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Se busca que el país vuelva a exportar sal

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Enrique Méndez

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) solicitó a la empresa Exportadora de Sal SA (ESSA) revisar y modificar el contrato de 1977, firmado en el sexenio de José López Portillo, y los sucesivos convenios –el más reciente en los últimos días del gobierno de Felipe Calderón– para que pueda exportar la sal que produce en Guerrero Negro, Baja California, cuya distribución mundial se concedió a la trasnacional Mitsubishi desde hace 38 años.
En la revisión de la cuenta pública 2013, la ASF confirmó que ESSA no sólo subsidia a Mitsubishi y otras empresas, al vender sal de exportación a precios inferiores al costo de producción, sino que los contratos para la exportación fijan un precio de entre 11 y 15 dólares por tonelada métrica, cuando en el mercado internacional donde opera la empresa japonesa es de entre 50 y 70 dólares.
Por ello, el órgano fiscalizador también recomendó revisar el precio de la sal que comercializa Mitsubishi como comprador y comercializador exclusivo de la sal mexicana. Estos dos puntos ya habían empezado a revisarse por el ex director de la Exportadora de Sal, Jorge López Portillo –sobrino del ex presidente–, pero éste fue despedido el 31 de diciembre, cuando cuestionó el nombramiento de Jorge Guillermo Esquivel, quien fue contralor de la construcción de la Estela de Luz, como director de administración y finanzas.
La auditoría encontró además que el contrato original con Mitsubishi Corporation y su filial Mitsubishi International Corporation, del 28 de abril de 1977, ‘‘carece del nombre y cargo de los que lo suscribieron’’. Lo mismo ocurrió con los convenios modificatorios, que han extendido la exclusividad de la empresa japonesa para la comercialización de la sal mexicana.
Ni el contrato original ni los convenios han sido protocolizados legalmente debido a esa situación, y la auditoría detectó que el documento inicial fue redactado en inglés. La empresa es parte de una sociedad entre ESSA, que posee 51 por ciento de las acciones, y de Mitsubishi y su filial, que detentan el 49 por ciento restante.
Por ello, la auditoría planteó que deben revisarse esos acuerdos ‘‘para que se modifique la estrategia de comercialización de sal y se establezcan condiciones equitativas, de manera que ESSA pueda acceder a los mercados finales y buscar alternativas de comercialización con clientes potenciales, así como alternativas para la distribución’’.
Esto, porque el primer contrato otorgaba a Mitsubishi la exclusividad del mercado en Estados Unidos, Canadá y Japón, pero en el sexenio pasado se le concedió ‘‘el rol de único comprador, distribuidor y comercializador en todo el mundo… lo que denota condiciones desfavorables’’ para la empresa mexicana y beneficios para la japonesa y su filial, ‘‘en perjuicio del interés económico del accionista mayoritario, que es el gobierno mexicano’’.
La auditoría indicó que en los estados financieros de ESSA se reportaron ventas de sal industrial por mil 691 millones 847 mil 500 pesos, de los cuales mil 691 millones 531 mil pesos, esto es 99.98 por ciento, correspondieron a ventas al extranjero, y 316 mil 500 pesos, 0.02 por ciento, a empresas mexicanas.
Para estas ventas se realizaron 26 contratos, de los cuales 19 fueron suscritos en inglés, cuando también debió existir un duplicado en español, y diez se emitieron sin firma. Entre éstos, la ASF encontró que en el firmado con Shanghai Chlor-Alcali Chemical, ESSA fijó un precio de 12.33 dólares por tonelada métrica, cuando el precio de producción es de 15.25 dólares.

JSL
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