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Astillero: Falsa epopeya

Astillero, Pacto por México

La historia oficial parece de película y la actuación de estrellas cinematográficas parece más veraz y firme que la información gubernamental hasta ahora difundida. Enrique Peña Nieto encabezando un reparto de funcionarios sobreactuados a la hora de interpretar papeles de júbilo burocrático y eficacia de pantalla: “Misión cumplida”, dijo el agente 00Pinos (Peña, Quique Peña), evocando al primer actor estadunidense George W. Bush en alguna otra autocelebración luego aplastada por la historia y, en un anglicista homenaje a la DEA, “Lo tenemos”. Del primer elogio en boca propia, las redes sociales, convertidas en trituradoras, de inmediato confeccionaron una versión más apropiada: #Ficción- Cumplida, se etiquetó en Twitter, y cuando se supo que la falsa epopeya del viernes era un madruguete editorial ante la inminente aparición de una entrevista de Sean Penn con el presuntamente tan esquivo Chapo, en la revista Rolling Stone, la siguiente etiqueta de desnudo fue #MiSeanCumplida.

Coincidencias que se convierten en disonancias: la recolección del personaje nacido en Badiraguato coincidió con el proceso de impresión de la Rolling Stone y se adelantó apenas por un día a la difusión de los primeros extractos del encuentro entre Penn y el “inalcanzable” Chapo, con la mediación de la actriz Kate del Castillo (cuyo papel referente más conocido es el de La reina del Sur, en adaptación de la obra del escritor español Arturo Pérez Reverte). La oportuna, casi providencial llamada “anónima” para llevar al gerente trasnacional de regreso a casa (bueno, a la residencia siempre amable conocida como El Altiplano, con sus empleados invariablemente atentos, “¿la habitación de siempre, don Joaquín?, ¿con alcantarilla en la regadera o ya con servicio de túnel incluido?”), permitió que el heroico anuncio de la reposición del alfil (¿o ha sido rey adjunto?), cedido a la libertad meses atrás, se hiciera ni más ni menos que en una reunión de embajadores y cónsules mexicanos que, en su acostumbrado encuentro anual en la ciudad de México, tuvieron la fortuna de presenciar los históricos momentos en que el secretario del ramo (es decir, del ramo de las fugas y los túneles sin castigo hasta ahora más que en niveles menores), Miguel Ángel Osorio Chong, solicitó una tregua en su discurso para atender “una llamada” de Los Pinos y, a su retorno al micrófono, dio a conocer la buena nueva, provocando una suerte de éxtasis patriótico en tales diplomáticos que, emocionados, entonaron el Himno Nacional Mexicano. Oh, sí: más si osare un extraño evadido…

Lo de menos son los prietitos en el arroz precocido. Cierto es que el heraldo del paraíso recobrado (Peña, Quique Peña) había dicho que el fin de las vacaciones del Chapo se debía a un prodigioso trabajo de “inteligencia” que había tomado largos meses (entiéndase esto como se entienda, en el contexto del historial que al respecto ha ofrecido en su jocoso devenir el peñismo), aunque antes la Marina había atribuido el incidente a una llamada telefónica anónima para la cual no era tan necesario todo el supuesto armado “inteligente”. Cierto era que, a bordo del helicóptero que le llevaría a la residencia de máxima seguridad, se había visto a un elemento uniformado dar una palmada como amistosa al secretario federal de exportación de cultivos y productos aún no legalizados (los elementos del Ejército, por cierto, a cara descubierta, mientras los marinos protegían su rostro con paños oscuros; horas antes, en la conferencia de prensa para dar cuenta de la “proeza” de la recaptura, se había visto al general secretario de la Defensa Nacional dar un leve empujón al de Marina para que éste ocupara un sitio menos destacado, secundario).

Las pretensiones épicas, que en su exageración ya sugerían montajes, sufrieron explicable devaluación (mientras el peso sufría la propia, a causa de procesos económicos mundiales que se agravan en países sangrados por la corrupción y la torpeza de los gobernantes) cuando se supo que el sinaloense exhibido como magno trofeo de caza había sostenido meses atrás fluida comunicación con un afamado actor jolivudense, Sean Penn, a quien ahora las autoridades mexicanas pretenden enderezarle algún tipo de responsabilidad, al igual que a la gestora Del Castillo, en un intento de venganza institucional contra un ejercicio periodístico, así fuera hecho por alguien que normalmente no realiza tales tareas de reporteo o entrevista.

En tanto, y con base en lo publicado por Notiver (http://goo.gl/JGmu2K ), el afamado cónsul de México en Barcelona, Fidel Herrera Beltrán, siempre en funciones de gobernador de Veracruz, anunciaba a alguno de sus cercanos que ya arregló el desbarajuste de Javier Duarte rumbo a las próximas elecciones, con “Héctor” (Yunes) como candidato priísta negociado para la minugubernatura de dos años y reparto de dinero a los opositores para juntos enfrentar al “perro” Miguel Ángel Yunes Linares y evitar que a nombre del PAN pueda triunfar.

El mencionado Herrera Beltrán también presumió haberle “tronado” la alianza a Yunes Linares con el PRD y dijo que en el sol azteca le aceptarán la renuncia a Agustín Basave quien, como es sabido, ha advertido que dejará la presidencia de ese partido si no se aprueba su política general de alianzas, que incluye a Veracruz con el mencionado panista Yunes Linares. Hoy podría ser el último día del experimento Basave en el cada vez más empantanado perredismo.

Y, mientras el espectáculo de la visita del papa Francisco a México ha sido negociado para su distribución televisiva a través de los virtuosos canales del duopolio que pertenecen a los beatos Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, ¡hasta mañana, en esta columna que agradece a sus pacientes lectores la espera de dos semanas (por motivos de impostergable holganza del tecleador astillado), luego de las cuales dicha sección y dicho autor reaparecen deseando a los lectores un 2016 pleno de salud, realizaciones, fuerza y satisfacciones!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.