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Peritos argentinos: la identificación del normalista, “débil”

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Fragmento inicial del reporte del EAAF sobre los resultados ofrecidos por el Instituto de Medicina Legal de Innsbruck. Imagen tomada de www.tlachinollan.org

Por Blanche Petrich

México, D.F. El Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (EAAF) estableció desde el 7 de febrero que gran número de evidencias presentadas para sustentar la versión oficial de la PGR –que determinó que los muchachos fueron asesinados, incinerados en el basurero de Cocula, sus cenizas trituradas y arrojadas dentro de bolsas en el Río San Juan– debieron ser desechadas por las “serias irregularidades” que se presentaron en su recolección, resguardo y análisis pericial.

“No existen –aseguró el equipo en un extenso comunicado del 7 de febrero– elementos científicos suficientes por el momento para vincular los restos hallados en el basurero con aquellos recuperados, según la PGR, en el río”.

El EAAF tampoco avaló el “hallazgo” que anunció la PGR, según el cual el Laboratorio de Medicina Legal de la Universidad de Innsbruck había logrado identificar que uno de los restos óseos enviados por el gobierno federal y los forenses argentinos para su análisis especializado correspondiera al joven Alexander Mora Venancio.

Aunque había un acuerdo de que el EAAF y la PGR realizarían juntos las investigaciones y los peritajes, el 29 de octubre los forenses coadyuvantes no fueron convocados a la operación en las orillas del río San Juan, donde presuntamente los buzos de la Marina recuperaron una bolsa de plástico con restos óseos. Esa omisión ocurrió pese a que los dos equipos, el del gobierno federal y el independiente, estuvieron trabajando juntos en todas las diligencias desde el 27 de octubre hasta el 6 de noviembre.

Cuando el EAAF llegó al sitio donde supuestamente se sacó del agua la bolsa con cenizas, fragmentos de huesos ya estaban separados y expuestos sobre una lona. Posteriormente los expertos argentinos solicitaron a la PGR los documentos certificados con la cadena de custodia, para asegurarse que los marinos efectivamente habían entregado la bolsa a los agentes federales en ese lugar. La procuraduría no entregó la evidencia, por lo que los responsables del equipo se negaron a suscribir, a su vez, la cadena de custodia general.

Esa fue apenas una de las “dificultades” que encontraron los especialistas del organismo argentino para avalar el trabajo de la PGR, hasta entonces al mando de Jesús Murillo Karam.

Otra fue la de la recuperación, por parte de los peritos de la PGR, de 43 elementos de balística, tierra y elementos no biológicos del basurero de Cocula el 15 de noviembre. En esa ocasión tampoco se les avisó a los peritos independientes y además la colecta se realizó en un lapso de tiempo, entre el siete de noviembre y el 27 de ese mes, durante el cual el basurero de Cocula no estuvo debidamente resguardado como posible escena del crimen y fue visitado por decenas de personas ajenas a la investigación. El EAAF pidió que se eliminar las evidencias obtenidas de esta forma y en un “entorno perturbado” del expediente del caso, a lo cual la PGR no accedió.

“La evidencia regogida en esas condiciones puede ser desestimada como prueba”, recomendó el documento.

El Equipo Argentino, que suele reservar hasta el final de sus investigaciones la publicación de sus conclusiones, consideró necesario exponer sus reservas, en virtud de lo que aseguró Murillo Karam en su controvertida conferencia del 27 de enero. Ahí determinó que la “verdad histórica” del caso fue que los 43 normalistas fueron asesinados, sus restos incinerados en una pira en el basurero, sus cenizas trituradas, metidas en bolsas y arrojadas al río.

Sobre la presunta identificación de Alexander Mora Venancio, el laboratorio de Innsbruck determinó que el ADN de un hueso esfenoides (de la base del cráneo) presentado por la PGR –supuestamente recogido en el basurero y arrojado al río, de donde fue recuperado por hombres rana de la Marina– el EAAF avaló el resultado que arrojó el estudio de los forenses austriacos. Pero no certificó la procedencia del resto óseo.

Además, en el mismo documento revela una serie de errores cometidos por los peritos forenses de la PGR.

A la universidad de Innsbruck fueron enviados 17 fragmentos óseos (los únicos susceptibles a contener material genético, por no estar totalmente calcinados) y los perfiles de ADN de los familiares de los 43 desaparecidos. La PGR envió 134 muestras (de padres y madres) y el EAAF 135 (agregó el de un hermano). La PGR procesó sus perfiles en sus propios laboratorios. Confrontados estos estudios por los forenses argentinos (que procesan su material genético en el laboratorio estadunidense Bode Technology Group) se encontraron errores en 20 de ellos. El EAAF precisó que es algo “inusual” pues de trata de estudios sencillos. La PGR no ofreció “una explicación clara”. Aunque aclaró que las muestras de ADN de los familiares de Alexander no fueron afectados por estos errores.

En aquel momento el EAAF también desestimó las “evidencias” y “pruebas” que presentó Murillo Karam para asegurar que los desaparecidos fueron cremados en una pira humana que se encendió con leños, combustible y neumáticos en la parte baja del basurero de Cocula, como ahora lo ha hecho el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Una de las “evidencias físicas” que presentó Murillo para demostrar que sí hubo una pira humana el 26 y 27 de septiembre de 2014 fue un conjunto de imágenes satelitales. Precisa el EAAF que estas eran imágenes tomadas desde el espacio el 12 de octubre de 2010, el 28 de octubre de 2013 y el 16 de noviembre de ese año. “Muestran episodios de fuego en la zona del basurero por lo menos cuatro años antes de los eventos que la PGR presentó como un único evento de quema”.

Desechó otra evidencia más: la presentación de un fragmento de mandíbula humana con piezas dentales y una prótesis dental. No perteneció a ninguno de los 43 estudiantes.

Finalmente, en el texto del EAAF se subrraya que a la fecha en la que el ex procurador anunció sus conclusiones, faltaban aun por analizar las muestras de más de dos terceras partes de la zona que fue determinada por los dos equipos de peritos como área de muestreo. Para recoger evidencias, los agentes federales y los expertos argentinos delimintaron un área de 15 por 12 metros que dividieron en 132 cuadrículas. Hacia finales de energo, cuando Murillo Karam lanzó su “verdad histórica”, faltaban más de 100 cuadrículas por estudiar. Faltaban entonces “varios meses de trabajo” para anticipar resultados.

Concluye este comunicado, que se puede consultar aquí. “El EAAF desea reiterar que esto no excluye la posibilidad de que algunos de los normalistas hayan corrido la suerte señalada por la PGR; aunque aún, en nuestra opinión, no hay evidencia científica al respecto en el basurero de Cocula”.