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Astillero: AMLO: “destrucción y violencia”

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Margarita Zavala Gómez del Campo desmontó la etiqueta 2006 de “López Obrador es un peligro para México” e instaló una de triunfalismo electoral 2018, al decir ayer que el tabasqueño “ya se está volviendo costumbre que sea candidato… No lo veo como un peligro, le podemos ganar, le vamos a ganar”.

Entrevistada por Ciro Gómez Leyva en el noticiero matutino de Radio Fórmula, la política que cumplió 49 años el 25 del mes pasado se esforzó por cerrar la contienda presidencial venidera en dos únicos contrincantes verdaderos: ella (como si el PAN ya la hubiera postulado como candidata) y López Obrador (quien no tiene ninguna competencia interna en Morena), bajo la premisa de que el PRI “va de caída” y que Enrique Peña Nieto ha fallado “en términos de ética, de lo que ha significado la corrupción galopante que estamos viviendo, en términos de una falta de autoridad moral, porque se desligitima la autoridad moral para poner orden y aplicar la ley” (recuérdese que la señora Zavala habla del sexenio en curso, no del anterior).

A cambio de retirar el ya desgastado señalamiento de la peligrosidad para México de López Obrador, la abogada Zavala (cuyo historial electoral se reduce a dos diputaciones, una local y otra federal, ambas por la vía de la representación proporcional y no de mayoría relativa) perfiló una acusación que parece eje de su propaganda futura: el ex perredista, ahora jefe máximo de Morena, significa “destrucción y violencia”. En cambio, ella propondrá “construcción, suma y futuro”.

Así que, según se puede desprender de las palabras pronunciadas por quien fue presidenta del DIF nacional de 2006 a 2012, el nuevo estigma propagandístico contra el ex jefe de Gobierno capitalino podría ser: “López Obrador, destrucción y violencia para México”. Lo bueno es que la señora Zavala Gómez del Campo navega con presuntas banderas de paz. Y, claro, falta que el PAN precise la identidad de quien lo abandere para 2018, pues aún falta lo que digan y hagan el dirigente nacional panista, Ricardo Anaya, quien brincotea en busca de enzarzarse en debate con López Obrador (quien no le hace caso), y el gobernador poblano Rafael Moreno Valle (de origen priísta-gordillista), muy rezagado en la contienda interna, pero con intención de negociar aunque sea premios menores de la lotería panista.

A las palabras de Zavala reaccionó de inmediato otro precandidato presidencial, el priísta Miguel Ángel Osorio Chong, quien defendió al gobierno del que forma parte, el de Peña Nieto. Además, criticó directamente a la pareja presidencial del sexenio anterior: “dejó consecuencias en materia de seguridad de manera muy importante. Nos dejó un asunto muy delicado estado por estado y región por región, que en temas de derechos humanos, en temas de desaparecidos, en muchos temas que hoy a este gobierno le ha tocado enfrentar y le ha tocado buscar alternativas para solucionar”. El hidalguense agregó, con su peculiar sintaxis, que no se trata solamente de postularse, puesto que “cuando ya se tuvo la oportunidad de trabajar en favor de México y que los resultados a la vista también están, no fueron satisfactorios, un gobierno en el que ella participó”.

No da lustre al de por sí ajado ejercicio del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México la contradicción entre lo inicialmente  expresado por su presidente, Édgar Elías Azar, respecto a la muerte de la joven colombiana Stephanie Magón Ramírez, y los posteriores dictámenes forenses que lo llevaron a recular. Las primeras palabras de Elías Azar fueron contundentes: “Se encontró, como saben, desnuda y muy golpeada. Traía fractura de mandíbula, desprendimiento de dientes, golpes contundentes, costillas rotas. Venía muy golpeada, intencionadamente la mataron a golpes, la conclusión coloquial que se puede decir”. También aseguró a los reporteros que la muerte de la modelo sudamericana no se debía a una caída desde la azotea de su casa, sino a una “severa golpiza”, a “violencia extrema”.

Sin embargo, esa misma noche hubo un giro absoluto: a través de una tarjeta informativa, el propio tribunal capitalino de justicia indicó que los traumatismos mortales “muy probablemente son producto de una precipitación”. Es decir, ya no había sido golpiza ni violencia extrema, sino una caída, probablemente desde las alturas del edificio donde vivía. En torno a este episodio criminal pueden encontrarse signos relacionados con los pesados intereses de tratantes de personas que suelen enganchar a jóvenes extranjeras para trabajar de modelos, edecanes o acompañantes personales, “prestándoles” dinero para pasajes aéreos, trámites migratorios e instalación en la Ciudad de México, donde las convierten en una especie de esclavas sexuales.

La procuraduría capitalina de Justicia, a cargo de Rodolfo Ríos Garza, decidió archivar el expediente de las acusaciones realizadas por la empresa inmobiliaria Abilia, propiedad de la multimillonaria María Asunción Aramburuzabala Larregui, contra Adriana Pérez Romo, esposa del periodista Joaquín López-Dóriga, quien ha estado al frente del noticiero de televisión más influyente del país, en Televisa (donde será relevado por Denise Maerker en la última semana del mes en curso). Aramburuzabala Larregui ratificó su denuncia contra Pérez Romo por una presunta extorsión por 5 millones de dólares para no obstruir la construcción de un edificio en la calle Rubén Darío, de la colonia Condesa de la Ciudad de México.

Tan delicado señalamiento, con partícipes tan relevantes y tanto dinero en juego, no propició en la procuraduría capitalina un ánimo de indagación exhaustiva (en un país donde alguien puede pasar medio año en la cárcel por matar tres conejos), sino un peculiar retraimiento, al desistirse de ejercitar la acción penal, lo cual a su vez ha llevado a la denunciante a solicitar amparo de la justicia federal e incluso diligencias en las que se pide la comparecencia del periodista en mención. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.