Se dará oportunidad a maestros que no acudieron a la evaluación: SEP
26 noviembre, 2015
violencia desaparición propuesta de reparación enfrentamientos Cuajinicuilapa , pensiones ,
La Policía Federal “abusó de la fuerza” en Apatzingán: CNDH
26 noviembre, 2015

Ambulantaje: prometer, flaquear y claudicar

Óscar G. Chávez

Fue durante el periodo de Mario Leal Campos al frente de la alcaldía capitalina, cuando gracias al uso de medidas drásticas y haciendo valer la fuerza pública, se logró desterrar a los comerciantes del centro histórico y replegarlos de manera parcial en espacios construidos ex profeso para su confinamiento. La ausencia de ambulantes permitió dotar de una nueva fisonomía a los espacios centrales de la ciudad.

El escenario principal, la calle Hidalgo, lucía despejada en totalidad y permitía ser apreciada a plenitud durante el tiempo que se transitaba sobre ella en el espacio peatonal comprendido entre la plaza de Armas y la calle de Guajardo, donde concluía la zona cerrada al tránsito vehicular. Los ya tradicionales puestos expendedores de fayuca, entre la que sobresalían mercancías como bolígrafos, casetes, cigarros, cremas embellecedoras, lentes solares, lociones, medicamentos, relojes, zapatos deportivos, y ropa, en cantidades reducidas, habían desaparecido y con ellos los obstáculos visuales que impedían un libre recorrido sobre esa secular rúa.

Pocos años después el espacio peatonal de la calle de Hidalgo obtenido a partir de la expulsión de los comerciantes ambulantes, sirvió de modelo para que la calle Zaragoza fuera cerrada al tráfico motorizado, peatonalizada y de unión entre la ya referida de Hidalgo y la calzada de Guadalupe.

Los espacios asignados a los ex ambulantes como el mercado San Luis 400, un salón de la calle Julián de los Reyes y una zona rescatada en la calle Tomás Vargas, desde inicio fueron espacios condenados al fracaso por el rechazo de los mismos inquilinos, sin embargo, la presencia del comercio informal en las calles logró mantenerse a raya por varios periodos en los que se alternaron diversos alcaldes.

La decadencia de la institución municipal, y de la figura del alcalde, fue inaugurada por Jorge Lozano Armengol y acertadamente continuada por Victoria Labastida Aguirre, alcanzando flamante corolario con Mario García Valdez. Nueve años de indolencia total en que el centro fue entregado al abandono, ambulantaje, a la anarquía, y a la inseguridad. Caos e inmundicia rodearon a los vetustos edificios y el centro ya no constituyó ningún atractivo para propios, mientras que los ayuntamientos con el mayor de los cinismos se regodeaban ofreciendo a los turistas y visitantes una imagen inexistente.

* * * * * *

Para el rescate del primer cuadro de la ciudad, uno de los principales problemas que enfrenta nuestro gallardo alcalde, quien inició su campaña con promesas casi utópicas, será la batalla contra el comercio ambulante que lo invade como plaga bíblica; desafortunadamente parece ser que no será él el Moisés que logre contenerla ni sacar adelante al pueblo al que ofreció una promisoria ciudad.

Su primer retroceso ocurrió cuando en deslucida y desvirilizada declaración, frente a las críticas de la organización Nuestro Centro, señaló que él no había prometido retirar a los ambulantes del centro histórico. Luego vinieron los reveses en el marco de las fiestas septembrinas y de días de muertos, cuando los informales demostraron tener los arreos para instalarse en el momento que quisieran y poner a la venta los artículos que ellos decidieran, y no los estipulados por la dirección de Comercio municipal.

Los días anteriores se han caracterizado por manifestaciones y enfrentamientos constantes entre las autoridades municipales, respaldadas por la fuerza pública, y los comerciantes informales que se niegan a ser retirados de los sitios que se habían apropiado a ciencia y conciencia, ante la mirada cómplice y desviada de los anteriores alcaldes.

Bloqueos, fogatas, marchas, y connatos de violencia han ejercido los ambulantes como respuesta a las todavía tibias acciones del Ayuntamiento, quien no se ha atrevido a disponer de una acción enérgica a totalidad que logre el retiro de los informales.

Mientras tanto, y como queriendo desviar las atenciones ciudadanas y de medios de comunicación al matizar ese blando actuar, han emprendido una campaña de amenazantes declaraciones contra los comerciantes del tradicional tianguis dominical que se establece en las márgenes de las vías ferroviarias que van a la antigua ASARCO, en el norte de la ciudad.

Desafortunadamente se enfrenta a un problema que seguramente hará decrecer la supuesta popularidad con la que cuenta entre la ciudadanía, toda vez que aquel tianguis ha sido no sólo tolerado, sino incluso impulsado por autoridades y ciudadanía, logrando constituir un atractivo y referente dentro de los tianguis en los que se expenden diversas mercancías atractivas a todo tipo de clientes y que incluso guarda cierta similitud con el de La Lagunilla, en la ciudad de México.

Ciertamente los comerciantes que se congregan en torno a aquel espacio han mostrado constantes faltas de respeto a los vecinos de la zona, pero también ha sido gracias a la indiferencia e incluso complicidad de las autoridades municipales, quienes no se han mostrado interesadas en lograr espacios de confinamiento vehicular para los comerciantes, ni de estacionamientos para los concurrentes; no logrando resolver tampoco problemas como el de la basura y los problemas viales.

Es un hecho que si el tianguis dominical es reubicado, será un daño mayor el que se cause a la zona, ya que indiscutiblemente también constituye una fuente de economía para algunos vecinos del rumbo. Y es más que lícito afirmar que pocos serán los que concurran al alejado espacio en el que serán confinados. Sería más fácil encontrar soluciones de infraestructura a los problemas que genera este mercado.

Por el contrario, en el caso de los ambulantes, al margen de las garantías de competencia que se darán a los comerciantes establecidos, los espacios que se recuperarán y la fisonomía que se otorgará al centro permitirán valorar la ausencia de aquellos y los logros municipales.

De cualquier forma, me atrevo a asegurar que lo hasta ahora realizado, son acciones encaminadas a que en un futuro nada lejano, días incluso, la autoridad municipal señale que se ha visto en la necesidad de dialogar y llegar a un acuerdo. El resultado será que los ambulantes no saldrán del centro histórico; ya se acercan las festividades decembrinas, veremos resultados.

Ya lo han dicho analistas políticos, y ciudadanía en general, San Luis Potosí no es Soledad; no es lo mismo gobernar una ciudad con una población de actuares heterogéneos y que casi llega al millón, que un municipio semirural con la cuarta parte de esa población. Las acciones rumbosas y populistas encaminadas a aletargar a la ciudadanía y a mostrar a su preboste como el hombre fuerte del entorno, aquí no aplican.

Conveniente sería que Ricardo Gallardo dedicara un tiempo a la lectura de la novela de Juan Rulfo, El gallo de oro, quizá le permitiría comprender muchas cosas. De ser reticente en afectos a practicar la lectura, recomiendo entonces la película del mismo nombre dirigida por Roberto Galvaldón, con López Tarso en el estelar. Aunque los argumentos son diferidos, el mensaje es el mismo. Esperemos entienda de metáforas.