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Astillero: Conducta reincidente

Astillero, Pacto por México
  • No es solo la titulación

  • EPN visita su escuela

  • Diálogo, sólo si hay clases

En términos periodísticos es correcto y valioso el trabajo realizado por el equipo de investigación que dirige Carmen Aristegui, relativo al hecho de que fue plagiado casi el treinta por ciento del trabajo de tesis que en la Universidad Panamericana presentó Enrique Peña Nieto, a sus veinticinco años de edad, para obtener el título de abogado. Los datos sustanciales han sido reconocidos en primera instancia por el propio coordinador de comunicación social de Los Pinos, Eduardo Sánchez Hernández, así haya sido mediante una tentativa de descalificación, alegando juveniles pifias de estilo y procedimiento, cuando la acusación periodística lo es de fondo. La propia casa de estudios involucrada en el tema, la UP, anunció que su Facultad de Derecho revisará “lo concerniente” al caso.

Sin embargo, la presentación del trabajo periodístico en mención pareció no haber cumplido con el rango de expectativa que desde la mañana de ese domingo había suscitado la jefa del equipo de investigación, Carmen Aristegui. Es probable que la fuerza de imagen y palabra de la exconductora del noticiero matutino de MVS haya generado un interés que resultó superior al de la pieza informativa a presentar; pieza que, ha de insistirse, no es menor, aunque es evidente que campanazos como la Casa Blanca no pueden darse con frecuencia. También debe tomarse en cuenta que hay una audiencia ávida de que ese grupo de periodistas y comentaristas inicie labores por internet, con audio e imagen, y que la convocatoria matutina de Aristegui a concurrir a las diez de la noche a su sitio de noticias podría haber parecido el llamado al banderazo de salida (que no se dio) de un programa en forma, con un horario fijo y diversidad de temas.

El trabajo realizado por Rafael Cabrera, Juan Omar Fierro, Sebastián Barragán, Irving Huerta y la propia Aristegui, fue valorado y difundido por un segmento de la sociedad mexicana que mantiene una crítica viva al manejo del país que realiza Peña Nieto. A la visión negativa que se tiene de quien hoy está al frente del timón nacional, se agregó ese episodio universitario que guarda concordancia con su conducta posterior. Es decir, siendo criticable el punto específico del curso que Peña Nieto escogió para titularse, la revelación periodística mostró una continuidad sin redención de un estilo defraudador, hasta llegar a los momentos actuales de México, cuando lo hecho un cuarto de siglo atrás, en un asunto escolar, tiene una reincidencia que va más allá del entorno personal.

Como era de esperarse, en un ambiente políticamente polarizado, y con la profusión de voces en internet que obedecen a instrucciones de trabajo, el tema del plagio escolar recibió descalificaciones que fueron de la burla, aduciendo que el asunto era de poca monta, lo que revelaría “desesperación” de ese equipo de periodistas por dar un golpe de resonancia, a la abierta invocación de que ese tipo de hechos son frecuentes en el mundo de las titulaciones profesionales, e incluso en el netamente académico, como parte de las rutinas negativas, pero generalizadas, de una sociedad inmersa en la falsificación y la anomalía.

Por ejemplo, antes de que el contenido fuera dado a conocer en internet, el antes citado coordinador de prensa de Los Pinos, Sánchez Hernández, salió a escena con un comunicado en el que planteó que “el licenciado Peña Nieto presentó esa tesis hace 25 años. Cumplió con los requisitos establecidos por la Universidad Panamericana para titularse como abogado. Por lo visto, errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico”.

Mientras tanto, el propio Peña Nieto acudió ayer a uno de los planteles en los que estudió, pero no a la Universidad Panamericana, sino a una primaria ubicada en Toluca, la Eudoxia Calderón Gómez, donde cursó el sexto año de ese nivel escolar.  Desde allí lanzó la premisa que, dijo, guiará su conducta frente al reto de los profesores que en algunos estados del país se negaron a iniciar el ciclo de clases: “primero la educación y después el diálogo (…), porque el futuro de los niños no es negociable”. Añadió que “no podemos hacer rehenes a niños y jóvenes del país a partir de ninguna causa o demanda”.

El secretario de educación pública, Aurelio Nuño Mayer, pudo incluso retomar aires parecidos a los que asumía antes de Nochixtlán, al rendir parte oficial de lo sucedido durante el lunes, en cuanto a porcentajes de asistencia a clases en todo el país. Antes, y ahora, ese funcionario ha ofrecido cuentas que muestran en vías de triunfo a la “reforma educativa” (que es causante de todo el problema), al gobierno del que forma parte y, desde luego, a él, titular de la SEP. Si fueran ciertos sus reportes, la oposición a la mencionada “reforma” sería inexistente desde meses atrás, constreñida a unos cuantos puntos geográficos, con una debilidad casi agónica.

Por el contrario, la organización de los profesores disidentes mantiene una lucha firme en cuando menos cuatro entidades, Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, y el nivel de sus acciones ha ido elevándose, en un proceso que mantiene en tensión al gobierno federal y a sus fuerzas policiacas, ante la eventualidad de una orden de desalojos y aprehensiones. La CNTE demanda que se reanuden las mesas de diálogo con la secretaría de Gobernación, sostiene su postura de no regresar a clases y prepara más bloqueos carreteros, marchas y manifestaciones.

Y, mientras sigue el misterio respecto a los términos y circunstancias en que se habría producido la liberación de uno (o dos, según ciertas fuentes) de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, alias el Chapo, en un contexto en el que también se produjo la detención en Jalisco del presunto operador financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación, un personaje que según declaraciones oficiales era el enlace con políticos, empresarios y otros personajes, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.