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Astillero: Ayotzinapa, presente

Astillero, Pacto por México

B arack Obama no se ahorró la referencia a Ayotzinapa. “Obviamente hemos seguido los sucesos trágicos de los estudiantes”, dijo en la Casa Blanca original, la que no fue financiada por un contratista amigo. “Nos entristece que hayan perdido la vida”, agregó, sin mayor valoración. Fue una especie de acuse de recibo. Suficiente para dejar clara la vulnerabilidad del visitante, el mexiquense empequeñecido en términos institucionales que aspiraba a que el tema de Iguala no fuese tocado a tan alto nivel, el visitante en Día de los Reyes Magos que fue captado en una fotografía de Reuters mientras mantenía una mirada entre desconcertada y tal vez molesta ante las palabras de desparpajo del anfitrión que luego de citar la soga guerrerense en presencia del vecino políticamente ahorcado pasó a declamar algún catálogo de buenos deseos y propósitos a los que la pulsión de la oficina de prensa de Peña Nieto convirtió en inducidas versiones de que Washington estaría “comprometido” con los términos de la lucha peñista contra el crimen organizado, cuando basta con leer las palabras exactas del esposo de Michelle para constatar que, ante el “programa de reformas” presentado por EPN a BO “para eliminar esta violencia de los cárteles de la droga (…) Nosotros queremos destacar nuestro compromiso. Queremos ser un buen aliado en este proceso, reconociendo que en última instancia” la responsabilidad queda en México y su estructura legal.

Tras bambalinas el zarandeo era más interesante. La agencia estadunidense Ap aseguró que Obama pretendía presionar al mexicano para que le ayude a su vez a presionar a las autoridades cubanas en cuanto a aperturas democráticas y respeto a los derechos humanos. Triste alcahuetería de traspatio estaría prestando el peñismo al poder gringo si acabara sirviendo a remolque para impulsar la agenda de Washington, luego que México tuvo momentos de brillante diplomacia, con costos políticos, al mantener relaciones con La Habana cuando la Casa Blanca ordenaba a la subordinada Latinoamérica que rompiera nexos con Cuba. Ahora, México ni siquiera fue convidado a las gestiones secretas en Canadá, con el Vaticano como impulsor, que desembocaron en el deshielo diplomático anunciado por Obama y Raúl Castro.

Esa devaluación diplomática de México no es consecuencia solamente de los disparates de la docena panista trágica (Fox, Castañeda y Calderón como ejecutores caricaturales). También lo es de este peñismo insustancial, irrelevante, sin lecturas históricas ni defensa de principios. El lunes, por ejemplo, con torpeza digna de premio, uno de los subsecretarios mexicanos de relaciones exteriores, Sergio Alcocer, dijo a periodistas en Estados Unidos que allá también tienen problemas y revueltas como la desatada a partir de Iguala, y mencionó el caso de Ferguson y la comunidad negra vuelta en contra de policías y autoridades por el asesinato de un joven afroamericano. Con esa presunta coartada, Alcocer confió en que no habría razón para que el tema Ayotzinapa fuera tocado en el encuentro Peña-Obama.

En sesión aparte, el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, y el virtual vicepresidente (a la baja) de México, Luis Videgaray, hablaron sobre el pastel energético a repartir. El otro beneficiario de las promociones Higa, el mencionado Videgaray, dijo que no había razón para que el subcontinente norteamericano no se convierta en una de las zonas más competitivas del mundo. Biden asegundó al mencionar que esta región está llamada a convertirse en el “epicentro” energético del orbe. Ah, para cerrar el tema: EPN ofreció respaldo al plan de simulaciones migratorias de Obama, que frenará temporalmente la espiral de deportaciones pero no ofrece soluciones firmes ni de fondo.

Por otra parte, hay suficientes razones para que la procuraduría federal de justicia tenga en sus instalaciones capitalinas relacionadas con asuntos de “delincuencia organizada” al presidente municipal con licencia de Soledad de Graciano Sánchez, un populoso municipio conurbado con el de San Luis Potosí. Ricardo Gallardo Cardona está bajo investigación luego que el comité nacional perredista inauguró con este alcalde potosino sus “protocolos” de ética que pretenden impedir que se repitan candidaturas y llegadas al poder como la de José Luis Abarca, en Iguala.

Gallardo es hijo del anterior presidente municipal de Soledad, del mismo nombre y apellido. Ambos, padre e hijo, encabezaron las dos únicas planillas que compitieron por la presidencia del PRD estatal y, luego de los resultados familiarmente favorables, formaron una dirigencia “ de unidad”. Y antes de la aparición de la PGR en la ruta de los Gallardo, padre e hijo pretendían ocupar las candidaturas a gobernador del estado y de presidente municipal de la capital. Todo ello en medio de continuas referencias públicas respecto al vertiginoso crecimiento político de esa familia y las sombras oscuras respecto a financiamiento y relaciones peligrosas (anoche, luego del cierre de esta columna, la PGR hablaría sobre el tema de Gallardo, presuntamente relacionado con Los Zetas).

La insólita proclividad del PRD y su dirigencia (los Chuchos) hacia la limpieza de sus candidatos a puestos de elección popular tiene como pringoso contrapunto el interés de Amalia García, secretaria de comunicación del comité encabezado por Carlos Navarrete, para abrirle paso a su yerno, Eugenio Govea, ex dirigente del PAN en SLP, actual diputado local por el Movimiento Ciudadano, quien pretende encabezar una alianza de partidos “de izquierda” en busca de la gubernatura. Si tal fuera el caso, la acometida “moral” del sol azteca sería solamente una guerra entre cárteles políticos, pretendiendo instalar en SLP los mismos factores oscuros que tanto dañaron a Zacatecas en los tiempos de corrupción y violencia que instalaron las García en esta entidad.

Y, mientras el rechazo a la realización de elecciones ha llegado en Chilpancingo al ataque contra un modulo de credencialización del INE y al amago de que no se permitirán las sesiones de consejeros estatales, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.