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Astillero: Colima: narco y política

Astillero, Pacto por México

E l atentado contra el ex gobernador Fernando Moreno Peña hace voltear la vista hacia una entidad, Colima, largamente dominada por grupos del crimen organizado y por políticos que han ejercido el poder entre sangre y fuego. Pequeña en términos geográficos y demográficos, casi desaparecida del mapa político nacional, Colima es un estratégico centro de operaciones del narcotráfico (con Manzanillo como puerto clave) que ha sido gobernado por el PRI (con Moreno Peña como cacique y, especialmente, como orquestador de fraudes electorales), entre muertes violentas de gobernadores y presidentes municipales en funciones o recién retirados del poder formal.

Como ha sucedido en otras universidades públicas, ciertos grupos políticos han transitado del control de las federaciones estudiantiles a las rectorías y a cargos gubernamentales y legislativos diversos (el ejemplo más contundente se da en la Universidad de Guadalajara, dominada por Raúl Padilla López, aunque el cacicazgo de éste ha preferido derivar los cargos hacia familiares y allegados). Moreno Peña fue dirigente estudiantil, rector de la Universidad de Colima y, con ésta como plataforma económica y política, gobernador del estado de 1997 a 2003 (le ganó al panista Fernando Michel Ruiz por cuatro puntos porcentuales de diferencia, entre acusaciones de fraude que ha escuchado con insistencia a lo largo de su carrera, como cacique colimense o como delegado del PRI en otros estados).

A la hora de postular a su sucesor, Moreno Peña consiguió imponer a Gustavo Vázquez Montes, a quien apoyó de manera tan abierta y ruda que el tribunal electoral federal acordó anular los comicios (uno de los pocos casos en que se ha aplicado ese criterio en elecciones de gobernador), aunque en segunda oportunidad volvió a ganar el citado Vázquez Montes (con menos de cuatro puntos porcentuales de diferencia sobre el panista Antonio Morales de la Peña). Sin embargo, a 13 meses de haber tomado posesión del cargo, y entre versiones de profundas disputas con el cacique Moreno Peña, el gobernador Vázquez Montes murió al caer el avión oficial en que viajaba de regreso a Colima, el 24 de febrero de 2005. La tercera elección fue ganada por el también priista Silverio Cavazos Ceballos, con menos de cuatro puntos porcentuales de diferencia respecto del panista Leoncio Morán. Un año después de haber terminado su periodo como gobernador, Cavazos fue asesinado al salir de su casa en la ciudad de Colima.

El siguiente gobernador, a punto de dejar el cargo, fue Mario Anguiano Moreno, confrontado con Moreno Peña, acusado de no haber pasado la prueba del polígrafo a la hora de hablar de relaciones con el narcotráfico, y con un hermano y algunos ex colaboradores tocados por asuntos de esa índole (Anguiano ganó a la panista Martha Sosa Govea por más de seis puntos de diferencia). Para la sucesión de este año, Los Pinos impuso a José Ignacio Peralta, quien era subsecretario federal de Comunicaciones y Transportes y forma parte del grupo del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Hubo jaloneos subterráneos por parte de Anguiano, quien pretendía vetar a Peralta, y de Moreno Peña, quien buscaba la postulación para alguien que le fuera más cercano. Esta vez la diferencia de votos fue ínfima: 503 (0.17 por ciento) a favor del priísta Peralta, frente al panista Jorge Luis Preciado (miembro del círculo más cercano a Gustavo Madero). Además, el PRI perdió la mayoría en el Congreso local y las presidencias municipales más importantes.

La película colimense del narcotráfico (Preciado ha dicho que el enlace entre las campañas políticas y el crimen organizado es Moreno Peña, y Jesús Zambrano ha demandado investigarlo muy “a fondo”), las elecciones fraudulentas y los pleitos sangrientos por el poder (venganzas, ejecuciones y traiciones) tendrá en estos días un desenlace que mantiene a todos los actores en tensión, pues el tribunal electoral federal deberá decidir si anula los comicios de junio pasado, ante el cúmulo de denuncias presentadas por el panismo, y Peralta no debe tomar posesión el 1º de noviembre. En ese contexto se ha producido el ataque contra el cacique local, Moreno Peña (quien fue delegado del PRI en las elecciones de Michoacán que ganó Fausto Vallejo, y delegado regional en Guanajuato, Jalisco y Michoacán en junio pasado). Historias regionales turbias y enconadas, que forman parte del mural nacional de sangre y corrupción.

Manlio Fabio Beltrones designó a quienes le acompañarán en el comité nacional priísta rumbo a las elecciones estatales de 2016 (después de ellas, el sonorense deberá decidir si se mantiene en el timón de tres colores o se deshace del cargo para buscar la candidatura presidencial de 2018). Cierto es que hay un porcentaje importante de nombramientos que llevan su marca indeleble (entre ellos, Manuel Añorve y Marco Antonio Bernal, precandidato a la gubernatura de Tamaulipas este último). O un secretario de organización, Willy Ochoa Gallegos, diputado chiapaneco que ayudará a tender puentes con el gobernador Manuel Velasco, al que se pretende regresar al redil tricolor (dada la pésima fama alcanzada por el Verde). O la secretaría de asuntos migratorios para Gerardo Ruiz Dosal, hijo de Gerardo Ruiz Esparza, el secretario federal de comunicaciones, transportes y negocios de OHL.

Pero no debe olvidarse que el segundo puesto, a cargo de Carolina Monroy, es una cuña explícita de Atlacomulco, instalada para vigilar lo que haga el sonorense y advertirlo a tiempo a Los Pinos, y que en la secretaría de acción electoral ha sido ratificado Arturo Zamora, el jalisciense que buscará relevar a Aristóteles Sandoval y cuyas afinidades están más por el lado de Bucareli.

Y mientras, a la hora de cerrar esta columna, seguían los bloqueos y manifestaciones de profesores en lo que denominaron paro nacional, con el amago de la Policía Federal de iniciar desalojos violentos, todo enmarcado en los arreglos bajo presión para reanudar mesas de negociaciones entre el magisterio disidente y autoridades federales, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.