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Astillero: Candado Atlacomulco

Astillero, Pacto por México

C arolina Monroy del Mazo es la cuña y el eventual relevo. Nacida en Atlacomulco, diputada federal electa por un distrito de Metepec (de donde es presidenta municipal con licencia), esposa de Ernesto Nemer (subsecretario federal de Desarrollo Social) y ex secretaria de Desarrollo Económico en el gobierno mexiquense de Enrique Peña Nieto, la próxima secretaria general del comité nacional priísta será la sucesora de Manlio Fabio Beltrones Rivera si éste se ve imposibilitado de seguir como presidente del partido de tres colores, sobre todo si desea buscar para sí la candidatura presidencial de 2018.

La inclusión, junto a Beltrones, de la política perteneciente al puñado de familias que en el estado de México acaparan candidaturas y cargos, y su enfilamiento hacia presidir de manera sustituta el PRI justamente en el conflictivo tramo de las postulaciones de 2018, hace ver el carácter utilitario del pacto

por lo inmediato (PPI), que evitó rupturas y despechos este año para concentrar esfuerzos unitarios en 2016 (cuando se elegirán 12 gubernaturas y diputados locales y presidencias municipales en 13 estados, pues en Baja California habrá urnas sólo para congreso y presidencias) y dejar para posterior desenlace el diferendo 2018 entre la corriente encabezada por el ex gobernador de Sonora y el gran aparato administrativo y político de mexiquenses, con ciertos aliados hidalguenses, decidido este bloque en el poder a cerrar el paso a cualquier pretensión de impedirle la continuidad en Los Pinos.

Claro está que en el juego de equilibrios tradicionalmente practicado en el PRI para integrar las fórmulas de dirección es usual el designar en el segundo cargo, la secretaría general, a personajes de corrientes diversas a la del ganador del cargo principal, el de la presidencia (a César Camacho le colocaron a Ivonne Ortega, la polémica ex gobernadora de Yucatán, quien mantuvo las formas de convivencia pero jalaba agua para su expansivo molino no solamente peninsular). Mas, en esta ocasión, en el contexto de la presionada cesión hecha por el grupo de Los Pinos a Beltrones, con Monroy del Mazo se instala una pieza del arsenal mexiquense para contener y, dado el caso, enfrentar al “intruso” tolerado si su actuar contraviniera de manera grave las intenciones e intereses de la encopetada facción dominante.

Pero, aun cuando la disolución de este breve matrimonio de interés (EPN y MFB) se llegara a realizar de manera civilizada (hay quienes rumoran incluso que el máximo dedo del país jugará en 2017 con dos cartas, la oficial del PRI y una especie de Bronco II, pero buscando la silla mayor), la inserción de Monroy del Mazo como relevo cantado de Beltrones garantizará a Peña Nieto el control de los procesos internos y las postulaciones cuando lleguen las batallas abiertas entre un segmento de priístas, que en lo subterráneo (hasta ahora) critican la conducción del país con los mexiquenseshidalguenses al frente, y el consorcio en el poder, que no alberga ninguna intención de dar paso a opciones pendulares (como la que representaría Manlio Fabio).

Por cierto, la inminente secretaria general del PRI tiene más de tres libros que le son favoritos, según apuntó en su página de Facebook: “Azteca, la vida el amor y el martirio de un azteca de los tiempos de la conquista (sic), de Gary Jennings; Biografía de Leona Vicario, Vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz” (aunque no cita el nombre de los autores de tales textos, si es que se refiriera a algunos en específico y no en general) y “Todo Mafalda, de Quino”, material éste en el que encontró una de sus dos “frases célebres favoritas”: “¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?” Mafalada (sic) (http://on.fb.me/1hlIWS8).

En el Partido de la Revolución Democrática el espectáculo va más allá del proceso de “elección” que realizan los priístas a partir de decisiones que les han sido impuestas desde su cúpula (el cumplimiento

de esa farsa resulta tragicómico, con el “cumplimiento” tricolor de fases y procedimientos de desenlace absolutamente sabido). El jaloneo entre los perredistas no estriba hoy solamente en función de cargos, cuotas y privilegios. No en lo inmediato. En el fondo se agita la discusión respecto a la viabilidad del sol azteca en las próximas elecciones, con una tendencia, que va ganando la batalla interna, que se ha manifestado en contra de las alianzas con el PAN para 2016 que ya estaba tejiendo Carlos Navarrete.

Es absolutamente negativo el saldo de las gubernaturas “ganadas” seis años atrás en alianzas partidistas (Oaxaca, Sinaloa y Puebla, sin avance democrático ni mejoría social y económica). E insistir el año entrante en componendas electorales entre los grupos encabezados por Madero-Anaya y Navarrete-Chuchos agravaría la percepción, ya castigada en urnas este año, de que el PRD se ha desdibujado como opción de izquierda. Un sentido de supervivencia práctica sugiere a las corrientes que empujaron a Navarrete a su declinación temprana a buscar un frente electoral unido para 2018, con el imán de Andrés Manuel López Obrador atrayendo votos que, previa distribución de candidaturas por cuotas entre los partidos concurrentes, mantenga a todos (ellos) a flote.

Es natural que a estas alturas se produzcan declaraciones morenas de rechazo a futuras alianzas con casi los mismos de los que hubo distanciamiento. Pero, modificados los términos jerárquicos (ya no más el PRD como dueño del partido principal; ahora Morena cuando menos en igualdad de circunstancias, pues el capital electoral reciente muestra a fin de cuentas al sol azteca aún arriba del lopezobradorismo) y bajo el imperativo de unidad de toda la “izquierda” rumbo a 2018 como única posibilidad de aspirar al triunfo mayor, se podrá avanzar en negociaciones discretas y, para ello, el PRD tumba a Navarrete y trata de recomponer figura.

Y, mientras el caso del quíntuple homicidio de la Narvarte sigue empantanado en el burocratismo indagatorio, las filtraciones y narrativas luego contradichas, y la decreciente credibilidad de los investigadores, ¡hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.