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Silva Meza: una Corte autónoma, tarea pendiente

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Jesús Aranda

A unas horas de dejar el cargo que ocupó por casi 21 años, el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) Juan N. Silva Meza reconoce que una tarea pendiente del máximo tribunal es que sea “totalmente” autónomo e independiente.
En entrevista con La Jornada, quien presidió el máximo tribunal de 2011 a 2014, hace un llamado al Ejecutivo federal y al Senado a actuar con responsabilidad en la selección de los nuevos integrantes de la SCJN, porque en la medida en que lo hagan, “eso limita las cuotas de partidos y la partidización” del proceso de selección.
En su oficina, Silva Meza insiste en que la Constitución establece que la SCJN debe integrarse “preferentemente” por personas con carrera judicial, y lamenta que ni el Ejecutivo federal ni el Senado hayan tomado en cuenta esto en años recientes.
Actualmente son más los ministros “externos” (seis) que los que cuentan con carrera judicial (cinco), proporción que se mantendría de acuerdo con las ternas que envió el Presidente de la República al Senado para sustituir a Silva y Olga Sánchez Cordero.
–Usted y la ministra Sánchez Cordero son los últimos integrantes elegidos como resultado de la reforma constitucional de 1994. ¿Cómo ve la Corte a la que entró y la que deja?
–Son dos etapas diferentes. La reforma constitucional de 1994-95 modifica radicalmente la estructura de la Suprema Corte: hay una disminución de los miembros, se designa a 11 ministros y se fortalecen sus atribuciones para que la SCJN sea un verdadero y fortalecido órgano constitucional. Se amplían las controversias constitucionales, el juicio de amparo contra leyes, y se crean las acciones de inconstitucionalidad.
“En 2011 concluye la novena época e inicia la décima, a partir de la reforma constitucional en materia de derechos humanos, que coloca a todas las autoridades en el centro de la protección efectiva de las garantías individuales”.
–¿Una de las sentencias que representan un quiebre para la Corte es el caso Radilla?
–Sí, se le ha calificado como un parteaguas en la administración de justicia. Llama la atención que, incluso, la reforma constitucional de 2011 se genera a partir de las sentencias de condena al Estado mexicano por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coridh).
“Este asunto genera una nueva mirada en la interpretación constitucional de la Corte sobre temas fundamentales como reconocer la vinculatoriedad de la jurisprudencia interamericana o la situación de la justicia militar (cualquier delito cometido por militares en agravio de civiles debe ser juzgado por el fuero federal o local).
“La sentencia determina la forma de manejar el control difuso de la Constitución y la convencionalidad, cuestiones inéditas en el Estado mexicano, y la interpretación de que ya lo puede hacer cualquier juez (sea del fuero local o federal)”.
–¿Qué caso le dejó mal sabor de boca?
–Más que mal sabor de boca, hubo algunos asuntos donde pensaba tener la razón; pero el juzgador tiene que ser humilde y prudente, y saber que no siempre la tiene. El ministro Juventino V. Castro y Castro tenía una frase muy afortunada: “En la Corte nadie gana y nadie pierde, las cosas se hacen mejor”.
–En los grandes temas nacionales que le interesan al Estado, la mayoría de las veces la Corte le da la razón al gobierno en turno. ¿Esto habla de sumisión?
–No se pueden hacer calificaciones así. Los asuntos se debaten y se resuelven con argumentos y en votaciones, y si de forma mayoritaria favorecen a una de las partes, la minoría tiene los votos particulares que son la mejor manera de expresar la disidencia.
–Y le tocó muchas veces estar en la disidencia…
–Pues, circunstancialmente, sí.
–No se ha logrado establecer el perfil del juez ideal y qué proceso debe cumplir. ¿Qué pasa?
–Es una situación compleja; sí se ha presentado ese problema, que no deberíamos desconocerlo, sino reconocerlo. Falta todavía hacer la determinación del perfil del juzgador.
“Tenemos una tipología de jueces que es abundante: de justicia para adolescentes, de control, de medidas cautelares, especializados en telecomunicaciones, en materia mercantil, etcétera. Necesitamos el perfil de cada uno de ellos y determinar la forma para seleccionarlos.
“El diseño de los concursos de selección es un tema que está sujeto a revisión”.
–¿Contar con jueces que cumplan con el perfil adecuado tendrá impacto en la impartición de justicia?
–Definitivamente sí. La mejor selección que se haga llevará a buen puerto la implementación de las reformas en la materia de que se trate. Se tiene que encontrar la fórmula, no es algo que esté en un cajón esperando; no se ha dejado de trabajar en eso.
–Cuando se integra la Corte en 1995, la mayoría de ministros tenían carrera judicial.
–Sí, éramos ocho.
–El que la Corte tuviera esa integración, mayoritariamente de carrera judicial, ¿tenía un objetivo?
–Prácticamente el Senado así lo determinó. Los tiempos han cambiado, y los legisladores toman las decisiones que han considerado pertinentes; hoy somos minoría los de carrera judicial.
“Hoy hay que cumplir con la orientación constitucional. Ha habido excelentes funcionarios que no son de carrera judicial, y pésimos que son de carrera judicial”.
–El proceso de selección de los ministros, ¿se ha politizado?
–Yo siento que no. No es tanto por la forma del diseño constitucional, que no es mala, y obedece a una lógica.
“En el caso de la propuesta (las ternas de candidatos), viene del Ejecutivo y la aprobación es del Senado. El diseño no es malo, hay una alta calificación, incluso para el resultado, que genera una posibilidad de consensos entre los que están decidiendo, pero esto está en la cancha del Ejecutivo y el Legislativo.
“En el tema de la politización, el diseño constitucional está bien; a lo mejor lo que ha fallado es la operación que la viene a politizar, etcétera.
“En el caso de que se seleccionara a una persona que en definitiva no pudiera estar, por una cuestión de cuota de partido, por una cuestión de otros intereses de otro orden, ahí sí la falla sería de los demás”.
–¿Habría que pensar en un nuevo diseño para la elección de ministros?
–Yo no me pronunciaría por un nuevo diseño en la selección, sino en la buena operación, que los poderes actúen con la responsabilidad de lo que están eligiendo, nada más, con eso tenemos. Eso limita cuotas de partidos, partidización, un sistema de visitas. Ése es el valor principal; lo que hay que cuidar es que quede perfectamente integrado, con la persona que tenga el perfil adecuado.
“El diseño no está mal, lo que puede ser cuestionable en determinado momento es la operación”.
–¿Cómo se imagina o cómo le gustaría ver a la Corte en el futuro?
–Totalmente autónoma, totalmente independiente.
–¿Hubo algún momento en el que sintiera que no había autonomía o independencia?
–No, pero riesgo sí –conluyó.

JSL
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