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Afrontar tu efecto

Luis Ricardo Guerrero Romero

Precisamente ayer a las 23:15 horas, estábamos hablando sobre cómo era posible que la respetable y educada Adriana Romina Lain, hiciera uso del arma de su padre –un antiguo hacendado de Zacatecas y benefactor del pueblo– para afrontar al jefe del comando. Quizá fueron esas juntas que comenzó a procurar cada fin de semana lo que la orilló a aprender el uso de las armas de fuego, los juegos de apuestas, las ventas de droga, el consumo de alcohol y el descrédito del amor, o tal vez eso ya lo traía en la sangre, pues según nos contaron ella tenía unos parientes lejanos que habían estado en contubernio con Ángel del Villar. No sabemos cómo pasó, pero “la hermosa” –así le decían entre socios a la ahora forajida Adriana–, tuvo el valor e inteligencia de acabar con el cártel que había desencadenado el peligro en la tierra del Cerro de la Bufa. Hay versiones de que ahora se encuentra resguardada en alguna antigua hacienda y desde allí sigue moviendo piezas importantes en el negocio verde, pero hay otros testigos que aseguran la vieron partir en un helicóptero rotulado con su mote, una noche antes del incendio de la semana pasada aquí en Chalchihuites. Parece increíble que un arma para el resguardo familiar haya generado el cambio radical en la vida de Adriana. Como haya sido, sólo nos resta afrontar el efecto, tal como se nos anuncia en el perifoneo: afronten el efecto “la hermosa”.

El tiempo que resiste una población para soportar algo, es relativamente proporcional al tiempo de afrontar los efectos, inclusive en forma personal los problemas o pendientes que irrumpen la mayor parte de nuestros planes, donde se templa nuestra fortaleza, prueban la capacidad inventiva e inteligente para afrontar ese evento inesperado que llega para preocuparnos y hace que planteemos una solución en nuestras actividades, o sea, nos hace afrontar para después salir victoriosos o vencidos, sólo un par de caminos con múltiples opciones es lo que tenemos. Tal fue la suerte de Romina Lain, que de no haber afrontado al comandante, ese día su historia acabaría.

Sin embargo, además de nuestro temperamento, la misma historia de la palabra afrontar nos revela su quehacer, la cual es posible rastrear en la antigua lengua griega como: φροντις(frontis) cuidado y preocupación, pero más aún su antecedente es φροντιζω (frontizo), pensar, inquietarse o tramar. Es así que inclusive hasta hoy la palabra frente es símbolo de pensamiento para actuar o tramar, esta palabra griega fue la encargada de que hasta ahora le demos nombre a ese ejercicio de vencer la preocupación. Además de ello, distinguimos que, la palabra afrontar, está compuesta en nuestro lenguaje a partir del latín: a-frontis, (a=sin, indica privación o ausencia en casos de alfa privativa), por eso afrontar es desafiar, quitar las preocupaciones, las tramas, para entonces actuar. La trillada sentencia: “afronta las consecuencias”, no indica lucha y pela; o ponte de frente a tu problema, más bien exhorta a pensarlas, a cuidar cómo actuar ante determinado suceso. La conclusión es llana y sencilla, afrontémosla. Ya lo dijo el visionario Henry Ford: “La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos”.