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Astillero: El papa (virtualmente) en Atlacomulco

Astillero, Pacto por México

En términos políticamente metafóricos, el papa Francisco también visitará Atlacomulco. Físicamente irá a Ecatepec de Morelos, en el estado de México, pero el contexto partidista e incluso futurista corresponderá abiertamente al interés del grupo cuyo jefe nació en el primer municipio enunciado. Los demás sitios negociados para la visita papal (Chiapas, Michoacán, Chihuahua) tienen relativa justificación conforme a los temas discursivos que interesan al pontífice argentino (aunque, en estricto sentido, otras entidades pudieron haber sido escogidas en función de los mismos intereses del jefe religioso: indígenas, migrantes, narcotráfico, cárceles, e incluso con rasgos problemáticos más agudos), pero Ecatepec fue una concesión a la necesidad política del anfitrión de subrayar el papel rector del estado de México en la política nacional, e incluso de utilizar en términos de propaganda esa visita como bálsamo solidario ante los graves problemas allí concentrados (violencia, inseguridad pública, corrupción, pobreza, entre otros).

La figura del actual ocupante de la Presidencia de la República, y de su partido, serán especialmente beneficiadas en esta gira tan buscada por Los Pinos y largamente pospuesta por el Vaticano. Enrique Peña Nieto recibirá a Francisco en Palacio Nacional, a pesar de que la visita es de carácter pastoral pero, a juicio de los camarógrafos oficiales, perdón, de los anfitriones, tiene (¡oh, bello idioma, cuán estirable y adaptable es!) “un componente oficial”. Los senadores y diputados federales que hicieron lamentables esfuerzos por llevar al Sumo Pontífice a sus recintos camarales, y fueron bateados por el propio invitado, ahora podrán ser representados por sus coordinadores que podrán ir a saludar al religioso reticente a la sede del poder que sí fue bendecido con la asistencia personal, el mencionado Palacio Nacional que por primera vez recibirá a un jefe religioso, lo cual debería dar paso a posteriores atenciones similares a personajes de catadura parecida (como el Dalai Lama, por ejemplo) que lleguen al país con agendas propias de su culto, más algún “componente oficial” que se le invente.

Aparte de los actos en la capital del país, Francisco estará en los dominios políticos del Verde-priísta gobernador de Chiapas, el (¿aún?) precandidato presidencial Manuel Velasco Coello; del comisionado de Los Pinos en Michoacán, técnicamente perredista, Silvano Aureoles, y del saliente priísta César Duarte Jaques, en Chihuahua, donde en el mismo 2016 habrá elecciones de gobernador. Y recuérdese que en la milenaria diplomacia católica todo puede tener significados: el anuncio de la visita se hizo el Día de la Guadalupana, y el Día del Amor y la Amistad tomará el viajero en tierras mexicanas que buscan ser anímicamente conquistadas por el jefe máximo de la iglesia dominante en el país. En términos de marcas deportivas, los estadios futboleros de Jaguares y Monarcas serán utilizados para las reuniones masivas en Tuxtla Gutiérrez y en Morelia.

Pero el punto culminante para el Club Atlacomulco será la estancia papal en la tierra natal de Eruviel Ávila Villegas, el actual semigobernador del estado de México, quien ha navegado dificultosamente en las aguas del peñanietismo intrusivo que no le ha permitido ejercer el mando a plenitud, con funcionarios que obedecen más a la capital del país que a Toluca, y negocios y favoritismos propios del bando local pero sobre todo, decididos y protegidos por la instancia federal (el caso OHL, por dar un ejemplo).

Ávila (dos veces presidente municipal de Ecatepec) ha dado una larga demostración de cómo se puede ocupar un cargo sin ejercer realmente el poder, y no faltan quienes creen que esa aplicada demostración de inalterado sometimiento podría ser bien vista a futuro sucesorio por el dominante Peña Nieto, quien ha colocado a Eruviel en primeros planos de algunas reuniones oficiales y partidistas y ahora ha conseguido que Francisco vaya a tierra mexiquense con sello Atlacomulco (la diócesis de Ecatepec, por cierto, fue fundada por Juan Pablo Segundo el 28 de junio de 1995 y su primer obispo fue Onésimo Cepeda Silva; desde septiembre de 2012 el obispo es Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, http://goo.gl/7Uoqmm).

En Michoacán va creciendo peligrosamente el nivel de la confrontación pública a causa de la reforma administrativa de la SEP. El encarcelamiento de decenas de normalistas y la sujeción a formal prisión de una parte de ellos ha generado mayor inconformidad y más expresiones de protesta, mientras en el plano federal el secretario Aurelio Nuño se muestra casi gozosamente predispuesto a pregonar y practicar la política del garrote que según las alegres cuentas oficiales se ha ido imponiendo en algunas entidades contra el magisterio rebelde. Ese ánimo diazordacista parece no tener contrapesos internos en el aparato federal sino, por el contrario, insanos estímulos que creen posible “poner orden” en el país mediante ese estilo de política granadera e incluso inflar una precandidatura de mano dura para 2018.

Ya en Chiapas la retórica de belicismo aureliano fue contrapunteada por profesores que lograron el intercambio de policías federales por mentores que habían sido detenidos. La unilateralmente declarada restitución de un estado de derecho en el que no se permitirían esas acciones e intercambios fue rota a pesar de posteriores argumentaciones oficiales que pretenden atenuar los hechos. Sin embargo, los riesgos de la violencia política extrema van creciendo. Aurelio Nuño, y su jefe, deberían atender y entender los problemas políticos y sociales desde una óptica global, integral y prudente.

Y, mientras el gobernador de Veracruz, el inenarrable Javier Duarte de Ochoa (tan romántico), da prueba en Twitter de politiquería motelera al decir que “La alianza ganadora es la que se da con el pueblo, nuestra alianza no es un acostón pasajero, es un matrimonio con el pueblo veracruzano”, ¡hasta mañana, con Superman- ¿será? blandiendo la pancarta electoral 2018 que demanda mayor salario mínimo!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.