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Astillero: Jugada de sacrificio verde

Astillero, Pacto por México

En el catálogo básico de los personajes dedicados a la política está la conseja de que todo se puede hacer, menos el ridículo. Y esto han estado haciendo varios miembros del grupo que maneja al país desde Los Pinos, comenzando por el propio jefe de ellos desde los tiempos en que pasmado hubo de asumir que no podía referir los nombres de tres libros que hubieran marcado su vida.

Una cascada de desatinos del peñismo se ha producido a lo largo del trienio que está a punto de cumplirse, generando primero explicables profusiones de humor ácido, hasta llegar ahora a niveles altamente preocupantes por cuanto confirman de manera escandalosa, amarga, el abatimiento de niveles mínimos en cuanto al oficio político, el reinado de la improvisación, la impericia e incluso el cinismo.

Pocas veces los caricaturistas mexicanos críticos del poder han podido confirmar con tanta rapidez el cumplimiento de sus proféticos trazos: el verde Arturo Escobar resultó, como los moneros de distintos medios lo advertían de inmediato y sin concesiones, la antítesis exacta del cargo que de manera irresponsable y cómplice se le asignaba (por instrucciones del mando superior) en la Secretaría de Gobernación, una subsecretaría encargada de prevenir la comisión de delitos cuando justamente el mencionado Escobar, y su matriz delictiva, el cártel autodenominado Verde Ecologista, habían practicado a la vista de todos (y no solamente en los ofensivos promocionales en las salas de cine) toda suerte de maniobras infractoras de las leyes electorales para hacerse de fuerza política (la mayoría simple en San Lázaro) a entregar a la administración peñista que así premiaba a sus aliados, dándole una notable subsecretaría a alguien que ya estaba sujeto a investigaciones por sus presuntos actos delictivos (un pago en especie, tal cual se ha entregado el botín de la ecología a esos verdes mercantiles, tanto en la secretaría federal como en las delegaciones estatales y en secretarías estatales del ramo).

El golpe a Escobar, que lo es al Verde, es en el fondo una jugada de sacrificio. Te castigo, Arturo, y a los solidarios verdes que tantas pillerías hicieron para dar “estabilidad” al peñismo, para que lo entienden los demás opositores acusables de infracciones electorales, por ejemplo algún desenfrenado llamado Andrés Manuel. Sólo inmolando a los cercanos se podrá aspirar a un cierto grado de legitimidad para actuar contra los lejanos e incluso opositores. Para salvarse, el reino de las tarjetas Mónex y Soriana necesita echar a la hoguera a una verde pieza prescindible, acusada de mal manejo de tarjetas Platino. Remozar la fachada del edificio tan descascarado para luego anunciar otras medidas correctivas, concediendo incluso al PAN el presunto triunfo de dar curso judicial a las acusaciones contra Escobar, con lo cual el partido conservador (es decir, el de blanco y azul) podrá sumarse con más gusto a los platillos de la reforma electoral con dedicatoria antipeje que ya se cocinan en los fogones atizados con madera de pinos.

Cierto es que en primera lectura el mayor impacto va en contra del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien cada vez parece menos presidenciable, tocado de muerte política desde la fuga de El Chapo y marginado en los cambios en el gabinete que fortalecieron al grupo de Luis Videgaray, con José Antonio Meade y Aurelio Nuño como jugadores inflados. Resulta grotesco que el presunto jefe de la operación política nacional no conociera los antecedentes de un personaje al que caricaturistas y algunos columnistas definieron desde un principio en su delictividad partidistamente congénita. O que, sabiendo esa tipificación negativa, lo hubiese aceptado como subsecretario y hubiera hecho una defensa de él que entonces y ahora lo colocaba en el ridículo, como a quien desde un nivel más alto hubiera decidido tal nombramiento. Pero el golpe, como se ha dicho líneas arriba, va más allá de los socios sacrificables: busca crear condiciones para posteriores sanciones electorales “por parejo”. Ya vendrán oportunidades de seguir premiando al Verde por sus servicios al régimen.

Es inevitable que el pasado afecte las pretensiones presentes y de futuro de la pareja de políticos integrada por Felipe Calderón y Margarita Zavala. Apelando a una especie de blanqueo de imagen con cargo al género, esa dupla, ese equipo, ese proyecto, ese saldo histórico, tratan de aparentar que los resultados del ejercicio 2006-2012 fueron tan aceptables que resulta natural aspirar a un segundo periodo de trabajo para que lo conduzca la otra parte de ese combo, la más presentable. Quienes mantienen memoria de lo que sucedió en ese sexenio funerario, corrupto y mezquino, de manera explicable impugnan el intento de sembrar una candidatura conyugal en 2018. No se puede tener la piel tan delgada (o jugar con hipocresía a tenerla, guareciéndose bajo la peregrina hipótesis de que criticar a una mujer política es “faltarle al respeto” al conjunto de las mujeres), cuando se han obtenido y se mantienen tantos privilegios con cargo al dinero público. Valdría preguntarse incluso si puede darse por separada la aspiración presidencial de la señora Zavala cuando su promotor abierto, en redes sociales y en declaraciones a medios, suele ser su esposo, el propio Calderón del cual la cónyuge debería deslindarse clara y tajantemente (no en lo personal, pues no se está en un litigio relacionado con una oficialía del registro civil, sino políticamente, en cuanto a definiciones profundas si se aspira a presidir un país).

Y, mientras los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa se han instalado en plantón a la entrada de Los Pinos, en permanente recuerdo y reproche a la élite federal que sigue apostando al paso del tiempo y a la retórica insustancial, ¡hasta el próximo lunes, con Alfredo Castillo, ahora comisionado del deporte, necesitado de inventarse sus autodefensas frente al Comité Olímpico Mexicano, en la guerra por los millones de pesos siempre escamoteados a los verdaderos deportistas!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.