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Alianza perversa

Ignacio Betancourt

Terrible condición la del ciudadano de un país cuyo gobierno es el principal enemigo de la ciudadanía. A partir de las políticas públicas ejercidas por los peores, existe una incompatibilidad trágica entre los intereses de los llamados gobernantes y los de millones de hombres y mujeres victimados (y en cierta medida envilecidos) por la voracidad de otros hombres y otras mujeres muy ajenos a las mayorías. Resulta que este reducido grupo de gobernantes antepone de manera brutal su obsesión por el enriquecimiento ilícito y la depredación más escandalosa e impune. Con toda razón, ya en 1812 escribía Miguel Ramos Arizpe refiriéndose a los agobios ciudadanos: “¿Qué ha de hacer ese hombre? Cuanto más honrado sea, tanto mayores son sus apuros”.

La alianza perversa entre gobierno mexicano y grandes empresarios (nacionales y trasnacionales), determinada por la coincidencia de objetivos, no considera desde ninguna perspectiva el bienestar colectivo ni por supuesto los más elementales derechos humanos. El primer corrupto del país afirma: “Hoy se alzan voces que nos convocan a regresar al pasado, aislarnos e ignorar los cambios tecnológicos, económicos, sociales que han trasformado a México y al mundo”. En realidad se refiere a la necesidad de que las propias víctimas acepten el humillante deterioro de su condición social y humana en pos de un futuro magnífico (sólo para minorías) y siempre inalcanzable para las mayorías más expoliadas. En su reiterada perorata continúa sin freno ni medida el impecable modelo de corrupción que se ostenta como presidente de la República: “México es un país de instituciones que ha sabido transformarse para responder a los cambiantes retos internos e internacionales”. (es decir a las muy particulares necesidades de los más nefastos y desvergonzados). A la población agredida le corresponde poner un alto a tan insultantes agresiones pues resulta inútil esperar del gobierno mexicano el mínimo esfuerzo por detener los fabulosos robos de miles de millones de pesos y la cotidiana permisividad para todo tipo de delincuentes (en primer término los propios funcionarios). Ahora resulta que a nombre de la modernidad habrán de incrementarse los latrocinios sobre las mayorías nacionales, y todo aquel que se oponga será un lamentable “populista”, enemigo del progreso y por lo tanto apto para ser defenestrado sin atenuante alguno.

Por si alguien no lo sabía, en nuestro querido México existen (hasta 2016) ochenta y dos mil personas en prisión preventiva, es decir, encerradas en una cárcel esperando ser condenadas o absueltas. Tal atrocidad se acentuó durante el sexenio de Felipe Calderón (sí, el mismo que ahora quiere seguir gobernando a través de su cónyuge), y poco importa que sean inocentes los encarcelados preventivamente estos deberán esperar uno de los procesos más extraordinariamente burocráticos de la de por sí lenta burocracia mexicana. Para Ripley, durante el insufrible sexenio calderónico, de 6 mil 552 detenciones el Ministerio Público solamente logró 3.2 por ciento de las sentencias. Tejones porque no hay ardillas pues la dilación en las salas penales y los juzgados de distrito o los tribunales unitarios, llegan a tardar años en emitir sus resoluciones. Obviamente los más afectados son los ciudadanos críticos, los indígenas detenidos y todos aquellos que carecen de recursos económicos o amistades tranzas. No es gratuito que el Instituto de Justicia Procesal mexicano haya advertido ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos “que uno de los grandes retos en México es resolver el abuso irracional de la prisión preventiva”. Aún así el PRI y el PAN insisten en militarizar al país pues saben que incapaces de generar empleos, educación o salud entre la población, a balazos y macanazos podrán mantener los gobernantes su impunidad a salvo de cualquier contratiempo por parte de quienes “populistamente” se atreven a señalar lo insoportable de la realidad social propiciada por un gobierno sometido a los más antipopulares y nefastos intereses. Viene a cuento una décima endecasílaba de versos pareados escrita por el poeta jalisciense José Rosas Moreno (1838-1883) y publicada en La ilustración potosina el año de 1869. El poema se titula Una lección seria, desborda ironía y un impecable dominio del verso, pero lo más espectacular del poema es su vigencia a ciento cuarenta y ocho años de su publicación, dice así: Quinientos pesos se robó Verea /y lo hicieron alcalde de su aldea; / robose cuatro mil en el juzgado / y lo eligieron luego diputado; / y se robó diez mil en el Congreso / y al momento ministro fue por eso. / En cambio un peso se robó Escalante / y le dieron la muerte en el instante; / ya ves lector, que la lección es seria,/ nunca es bueno robar una miseria. Bien podría haberse publicado tal conjunto de versos en estos inicios del siglo veintiuno, pues la inveterada y burocrática costumbre que se representa aún no ha podido ser erradicada.  

Hace algunos días Jaqueline Peschard, presidenta del comité coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción, llamó a un gran pacto contra tan depravada costumbre que ha hundido al país, señalando que si se quiere superar tan dolorosa situación se deberá entender que para oponerse a los corruptos “no es suficiente tener buenas intenciones o voluntad política, porque es un problema estructural de tal magnitud que hay que echar mano de todos los medios posibles (…) Sólo así podemos atacar sus causas de raíz y no sólo sus manifestaciones más burdas y lacerantes”. La tarea para la ciudadanía es ingente pero si los propios afectados no son capaces de arreglar el asunto, el cinismo gubernamental seguirá cebándose sobre millones de atribulados ciudadanos. Y como cereza en el pastel de la aparentemente eterna corrupción mexicana, bien se puede señalar la escandalosa entrega que los esbirros del gran capital han hecho de los pozos de Pemex junto a petroquímicas, plantas y demás infraestructura; sin mayor disimulo han regalado (como si fueran de su propiedad) tal infraestructura a quienes aparte de las tajadas millonarias que otorgan por debajo del agua a los funcionarios realizadores de tales transacciones (habría que escribir “tranzacciones”) sólo llegan al país a depredar “legalmente” la de por sí depredada riqueza nacional.

Del poeta nicaragüense Alfonso Cortés (1863-1969) el poema titulado Canción del espacio: La distancia que hay de aquí a / una estrella que nunca ha existido/ porque Dios no ha alcanzado a/ pellizcar tan lejos la piel de la / noche. Y pensar que todavía creamos / que es más grande o más / útil la paz mundial que la paz / de un solo salvaje… // Este afán de relatividad de / nuestra vida contemporánea, es / lo que da al espacio una importancia / que sólo está en nosotros, / y quién sabe hasta cuando aprenderemos / a vivir como los astros, / libres en medio de lo que es sin fin  / y sin que nadie nos alimente. // La tierra no conoce los caminos / por donde a diario anda, y / más bien esos caminos son la / conciencia de la tierra… Pero si / no es así, permítaseme hacer una / pregunta: Tiempo ¿dónde estamos/ tú y yo, yo que vivo en ti y/ tú que no existes?