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Algunos sonidos nefastos

Luis Ricardo Guerrero Romero

“Los ojos se enfurecen, las lenguas giran/ el cielo afluye a las narices/ como azul leche nutricia;/ estoy pendiente de vuestras bocas/ mujeres, duros corazones de vinagre” (Antonin Artaud). Estos versos que rememoré de uno de los poetas malditos recuerdan mi voz la palabra nefasto, que a la vez me recuerda cuando los hombres nacen, crecen, se reproducen y creen en volver a nacer, que a su vez me hace acordarme de que recordar es volver al corazón, el lugar en el que algún tiempo estuvo el hombre Fabre.

Conocí a Xavier Fabre en la venta de objetos usados, traía en las manos las señales de su historia, pero también de su futuro, al saludarme una malla oxidada me apretó junto con su personalidad, su mano era su vida, su mano su historia, su mano un puñado de experiencias cansadas, barrenadas por el nefasto hecho de no pedir nacer. Su voz era ardiente, brillo cobrizo del color de un cigarro siempre en ascuas, su aroma, igual al de su voz, palabras pletóricas de nicotina me narraron mil historias nefastas.

Sentí compasión de mí compasión y decidí fumar con él, maldiciendo los amores femeninos que nos abandonaron a la suerte de objetos usados. Jean Paul Sartre señaló: “La libertad es el ser humano en cuanto pone su pasado fuera de juego, segregando su propia nada.” No escuchar estas palabras sería nefasto, es decir sería un hecho maldito por la ley divina, tomando en cuenta que la palabra latina nefastus, significa eso, sin embargo, nefasto tiene una palabra que en cierto modo le precede: “nefas”, lo que es contrario a la voluntad divina.

La palabra nefasto se puede entender de forma completa o bien en sus partes, ya que ne-fastus, hace referencia a conjunción latina ne, que unida a verbos de voluntad se resuelve como un: que no. Queda la pregunta ¿Qué no, qué? La otra parte que resta con significado hace alusión al fatum, el oráculo o vaticinio, lo que se conoce comúnmente como hado. Una manera de entender esta unión sería: que no al destino, al destino que Dios contemple, que sencillamente es morir, el destino de todos.

Es aquí donde entra la pluma salvadora de mentes aureoladas y nos dicen sabiamente que hay que morir para nacer en verdad, en el espíritu. Lo nefasto es a la vez lo fatal, la fuente de problemas desde el zumbido afilado de un zancudo en el oído, hasta un tabique arrojado por una mujer al corazón y que logre que el corazón duerma.

En resumidas cuentas, al expresar este adjetivo nefasto, lo que se dice es una idea de negar el destino.

A Xavier Fabre le parecían nefastas algunas de las mujeres con las que ejecutó el coito, pero más nefasto era el escuchar gritos de dolor, sufrimiento y pena, maquillados de placer de carne sin espíritu, eran para él sonidos nefastos que excitarán al futuro.