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80 años de dignidad en Cañada Honda: mujeres, campesinas y luchadoras

Dinorath Peralta Saucedo, Colectiva la Castilla Combativa

Las normales rurales por décadas han sido etiquetadas como «semilleros de rojos» o de comunistas, debido a que estas escuelas vieron surgir a míticos luchadores sociales en una escena de la política nacional en la que —tras décadas de una revolución social que no logró resolver los principales problemas que aquejaban a las masas empobrecidas— se perseguía a cualquier tipo de oposición al gobierno priista.

|           La desaparición de los normalistas de Ayotzinapa debilitó los resabios que dejó la propaganda gubernamental anticomunista dirigida a la sociedad en esta época, en la que se criminalizaba a cualquier luchador o luchadora social, independientemente de su ideología. Este crimen atroz del Estado mexicano cubrió de un velo de indignación y tragedia lo relacionado con estas escuelas, ya que en la búsqueda de respuestas, hablar de las normales rurales llevaba a discutir también el tema de la pobreza y el racismo que viven las y los  jóvenes, a quienes el Estado está obligado a dar educación, pero que paradójicamente considera «enemigo público». No olvidemos que la población a la que atienden las normales rurales son hijas e hijos de familias pobres, campesinas, de las periferias, sin más opciones para convertirse en profesionistas y tratar de conseguir un nivel de vida mejor.

Tal es el caso de la Escuela Normal Rural Justo Sierra Méndez de la comunidad de Cañada Honda, en el Estado de Aguascalientes. Esta mítica escuela lleva existiendo más de ochenta años como internado exclusivo de mujeres aspirantes a convertirse en maestras. Al igual que la mayoría en la mayoría de las normales rurales , las estudiantes de la Normal de Cañada Honda son educadas con una orientación hacia la justicia social, hacia el compromiso que tienen las egresadas con sus comunidades y con la gente pobre. De manera digna, las y los estudiantes se reconocen como beneficiados con la educación gratuita, misma que defienden siendo profesionistas, más aún después de la contra reforma educativa.  Dice Aída Huerta, maestra egresada de Cañada que colgara el pasado 7 de junio un video en solidaridad con las normalistas: «Es una escuela que se hizo para formar docentes que no tienen recursos para pagar una escuela como cualquier otra persona. La gran mayoría de nuestro país sufre pobreza, tiene estas carencias y la normal rural permite que estudiemos, que lleguemos a ser unas profesionistas». No es de extrañar  que a pesar de las relaciones desiguales de poder que se cristalizan en el Estado moderno (y que colocan en el polo opuesto al poder a las personas vulnerables que no entran dentro del modelo de desarrollo nacional), al gobierno en particular le resulte incómoda la existencia de las normales rurales, más aun, una escuela exclusiva de mujeres que no se apegan al modelo de feminidad domésticada.

El pasado viernes 2 de junio, las normalistas, junto a otras y otros compañeros de distintas escuelas, cerraron las instalaciones del Instituto de Educación de Aguascalientes para exigir que se dé marcha atrás a la decisión unilateral que tomaron el profesor Raúl Silva Perezchica, director general del IEA; José Antonio Pérez López, coordinador de normales; y Martín Orozco, gobernador del estado, de hacer al internado mixto y eliminar veinte lugares de la matricula, manifestación legal y legitima que fue respondida por la fuerza policial, quienes golpearon a las y los manifestantes. Durante la madrugada del día 7 daban a conocer a personas que habían cortado la luz en toda la comunidad —misma que apoya a las normalistas—  y había elementos policiales afuera de la escuela, por lo que se temía que las desalojaran por la fuerza.

La mayoría de los diarios locales, lejos de dar una versión neutral de los hechos, no hacen sino acrecentar la confusión entre la sociedad hidrocálida, esparciendo rumores de «novatadas» y de actos crueles por parte las estudiantes, entre otras mentiras, dejando de lado el verdadero problema: el hostigamiento del gobierno con medidas que debilitarían a la escuela, recortando el derecho a la educación de las mujeres al reducir la matricula, haciendo a la escuela mixta y elevando de manera elitista el promedio de ingreso; pues la educación gratuita para gente pobre no tiene cabida en el modelo económico neoliberal. A esto se le suma la misoginia de sectores conservadores, que hasta el día 8 de junio en la mañana, habían organizado un evento en FB en el que se incitaba a quemar la normal y agredir sexualmente a las estudiantes a quienes etiquetaban de «macuarras». Un odio profundo a las mujeres pobres con carga racista no puede ser más obvio.

A estas alturas, quizás haya quien se pregunte por qué debería importarle el problema de las normalistas al feminismo. Cierto es que existen muchas clases de feminismo, pero aquellas expresiones interesadas en la génesis de la violencia hacia las mujeres saben que un análisis «generista» no ayuda ni resuelve nada. Apoyar la causa sólo porque son mujeres o hablar sólo de la educación de las mujeres como un derecho a defender, deja de lado cómo se produjo la vulnerabilidad en la que se encuentran las normalistas, por qué son indeseables para el gobierno, la desproporción de poder con el que se les ha reprimido y las agresiones y amenazas a las que son sujetas las estudiantes.

Con la mano en el corazón, la Colectiva la Castilla espera que las normalistas sean escuchadas y obtengan su merecida victoria. ¡Cañada vive!

*emoji de puño en alto*

Minutos antes de enviar la columna, nos enteramos que un autobús con estudiantes de la normal de Tiripetío, había sido baleada cuando regresaban a su estado de origen. Hacemos responsable a Martín Orozco, gobernador de Aguascalientes y demandamos la liberación de los detenidos.

Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva feminista de mujeres, fundada en 2013. Apostamos por la construcción de un nuevo mundo sin opresión de ningún tipo y al trabajo y unión entre mujeres para lograrlo