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Astillero: AMLO y los espots

Astillero, Pacto por México

Resulta de una destemplada ironía histórica que directivos de PAN y PRI acusen a Andrés Manuel López Obrador de marrullerías electorales, justamente cuando esos dos partidos han hecho llegar a débiles cartas políticas a la Presidencia de la República en las dos elecciones anteriormente inmediatas (2006 y 2012) aprovechándose de lagunas y resquicios en las normas vigentes y, aún peor, cometiendo actos mayúsculos de adulteración en el curso de las campañas y durante la jornada comicial en sí y propiciándolos en los posteriores actos de calificación judicial de tales elecciones.

Cierto es que el tabasqueño en permanente campaña se ha beneficiado provisionalmente de su apabullante exposición mediática a costa de los tiempos y prerrogativas del partido que ha dirigido como presidente de su consejo nacional y que, según versiones insistentes, podría presidir abiertamente desde su comité nacional a partir de este sábado. Pero tales tácticas y estrategias corresponden, en ese ámbito, a la decisión de los miembros del partido Morena, de la misma manera que a sus adversarios pertenece la indeclinable decisión de usar sus espacios propagandísticos para promover lo que así consideren conveniente. El partido de tres colores, por ejemplo, podría buscar el voto ciudadano colocando de manera predominante o única a algunos de sus personajes más distintivos, como podrían ser Carlos Salinas de Gortari o, para actualizar la oferta, el propio Enrique Peña Nieto. De similar manera, el de blanco y azul podría buscar el beneficio de acomodarse gráficamente bajo la figura de Felipe Calderón Hinojosa (cuya esposa, también panista, está en abierta campaña, asegurando abiertamente, como lo acaba de hacer en Nuevo Laredo, que “sí buscará” la candidatura presidencial).

El promovente de una recomposición de la legalidad electoral, con dedicatoria para AMLO, ha sido el presidente del comité nacional priísta, Manlio Fabio Beltrones, quien a lo largo de su extendida carrera política ha conocido muchas de las conductas que ahora adjudica al tenaz buscador de la Presidencia por tercera ocasión. Factor fundamental para el procesamiento legislativo durante muchos años, el sonorense busca dar marcha atrás a reglas de difusión de mensajes partidistas que él aprobó y de las cuales su partido, el PRI, podría beneficiarse hoy si su dinámica interna le permitiera tener una propuesta adelantada para el relevo presidencial de 2018 (¿qué tal si, por ejemplo, en su propaganda de todo tipo el PRI incluyera imágenes de Aurelio Nuño y su campaña, la educativa?).

La idea de cerrarle el paso propagandístico a López Obrador ha sido apoyada por personajes del panismo, aunque las baterías del partido conservador se dirigen más bien hacia la búsqueda de que se establezca una segunda vuelta en casos de votaciones presidenciales reñidas (otra ironía: que proponga tal segunda vuelta el partido que en 2006 se quedó con la Presidencia de la República por un insostenible medio punto porcentual de diferencia, conseguido entre múltiples evidencias de actos violatorios de la legalidad electoral, que fueron reconocidos pero quedaron impunes, y sostenidas acusaciones de fraude). El PRD, con nueva administración, a cargo de Agustín Basave, ha hecho saber que apoyará ciertas modificaciones a la ley electoral, pero no las que pretendan impedir que AMLO salga en espots de su partido.

A fin de cuentas, las escaramuzas actuales (el señuelo del espot) parecieran destinadas a incrementar la sensación de que hay una competencia electoral verdadera (y que, por tanto, los resultados de 2018 provendrán de un intenso ejercicio “democrático”, que daría “legitimidad” al ganador). Varios de los articulistas y columnistas, siempre adversos al tabasqueño, que hoy, entre signos de admiración, lo retratan como gran puntero y estratega exitoso, serán (han sido, en las elecciones anteriores) los que en 2018 aporten las “explicaciones” de cómo, teniendo tal viabilidad, ese candidato que iba a la cabeza cometió tantos errores que (hombre, ¡lástima, Margarito!) acabó rebasado por alguno de los otros competidores. Recuérdese que López Obrador tuvo en las dos elecciones anteriores un notable crecimiento, con una fiel base social y firmes posibilidades de triunfo, y en ambas ocasiones hubo maniobras en los tramos finales que, mediante encuestas falsas, colusión mediática, ríos de dinero de procedencia nada dudosa, uso de recursos públicos y programas asistenciales, trampas y manipulaciones cibernéticas, fraude electoral clásico y uso de tarjetas Mónex y Soriana (éstas, en el caso de 2012) terminaron en números oficialmente adversos al movimiento que encabeza el tabasqueño.

La reciente muerte de ciclistas en el Distrito Federal (como sucede en otras ciudades del país) tiene como referencia el manejo superficial y efectista que la mayoría de los gobiernos dan a la loable aspiración de movilidad no contaminante de muchas personas, principalmente jóvenes, cuya conciencia ecológica les lleva a aventurarse en la selva de asfalto, a sabiendas de los riesgos que ello conlleva.

Como sucede en muchos otros programas de interés social, los gobernantes se esmeran en los momentos inaugurales y en la difusión mediática de esos “logros”, pero suelen dejar la operación cotidiana en el abandono. En el Distrito Federal y con este gobierno dedicado a la pose, el de Miguel Ángel Mancera, utilizar bicicletas para transportarse se ha convertido más que en un deporte de alto riesgo en una apuesta casi mortal, en una confirmación funesta de la descomposición de la convivencia en esta urbe dominada por el automóvil y la agresividad.

Y, mientras se deja constancia de que no es Multiva el nombre del estadio de futbol remodelado por el gobierno de Puebla, a cargo del precandidato presidencial panista, Rafael Moreno Valle, como aquí se había señalado a partir de una equívoca referencia radiofónica, ¡hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.