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Carlos López Torres

T ampoco se puede según reza el viejo refrán popular: chiflar y comer pinole. Sin embargo, en el surrealista San Luis Potosí todo se puede. Todo depende de quién lo pretenda hacer. Algunos diputados, por ejemplo, pueden ser langostas devoradoras del presupuesto y chapulines sin parecerlo.

Tal es el caso de algunos legisladores que les gusta hacerse como el Tío Lolo… presumiendo tener capacidad para hacer dos cosas a la vez. Jaén Castilla Jonguitud es uno de los poseedores del don de la ubicuidad. El aturquesado diputado, quien se ostenta como candidato a la alcaldía capitalina, asegura tener la capacidad suficiente para no “descuidar el tema legislativo”, pasando desapercibido como chapulín, al cabo “la candidatura es aquí mismo en la capital”, advierte en su soliloquio sin sonrojo alguno.

Otro que no canta tan mal los sones huastecos es el diputado Crisógono Sánchez Lara, también del partido turquesa “a güevo”, candidato saltarín a la presidencia municipal de Tampacán, también pretende seguir mamando y dar tope a juzgar por su demora en la solicitud de licencia como levantadedos.

Y aunque el camaleónico chapulín Alfonso Díaz de León también es candidato a diputado federal ahora por el descompuesto partido de los azulinos, dice estar a punto de decidirse a solicitar licencia a su actual cargo de diputado local por el partido de los tucanes, es fecha que todavía no se decide. ¿Será por aquel calambre del expediente resucitado por la procuraduría?, cuyo titular no sirve ni pa’l arranque.

Independientemente de que no se puede sopear con gordas, ni hacer tacos con tostadas, lo que tendrían que hacer los diputados del chapulinato potosino es primero demostrar que efectivamente cumplieron a cabalidad su función, rendir cuentas de su trabajo legislativo y su independencia frente al Ejecutivo.

Ni modo, el que habla lo que no debe, oye lo que no quiere. Lo cierto es que en la descomposición del viejo régimen, los diputados, de manera dramática los de las legislaturas locales, no sólo han evidenciado su inutilidad como representantes “populares”, sino han cargado con la mayor parte del descrédito, aunque como se van perfilando las cosas el titular de Ejecutivo estaría por empatarles el nivel de impopularidad que mantienen los legisladores actuales, aspirantes muchos de ellos a continuar en el presupuesto.

La coyuntura electoral plantea por otra parte, ¿qué hacer como ciudadanos frente a las decadentes prácticas político-electorales de quienes han llegado al extremo de considerarse indispensables en la conducción de la vida pública, con cargo a nuestro esfuerzo e impuestos?