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3 julio, 2015

¿Actuará la Dra. Monroy?

Ignacio Betancourt

E l mal ejemplo cunde, la idiotez declarativa se propaga en la totalidad del gabinete llamado presidencial, en días pasados declaró el empresario Enrique Martínez y Martínez, secretario de Agricultura, que lo que existe en el país con miles de niños explotados laboralmente no es explotación infantil agrícola sino: “la enseñanza de los padres a sus hijos del amor a la tierra y las labores agrícolas”. ¿Qué tal la desvergüenza? ¿Se parece o no a las declaraciones de su jefe?

Algo de sumo interés para quienes se ocupan de pensar en los acontecimientos sociales son sin duda los mecanismos justificatorios que se incrementan en el gabinetazo gubernamental, imaginar la “doma de la conducta humana” es equivalente a convertir la explotación infantil justificada por el ADN gandalla (según Peña Nieto), en la manera natural como el padre transmite a los hijos el aprendizaje de la agricultura. Si el señor secretario de Agricultura hubiera manifestado que se trata de acostumbrarlos a la explotación desde niños, habría sido más cínico pero menos estúpido. Lo anterior es la señal inequívoca de que el grupo político que atosiga al país con sus “razonamientos” se siente omnipotente, omnisapiente y omnipresente (atributos que sólo correspondían al Yahvé judeocristiano), tales fanfarronadas son una de las consecuencias de tener garantizada la impunidad, de otra manera no se atreverían a proferirlas. Se me ocurren dos hipótesis para explicar dichos sucesos: a) La impunidad vuelve idiotas a los impunes; b) Si se impone jurídicamente y con policías y soldados, la idiotez es una virtud del gobernante.

El que los niños explotados en los campos resulte un paternal aprendizaje, sólo se lo puede creer alguien acostumbrado a vivir del trabajo de otros, por ejemplo el secretario de Agricultura, su convicción resulta equivalente a suponer que los llamados “niños de la calle” venden chicles porque a ellos les gusta mascar chicle y quieren convidar a otros al mismo disfrute. Por supuesto no es lo mismo que cualquier enajenado hijo de vecino piense tal estupidez, a que lo hagan quienes intentan imponerlo como una “verdad histórica” y presuponiendo que no aceptarla implica un acto de ilegalidad o por lo menos una subversiva actitud, punible por las leyes que imponen a su antojo y que deben ser entendidas por el ciudadano como palabra divina. Ahora que están de moda las evaluaciones resulta una necesidad nacional evaluar la salud mental de todo tipo de gobernantes.

Pasando al cómic de El Colegio de San Luis (Colsan) por el que los lectores de esta columna me han preguntado, diré que la historieta y sus impredecibles peripecias, a petición popular continuarán. Dados los recientes acontecimientos el título podría cambiar por el de “Justicia divina”. Las vicisitudes del autor de esta columna en El Colegio de San Luis (la impunidad con que agreden las autoridades) se entrecruzan con el irreprimible gusto por apropiarse de trabajos ajenos y firmarlos con su nombre, del concuño de Felipe Calderón e investigador en el Colsan Juan Pacual Gay; debido a ello la historieta adquiere nuevos rumbos.

Debo confesar que había decidido no continuar la narración pues el cinismo y la prepotencia que predomina en el Colsan, como lo demuestra palpablemente el desprecio absoluto por las pruebas documentales con que denuncié el atropello del que fui víctima por parte de las autoridades (Secretaría General, Secretaría Académica, Presidencia, Órgano Interno de Control y Consejo Académico) me hicieron creer que era imposible exigir justicia; ante la desvergüenza generalizada con que fue recibido mi reclamo, llegué a pensar que era inútil toda interna impugnación.

De manera azarosa, la denuncia pública del Dr. Guillermo Sheridan aparecida el pasado martes en su columna del periódico El Universal, me dio nuevos ánimos para continuar las denuncias (¿actuará la Dra. Monroy?); el plagio que realizó el Dr. Pascual Gay (esposo de la hermana de la candidata panista a la presidencia de la república) en perjuicio de Guillermo Sheridan, connotado académico de la UNAM, quien denunció el robo del protegido de la presidenta del Colsan (lo puedo comprobar), le da nuevo aire al cómic que sobre las corruptelas de cierto mundillo académico se cuentan desde hace algunas semanas en REFICCIONES; continuará la historieta (si alguna eventualidad no lo impide). Una necesaria aclaración: la denuncia del Dr. Guillermo Sheridan en El Universal dice que el presidente de El Colegio de San Luis es el “Dr. Rosalío Lázaro Mena”, se debe aclarar el equívoco, el nombre del mencionado es el del trabajador que conduce el auto donde se transporta la presidenta del Colsan que es la Dra. Isabel Monroy.

Pasando al hebdomadario asunto de la Secretaría de Cultura se informa que de nuevo los burócratas incumplieron la cita con la Comisión Mixta que coordina el Centro Cultural Mariano Jiménez desde octubre del año pasado; seguramente no encuentran justificación válida para excluir a la sociedad civil de las actividades culturales que consideran su feudo exclusivo. ¿A qué artimañas recurrirán de aquí a septiembre?

Del poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975), su poema titulado Las feas palabras: En la garganta de un beodo muerto/ se quedan las palabras que despreció la poesía.// Yo las rescato con manos de fantasma/ con manos piadosas es decir/ ya que todo lo muerto tiene la licuada piedad/ de su propia experiencia.// Furtivamente os las abandono:/ feas las caras sucias bajo el esplendor de las lámparas/ babeantes sobre su denudez deforme/ los dientes y los párpados apretados esperando el bofetón.// Amadlas también os digo. Reñid a la poesía/ la limpidez de su regazo./ Dotadlas de biografía ilustre./ Limpiadles la fiebre de la frente/ y rodeadlas de serenas frescuras/ para que participen también de nuestras fiestas.