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Astillero: El otro apagón

Astillero, Pacto por México

Es una especie de confesión de origen y destino: Enrique Peña Nieto, producto depurado de la mercadotecnia televisiva aplicada a la política, rehén práctico del duopolio Televisa-Televisión Azteca al que se encomienda para milagros electorales por venir, apareció en Mérida cargando empaques de cartón con pantallas digitales para repartir entre la población resignada al arribo del fin de este mundo analógico, fechado para el último día del mes que corre.

XHEPN se mostró diligente en su distribución “a marchas forzadas” de los equipos receptores de las nuevas formas de transmisión televisiva. Ya no hay urgencias electorales, con los regalos electrónicos como pago con cargo al presupuesto, por votos teñidos de tres colores (“Mover a México” hacia las urnas). Ahora lo que se busca es aparentar que se está cumpliendo con las disposiciones legales correspondientes al “apagón” analógico. Peña Nieto se muestra presuroso para dejar testimonio de que la tarea ha sido cumplida.

El famoso duopolio Azcárraga- Salinas Pliego agradece los favores recibidos (Emilio y Ricardo en pleno proceso de remozamiento de programaciones ante la llegada del tercer competidor, el Grupo Imagen Multimedia de Olegario Vázquez Aldir). Más allá del apremio enriquista, el Senado, bajo el mando político de Los Pinos, concedió a Televisa y Televisión Azteca la virtual exención de multas por el incumplimiento de los plazos originales para el mencionado “apagón” en “televisiones públicas y en cerca de 500 estaciones de baja potencia, propiedad de Televisa y Tv Azteca, que no llevaron a cabo las inversiones necesarias para modernizarse”, según nota de Andrea Becerril y Víctor Ballinas en La Jornada. Lo que realmente se apagó fue el derecho del Estado mexicano a cobrar sanciones multimillonarias a estaciones televisivas pequeñas, relacionadas empresarialmente casi de manera única con esas dos empresas. Se les perdonó no haber invertido lo suficiente para acomodarse a los nuevos tiempos marcados por la ley. Y, para que no hubiera violación jurídica, ni el correspondiente castigo pecuniario, el Senado amablemente modificó la LeyFederal de Telecomunicaciones. Ése es el otro apagón.

El ganador en términos políticos, no aritméticos, de las pasadas elecciones en el Distrito Federal fue el Partido Revolucionario Institucional. Mientras la izquierda electoral pasó de 14 delegaciones bajo su control en 2012 a sólo 11 (repartidas entre los hermanos divididos, el PRD y el naciente partido Morena), el tricolor retuvo la delegación de Cuajimalpa y agregó las de Magdalena Contreras y de Milpa Alta. En la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, a pesar de la mayoría de votos obtenida por Morena, esta fuerza fue difuminada a la hora de la integración de los órganos de gobierno, relegada a comisiones y comités de poca relevancia, frente a una alianza de facto entre PRD, PRI y PAN que anuló a la bancada morena, aislada ésta por su propia política contraria a la negociación entre partidos. A fin de cuentas, Peña Nieto y el PRI pueden estar tranquilos en la capital del país, pues su aliado Miguel Ángel Mancera mantuvo el control de la política local, incluso en tratos de buen entendimiento con algunos jefes delegacionales claves, como Ricardo Monreal en la Cuauhtémoc.

En ese contexto de división sostenida en la izquierda, el gobierno de EPN decidió que la conducción del comité priísta en la capital del país fuera asumida por Mariana Moguel Robles, hija de la polémica Rosario Robles Berlanga y Julio Moguel Viveros, articulista y activista de izquierda, quien fue asesor del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Moguel Robles se casó en enero de 2013 con Francisco Ramos Montaño (el matrimonio duró meses), poblano que había sido diputado federal del PRI.

El ascenso político de Moguel Robles ha estado salpicado de acusaciones de que su madre le ha favorecido, primero desde la Secretaría de Desarrollo Social, para alcanzar la candidatura a diputada por el distrito 34 de la ciudad de México (dividido entre Tláhuac y Milpa Alta), y ahora, desde la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, para llegar a la presidencia del PRI capitalino (con el apoyo de Miguel Ángel Osorio Chong, quien había puesto al dirigente saliente, Mauricio López, y de Manlio Fabio Beltrones). Su arribo a este cargo coincide con una clara promoción de Rosario Robles en columnas periodísticas para hacerla sentir como carta electoral futura, no hacia el gobierno del Distrito Federal (que ya ejerció, como sustituta de Andrés Manuel López Obrador) sino, según eso, hacia Los Pinos, en cumplimiento de la “ob-se-sión” que tiene por ese cargo supremo, según relato de Carlos Ahumada, quien fue y es un ingrediente muy distintivo de la biografía política de Robles Berlanga (recuérdese, además, el episodio también así narrado, en el que Carlos Salinas de Gortari habría convidado a Rosario a colocarse la banda presidencial guardada por éste).

Con la llegada de una mujer se pretende cerrar políticamente el ciclo grotesco de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el dirigente priísta capitalino acusado de abusos sexuales contra edecanes contratadas con cargo a su partido (aunque uno de sus subordinados políticos, Armando Tonatiuh González Case, iría como candidato a secretario general). Con la llegada de una joven se busca simbolizar el término de las rivalidades históricas entre los grupos de María de los Ángeles Moreno y el mencionado Gutiérrez de la Torre, insertando una “generación de relevo” en el DF. Y con la llegada de una hija de una secretaria de Estado ampliamente protegida por Enrique Peña Nieto se garantizará la transferencia de recursos públicos federales a la campaña oficial que pretende recuperar la ciudad de México para el PRI en 2018, en un esfuerzo que combinará la disponibilidad presupuestal con los fondos oscuros que sean necesarios, aprovechando la división de la izquierda. Y, mientras Nuño blande la espada judicial del “sabotaje”, ¡hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.