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Acoso en las aulas: mujeres alzando la voz

Charu Pacheco, Alejandra Cárdenas y Cecilia Tortuga, Colectiva La Castilla Combativa

Al hablar de acoso —en cualquier ámbito de la vida cotidiana de una mujer— se debe puntualizar que se trata de una situación de jerarquía entre un hombre privilegiado y una mujer. El acoso hace referencia a una serie de conductas de apariencia sexual a través de la cual los varones crean la situación de poder. Muchas veces ocurre en la calle, entre desconocidos, pero hay otros casos que nos hacen ver una realidad sumamente lastimosa: la violencia sexual y machista ocurre en su mayoría en nuestros entornos cercanos, en donde se supondría tendríamos que estar a salvo. Uno de los espacios donde se perpetúa es en la universidad.

Por un lado, está el acoso sexual universitario ejercido de compañeros hacia compañeras, ya sean estudiantes o trabajadores y trabajadoras. Este tipo de acoso es muy parecido al acoso callejero que se lleva a cabo en el espacio público —al ser entendida la universidad como un espacio semipúblico—, con la diferencia de que en muchos casos el acosador y la víctima se conocen y se frecuentan. Otra diferencia es que dentro de la universidad hay autoridades específicas que, al mantener una postura pasiva frente al problema, participan como cómplices; son pocas las veces en que dichas autoridades (profesores, coordinadores o rectores) emprenden un proceso para sancionar el acoso y acompañar a las denunciantes. Como ejemplo, están las facultades de agronomía e ingeniería, en las que alumnos de semestres más avanzados —en algunos casos también de nuevo ingreso— chiflan, piropean, califican e incluso arrinconan y tocan a estudiantes recién ingresadas. Estas acciones casi nunca son denunciadas a pesar de ser muy visibles, pues se llevan a cabo en grupos y de forma pública.

Por otro lado, está el acoso llevado a cabo por profesores, coordinadores, directivos o jefes hacia sus alumnas o subordinadas; aquí, la violencia se agrava al ser atravesada por el doble abuso de poder. Estos casos suelen ser más explícitos pero más discretos en su práctica; frecuentemente, el acosador es un individuo con una o varias víctimas en diferentes tiempos y el periodo de acoso llega a extenderse. Se vuelve más fácil de detectar para la víctima pero más difícil de denunciar por la discreción e intimidad con que se ejerce y porque el victimario forma parte de la autoridad institucional, agregando a esto la postura  poco favorable de quienes integran la universidad.

Este tipo de acoso tiene consecuencias negativas en las personas que lo viven; la victima comienza a sentirse insegura de sí misma, a cambiar de clases o incluso renuncia a la universidad. La mayoría de las víctimas deciden no denunciar por miedo a las represalias (baja de calificaciones, condicionamiento de proyectos de investigación, la falta de asistencias contadas, la revictimización, la criminalización, etc.) y, sobre todo, por la indiferencia e invisibilización de parte de las autoridades universitarias que no se interesan en implementar mecanismos de acción para erradicar el acoso sexual.

La UASLP se ha consolidado como un espacio de gozo y júbilo para los profesores acosadores. Para muestra, presentamos (recortado por cuestiones de espacio) el testimonio de una exalumna de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí:

Fui estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas y a partir del segundo semestre Ramón Manuel Pérez Martínez, que era mi tutor, nos llamaba a su cubículo para entablar una conversación y después pedirnos nuestro numero personal. Enviaba mensajes saludando, luego, ya que se ganó mi confianza me invitó salir; me saqué de onda, pero me terapió chido, así que acepté. Ya [en] la relación de confianza me invitó a tener sexo, en muchas ocasiones dudé pero él sabía cómo jugar sus cartas, así que acepté. Así pasó hasta cuarto semestre donde ya me tenía bien amaestrada. En una ocasión el profe me dijo que me acostara con su amigo, eso me dolió mucho porque me di cuenta de que no sentía nada bueno por mí. Yo tenía una beca la cual pagaba con horas; me puse a platicar con una chica que también cumplía con horas de beca. Ella me dijo que ella y otra chica habían ido de asistentes [a un coloquio en otro estado]; me dio pena pero le pregunté y casi se echó a llorar, me dijo que los doctores [Pérez y su amigo] habían querido tener sexo con ella y la otra chica. El doctor me mandó un correo donde me pedía perdón, yo le contesté diciéndole que lo sabía todo, que ya sabía cómo y quién era en realidad. Lloraba mucho siempre. Al día siguiente nos mandó un correo, a mí y a mi compañera, dónde nos decía que ya sabía lo que lo que queríamos hacer, pero que  nos la pelábamos porque él nos demandaría a nosotras por difamarlo, que ya había hablado con su abogada y con los jefes de la Coordi, que fuéramos a donde quisiéramos, que nadie nos iba a creer ni hacer caso, que total, en la coordi eso había pasado desde siempre y que a los altos mandos les daba igual, que las únicas perjudicadas seriamos nosotras, que incluso había hablado con su esposa y le había contado lo que había ocurrido; según él, lo único que su esposa le dijo era que a la próxima escogiera bien con quien se metía, no con niñas débiles e inmaduras. Yo dejé la carrera, me costó mucho llegar ahí; me fui de San Luis. La que fue mi compañera se graduó, ella si tuvo el aguante de seguir ahí. Pedí asesorías en ese tiempo, me estuve moviendo, pero me sentía vulnerable y de alguna manera él logró su cometido, cómo hay personas que fingen ser los más buena onda y tú ni cuenta te dabas que estabas siendo violentada. Lo cagado es que en ese entonces era director [SIC] (el agresor es profesor de la maestría, sin embargo, nunca ha ocupado el puesto de director) de la Maestría en Derechos Humanos UASLP que daba la Facultad de Derecho Abogado Ponciano Arriaga Leija, UASLP.

En México, sólo 6 universidades autónomas cuentan con protocolos contra el acoso sexual; en la UASLP se acaba de dar a conocer la realización de uno que fue elaborado en periodo vacacional sin consultar las propuestas y peticiones de las alumnas que ya habían trabajado en un prototipo de protocolo. Alumnas e integrantes de esta colectiva, manifestamos nuestro descontento hacia tal protocolo, que además de todo, cuenta con acciones revictimizantes.  En él se contempla la mediación como una forma de resolver las denuncias en caso de que sea considerado «acoso leve» —de acuerdo a lo dicho por Victor Arreguin—. Otra cuestión preocupante es que no se retomaran los casos de acoso anteriores a la aprobación del mismo, lo cual está designado en el mismo documento para el 7 de octubre del presente año. Es necesario tomar en cuenta los casos anteriores como un dato que se sume a la estadística histórica que coadyuve a la visibilización del acoso sexual que se encierra en las aulas y demás espacios universitarios de esta máxima casa de estudios; de este modo podríamos generar un banco de datos y evaluar la efectividad de la aplicación del protocolo, de modo que atienda a un mecanismo de transparencia y de acceso a la información.

Es inminente escuchar al grupo más vulnerable al acoso y hostigamiento sexual en la universidad: las alumnas. Nosotras conocemos el problema, lo experimentamos y hablamos desde la rabia, desde la indignación que han dejado años de impunidad para los profesores acosadores.

#NoConfiaremosEnElObservatorio

#LaInstitucionalidadNosViolenta

#HermanaYoTeCreo  #NoEstánSolas

Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva feminista de mujeres, fundada en 2013. Apostamos por la construcción de un nuevo mundo sin opresión de ningún tipo y al trabajo y unión entre mujeres para lograrlo