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Astillas solidarias

Óscar G. Chávez

I gnoro bajo qué premisas funcionen los diarios impresos en este país. Difícil resulta aventurarse a este respecto en el complejo mundo de la opinología, si no se vive dentro del monstruo, sin haber pasado por sus fauces para buscar cobijo en sus entrañas. Queda claro que sólo aquellos que viven de él y para él, saben cómo se dan las relaciones entre propietarios y directivos de medios y las altas esferas de gobiernos locales y nacionales.

Fue Julio Scherer García quien vino a demoler los pedestales en que se habían situado algunos grandes del periodismo de la vieja guardia; sin ningún tapujo hizo públicos en su libro Secretos de familia, los nombres de periodistas que recibían emolumentos provenientes de las partidas oficiales. Se supo así lo que en su momento recibieron personajes de amplia trayectoria. Quiénes en su sano juicio podían mantenerse ajenos a estas compensaciones.

Toca hoy a otro Julio lidiar con señalamientos que lo colocan dentro de aquellos periodistas que se han visto beneficiados por el poder con el ejercicio de su oficio profesional. La mayor parte de estas acusaciones han sido vertidas a través de las redes sociales sin mayor apuntalamiento que la primera hoja de un contrato de publicidad entre Julio Hernández López, en su carácter de representante de La Jornada San Luis, y el gobierno del estado de San Luis Potosí. ¿Cómo subsisten los medios periodísticos en nuestro país si no es a partir de la publicidad oficial?

A pesar de lo endeble de las pruebas, la simiente de la duda fue esparcida perversamente, y en días anteriores el periodista libró una batalla tuitera entre cuentas que le cuestionaban acremente y rayaban desparpajadamente en la calumnia. Hubo también expresiones de solidaridad hacia el periodista, y otras –las de sus seguidores– que pedían explicación al respecto. La mayor parte de los comentarios, al margen de su origen, fueron respondidos.

Llaman la atención, a mí en particular, aquellos tuits en los que se menciona que Julio Hernández López, en su calidad de director de La Jornada San Luis, y este diario, han dado línea a los reporteros y colaboradores del mismo para el encubrimiento o el ataque a personajes, según la línea periodística adoptada por el diario en su momento.

Sin detenerme a realizar una defensa a ultranza de Julio Hernández, debo señalar que el anterior asunto –el de los dictados de la línea periodística– es tema que me concierne por colaborar en este diario como columnista los días martes y jueves.

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Cuando fui invitado a colaborar en este medio periodístico por Julio Hernández López, en ningún momento se me indicó que debería adecuarme a líneas editoriales establecidas por el diario o que hubiera personajes de la vida pública local que fueran intocables. Dentro de esos parámetros la única indicación fue precisa: Escriba lo que quiera… Sólo hay tres criterios que cuidamos: no ataques a la vida privada de nadie; no acusaciones graves que no se puedan demostrar, y no mala escritura. Escriba lo que quiera y como quiera.

A lo largo del ejercicio como columnista, que no como periodista ya que mis escritos distan mucho de adecuarse a ese rigor, he tratado de dar cumplimento a los lineamientos que se me fijaron en inicio; debo ser preciso en señalar que en reciprocidad a aquellos señalé a la redacción del diario que en el momento que a algún texto de mi autoría se le modificara alguna parte medular, aunque fuera en mínimo, suspendería mis colaboraciones.

Fuera de consideraciones de tipo técnico que ha tenido conmigo el diario, ninguno de mis textos ha sido tocado o alterado, salvo en alguna ocasión en que un título fue excesivo por llamar al Ayuntamiento yunta de imbéciles, y esto lo supongo por razones de elemental respeto a los lectores. Fuera de ésa, en ninguna otra se me ha reconvenido por los escritos que he dirigido contra el Ayuntamiento y sus integrantes; gobierno del Estado; Secretaría de Cultura; Congreso local; el ahora alcalde electo de la capital por su tránsito en la alcaldía soledense y desde luego a la iglesia católica. Los escritos han ido también a ámbitos nacionales en los que me he ocupado de los entramados vínculos familiares de las familias que ejercen el poder.

En tres ocasiones abordé el tema de la pederastia clerical en San Luis Potosí, y se señalaron los nombres de los responsables por acción o encubrimiento. Nunca se me pidió suprimir nombres o limitar señalamientos.

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Convencido de la libertad que para escribir me ha concedido el diario, y por consiguiente su director, mi interés por ofrecer al público lector artículos y temas de mayor interés y calidad, me ha llevado a tratar de incrementar mis fuentes de información e incluso a proponer para participar con colaboraciones para el mismo diario a quien cree también en la libre expresión y la necesidad de transparentar la información pública.

He visto también cómo incrementa la lista de colaboradores en las versiones impresa y digital; colaboradores jóvenes ajenos a cualquier compromiso político-monetario cuyo único interés es la difusión de sus ideas. He conocido las penurias que, por desempeñar actividades que les requieren mayor dedicación, enfrentan otros colaboradores para entregar a tiempo sus escritos. También he sido partícipe del disgusto que ellos experimentan cuando personajes agresivos y poco tolerantes a la crítica, señalan calumniosamente el origen mercantilista de las notas.

Lo hoy escrito, porque me consta, es un simple acto de reflexión; pretender conocimiento total o conveniente desconocimiento sobre las acusaciones vertidas en redes sociales, implicaría otorgar un sesgo de hipocresía a lo que he observado en parte. Guardar silencio sobre ellas, sería equivalente a aceptar que sobre mí y mis escritos se ha ejercido la censura, o se ha dictado a quien desprestigiar a partir de la mediación del dinero.

Como señalé líneas arriba, lo expresado en esta columna dista mucho de ser un panegírico de la labor periodística desarrollada por Julio Hernández López; se sintetiza en unas cuantas astillas de solidaridad a quien me ha permitido colaborar de una manera libre y sin censura en de las páginas de este diario.