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A volvernos blancos todos

Ignacio Betancourt

La corrupción no sólo es una actitud política, configura parte de la personalidad de los integrantes de ciertos grupos de poder, quienes implícitamente suponen que su verdad (la depredación) es la única válida para toda la población. No se requiere de mucha inteligencia para inferir que tal actitud nada tiene qué ver con ningún tipo de conocimiento justificatorio, se trata simple y llanamente del uso autoritario del poder; se presenta con tanta persistencia tal actitud que llega a ser no sólo pauta de vida en el autoritario, sino mentalidad impuesta de la manera más intimidatoria en contra de la población.

Pero si los gobiernos no tienen memoria, los pueblos sí la tienen, no sólo de manera escrita sino además como una tradición oral que es la vitalidad de su cultura ¿qué podrían las macanas y las leyes burguesas contra tales fortalezas? La población lo sabe, mientras, los gobiernos se aferran a su propia ignorancia porque les permite suponer que balas y cárceles son suficientes para gobernar, y porque fuera de ella se encuentran totalmente desvalidos y carentes de cualquier justificación histórica. Por qué si no ¿cómo entender el racismo y el clasismo inculcado desde la infancia en escuelas y hogares? ¿cuál es la necesidad de tan nefasta educación? Solamente el impulso de la oscura perversión del autoritarismo: yo sí sé, tú no sabes; la ignorancia te obliga a ser esclavo de mi sabiduría (el pensamiento de los Meade y los Anaya).

Olivia Gall, coordinadora del diplomado virtual “Racismo y xenofobia en México”, promovido por la UNAM, financiado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) e impulsado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), comentó que racismo y xenofobia están “profundamente arraigados en diversos sectores de la población.” Nada más y nada menos que las potencialidades de los ciudadanos a disposición de los grandes depredadores, ese es el presente (y el futuro) del país. Debido a ello a buena parte de la población le resulta “natural” la más inmisericorde explotación del campesino y del trabajador y del indígena. Mas no para ahí la cosa pues asegura la doctora Gall que morenura y negritud han logrado constituirse en estereotipos y entonces “mientras más oscura es la piel se asocian a la persona características discriminatorias” (racistas pues). Así que a volvernos blancos todos, si queremos llegar al cielo.

En un país en donde se imponen a la población criterios tan autodestructivos resulta lógico (por poner algún ejemplo), que la Comisión Especial de la Cámara de Diputados encargada de indagar el caso Ayotzinapa, por cierto dirigida por el nefasto Cándido Ochoa Rojas (priísta potosino), recurra a mil artimañas para postergar por tiempo indefinido la actuación de la misma sin que nadie se ocupe de denunciar tamaña atrocidad. O a que a cuarenta y siete años de realizado el llamado “halconazo” éste siga impune pese a que en él, el gobierno asesinó a decenas de jóvenes estudiantes. ¿A algún funcionario gubernamental de hoy le importa la aplicación de las leyes? ¿le importará el cumplimiento de las mismas a la población?