardar el principio de todo periodismo de investigación, de presentar pruebas que evidencien las prácticas corruptas del poder. Y nos permite seguir siendo una voz de crítica argumentada en nuestro entorno local.

Por otro lado, la prensa en SLP también sufre el acoso –que se da por medio de llamadas a reporteros, directores de diarios e incluso amedrentamiento presencial– si se tratan temas espinosos o que no le gusten a los que tienen el control de la agenda pública desde el poder. Esto se padeció ya, también en La Jornada San Luis, con el acoso a reporteros por tratar el citado tema de la corrupción municipal. Y también en el medio La Orquesta, intimidado de manera reciente por ser de los pocos que ha mantenido un seguimiento constante y documentado del asesinato del joven Eugenio Castellón, cometido con ventaja por parte de Eduardo Hernández la madrugada del 5 de mayo. Este, como fue un crimen cometido dentro de la clase pudiente del estado, resulta incómodo para los políticos en el poder la difusión de información del mismo. Con estas reacciones, la autoridad revela su autoritarismo cuando quiere silenciar ciertos temas que le impactan e implican de forma directa. En este caso el procurador de Justicia no ha renunciado, a pesar de que se encuentra en una elemental situación de conflicto de interés al tener relación cuasi filial con la víctima que era su yerno y estaba a punto de casarse con su hija.

A estas situaciones recientes les podemos sumar las condiciones precarias para ejercer el periodismo en el estado y que son propias de muchos medios locales. Con bajos salarios a los reporteros, una alta rotación en su personal que no puede desarrollar una carrera profesional en estos, y la presencia de medios de gran tamaño que se alían con el poder en turno para suprimir todo ejercicio crítico, donde además sus dueños tienen o han tenido negocios con las influyentes elites políticas locales y pagan esos favores con la difusión de las empresas políticas, cosa más que notable en los ya cercanos tiempos electorales.

En suma, en SLP todo este conjunto de malas condiciones estructurales sostenidas por la inacción política, evidencian un serio problema institucional que demuestra los déficits de nuestra propia democracia. Pues existe en nuestro entorno una democracia iliberal que es ineficaz, cuando los medios de comunicación son acosados por el poder y dependen de éste para funcionar. Además si se limitan los espacios informativos y se impide de facto una pluralidad de fuentes de información confiable y certera, la sociedad no puede formarse un juicio crítico y argumentado de lo que pasa en la vida política de su entorno inmediato. Como resultado, la apatía es parte de este sistema de instituciones endebles que sirven para no incomodar a los que toman decisiones públicas e incluso puedan servirse de su posición política.

Lo anterior es un serio problema público, porque no sólo se limitan las condiciones de pluralidad política y se restringen los derechos cívicos. Sino que esta condición empieza de forma alarmante a derramar mucha sangre de los miembros de un oficio noble como la comunicación. Demuestra, empero, una condición autoritaria creciente en medio de una simulación de principios democráticos que sólo se plasman en la Constitución, pero que se pisotean hasta hacerlos polvo en la práctica, con los actos de vileza criminal y complicidad judicial que permiten su impunidad.

¿Qué hacer? Bien se puede empezar por reformar el Poder Judicial, si bien ya se implementó el llamado nuevo sistema de justicia penal, falta por ver si éste no choca con las pésimas prácticas que se reproducen de forma constante en todo el sistema judicial. Este poder público, el Judicial, es muy importante para cualquier sociedad. Y en México tiene un descrédito terrible que se ha ganado a pulso. Porque ha demostrado que la justicia es un asunto donde el poderoso la obtiene o la suprime gracias a sus influencias.

Para recuperar la confianza en el sistema de justicia en México, bien se puede empezar por dignificar las condiciones de los policías. Aquellos que en teoría tienen que hacer cumplir la ley y atrapar a los que cometen actos criminales. Si bien los jueces ya tienen altos sueldos, que no siempre son una garantía de imparcialidad y honestidad, entonces se tiene que trabajar en reformar los engranajes operativos del sistema de justicia. Partiendo por las fuerzas de reacción policial, profesionalizar sus tareas de prevención criminal y también de investigación científica del delito.

Mientras no se recupere la confianza perdida en la justicia, nos seguiremos lamentando de las injusticias. Mientras los que toman decisiones sigan sin entender que una sociedad libre, democrática y justa, requiere de una pluralidad de medios críticos libres. Todos seguiremos pagando las consecuencias autoritarias de vivir en una sociedad donde es más probable que perviva la impunidad, a que las instituciones hagan su trabajo de una forma efectiva.

Invito a todo aquel periodista a no callar, a no desistir, pues sus voces son fundamentales para transformar de poco a poco esta lúgubre realidad.

En memoria, de todo aquel periodista caído en el cumplimento de su deber.

¡NI UN@ MENOS!

Hector Alonso Vázquez
Hector Alonso Vázquez
Politólogo por la UCEM; Candidato a Maestro en Asuntos Politicos y Políticas Públicas, por el COLSAN.