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Astillero: Camaleonismo justiciero

Astillero, Pacto por México

E s la ruta histórica de la simulación política mexicana: discursos vehementes en la proclamación de compromisos y objetivos, solidaridad cuando menos salival con las causas y dolencias populares, indignación con los excesos del poder aunque el indignado sea el jefe de esa pirámide abusiva, ganancia del terapéutico tiempo que todo lo sana y permite que nuevos escándalos desplacen a los anteriores, judo malévolo que trata de aprovechar el empuje de las protestas para convertirlas en fideicomisos, comisiones legislativas especiales, nuevos peritajes, incorporación de las denuncias a la burocrática paginación oficial y la clara apuesta a la desmemoria, la manipulación mediática y la desidia cívica.

El principal interesado en que se llegue a la verdad respecto de los 43 normalistas desaparecidos es, desde luego, el propio Enrique Peña Nieto. Faltaba más. Así lo hace saber durante la inauguración de obras viales en la Puebla del góber Bala, Rafael Moreno Valle, que sigue usando cuanto recurso puede en promover su candidatura presidencial panista para 2018, acompañado del inamovible secretario de OHL y demás cuentas comisionables, el secretario porcentual de comunicaciones y transportes, Gerardo Ruiz Esparza, y de la anterior secretaria de desarrollo social-electoral, Rosario Robles, ahora colocada en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), que antes ocupó ni más ni menos que Jesús Murillo Karam, el creador de la sicópata fabulación sobre lo sucedido casi un año atrás en Iguala y en Cocula.

Peña Nieto recuerda que fue su propio gobierno el que aprobó la creación del grupo interdisciplinario que ahora ha derrumbado la “verdad histórica” proclamada por el siempre mendaz Murillo Karam. Agradece a esos expertos independientes el que hayan aportado “mayores elementos para esclarecer” tales hechos, y anuncia que será el propio ente acusado de falsear criminalmente una investigación (la PGR, dirigida entonces por el fabulador Murillo y ahora por la televisiva Arely Gómez) el que “habrá de valorar la incorporación de estas investigaciones” de los citados expertos. Cierto, hay “algunas diferencias de las diligencias realizadas entre la procuraduría” (como la diferencia entre el cielo y la tierra, entre una “verdad histórica” y una mentira histórica), pero, pues, hombre, “éstas podrán superarse con nuevos peritajes que nos permitan tener mayor certeza de lo ahí acontecido”. Ah, perfecto.

Esas dominantes tendencias al engaño bárbaro forman parte de la genética política del grupo en el poder. Fueron mostradas con crudeza en el caso de la niña Paulette, supuestamente encontrada en el colchón de su propia cama, en un episodio de narrativa absolutamente inverosímil, casi un experimento desde el estado de México para medir la dimensión del abatimiento cívico ante mentiras tan evidentes. El propio Murillo Karam también había ofrecido en febrero de 2013 un adelanto de sus dotes explicativas al asegurar que el estallido en unas oficinas de Pemex en la capital del país, en enero de ese año, había sido producido por una acumulación de gases en el sótano del inmueble. En aquella ocasión también echó mano de verborrea presuntamente técnica y científica, con la misma desfachatez luego vista en el caso de Ayotzinapa. Incluso, en aquella ocasión bromeó respecto de una maleta negra encontrada en el lugar: “lo único que encontramos dentro es lo más peligroso para el hombre: cosméticos de mujer”.

Por otra parte, la acumulación de irritantes problemas sin resolver tendrá como siguiente escaparate, aparentemente público, el de la ceremonia del Grito de Independencia, en una Plaza de la Constitución de la ciudad de México que si fuera dejada a la libre concurrencia y a la libre expresión muy probablemente arrojaría una sentencia sonora altamente desfavorable para Enrique Peña Nieto. Durante varios años ese riesgo de abucheos ha sido contrarrestado mediante el relevo parcial de la asistencia netamente popular por grupos solidarios con el gobierno en turno o cuando menos no tan predispuestos a hacer críticas a los hombres del decadente poder.

Dado que cada vez son menos numerosos esos grupos civiles proclives a lo oficial e incluso algunos acarreados suelen aprovechar la multitud para expresar alguna forma de disidencia, los ocupantes recientes de la Presidencia de la República, como Felipe Calderón y, ahora, Peña, han aumentado las cuotas de asistencia asignadas al último reducto de obediencia, justamente el militar, de tal manera que el Zócalo capitalino ha ido llenándose progresivamente de elementos de las fuerzas armadas que con sus familias garantizan al acto patrio un transcurrir sin incidentes.

Pero el grado de desaprobación que diversas encuestas adjudican al Orgullo de Atlacomulco hizo temer a los organizadores de la celebración independentista que no haya suficiente público acrítico, así que se ha echado mano de un grupo musical muy popular, La Arrolladora Banda El Limón, para que amenice la “fiesta” del próximo 15. En previsión de que el público capitalino no sucumba a esa invitación musical, en las redes sociales se han ofrecido “paquetes” turísticos para asistir al Grito en el Distrito Federal y escuchar a la Arrolladora. En algunos casos se ofrecen 500 pesos a quienes asistan a tal Grito “incentivado”.

Todo ello generó la exigencia en Internet de que dicha banda no se preste a las maniobras de relleno, a lo que la organización musical respondió que a pesar de entender “las quejas” y saber que tienen “razón”, habrán de cumplir su compromiso. Ante ello, se produjo la etiqueta #BoicotALaArrolladora. De cualquier manera, la escenografía masiva sólo servirá para tomas televisivas sin mayor contexto, a la par que la tecnología de sonorización estará lista para anular cualquier expresión de descontento en un Grito que un segmento de mexicanos considera que hoy, como en su origen, debe ser contra el poder y sus insoportables excesos. ¡Hasta mañana, con los familiares de los 43 analizando el posible formato de su nueva reunión con EPN!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.