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El sistema penitenciario “aniquila” a los presos: Arquidiócesis

Penal de Topo Chico, en Nuevo León, en el que hubo un motín el 11 de febrero pasado. Foto Erick Muñiz

Ciudad de México. En México, “el sistema penitenciario usa, tira y aniquila a la gente” ya que en las cárceles, como lo reveló la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el Diagnóstico Nacional de la Situación Penitenciaria 2015, los reos carecen de condiciones mínimas de dignidad e integración social, expuso la Arquidiócesis Primada de México en el editorial del semanario Desde la Fe.

Agregó que de acuerdo con dicho informe, que abarcó la situación que prevalece en 130 centros estatales de readaptación y 21 instalaciones federales, sólo un estado obtuvo una calificación favorable y el resto fueron pintadas en amarrillo o rojo, pues la CNDH las trazó gráficamente a través de los colores del semáforo.

El caso de la Ciudad de México, abundó, “es la síntesis de la pudrición del sistema carcelario, fue calificado con rojo ya que la autoridad está en manos de los internos, por las prácticas ilícitas como el tráfico de drogas, extorsiones y sobornos, además de la agobiante sobrepoblación”.

Refirió que en dicho documento, el ombudsman nacional describe un sistema carcelario incapaz de lograr el goce pleno de derechos y garantías constitucionales de los internos.

“Los principales problemas se concentran en la sobrepoblación, precarios servicios sanitarios y de salud, falta de oportunidades laborales para los internos, hacinamiento que lleva a la convivencia de treinta personas en espacios construidos para albergar a sólo cuatro inculpados; áreas de privilegios para quienes mandan al interior, el tráfico de drogas y armas, la precaria e insalubre confección y distribución de alimentos, y la ausencia de cuidados médicos especiales para personas con enfermedades crónicas y graves, destacando además violencia, riñas y homicidios”.

A ello se suma la deficiente clasificación entre procesados y sentenciados; la convivencia entre reos de mínima y máxima peligrosidad, el cobro de cuotas a los familiares de los reos para que éstos tengan los “mínimos de sobrevivencia.

En los centros de readaptación hay un tráfico humano, comercial y monetario que hace imposible pensar en el respeto pleno de los derechos humanos de quienes están privados de la libertad”, abundó.

La Arquidiócesis Primada de México expuso que las cárceles “son un síntoma de cómo estamos en la sociedad, de silencios y de omisiones que han provocado la cultura del descarte”.