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Astillero: Cuarteles a escrutinio

Astillero, Pacto por México

D e la Puerta Mariana de Palacio Nacional a los cuarteles guerrerenses, sobre todo el de Iguala, la presión social está exigiendo apertura y rendición de cuentas (expresión, ésta, de tan grato uso entre quienes creen o quieren creer que en México hay democracia, que los ciudadanos pueden delimitar el ejercicio del poder, supervisarlo y “castigarlo”).

Ayer, el enojo (en proceso de radicalización) del movimiento de familiares de los normalistas aún ahora “desaparecidos” pasó de las pintas y el ataque verbal a niveles de confrontación física que siendo aún menores (cuatro heridos) no dejan de ser muy preocupantes, por cuanto significa la decisión abierta de un segmento social representativo de confrontar incluso en términos directos a las fuerzas armadas mexicanas, acusadas de negarse a permitir que observadores confiables puedan visitar sus instalaciones para verificar que allí no están los estudiantes de Ayotzinapa y pilladas incluso en flagrante mentira luego que oficialmente dijeron que no cuentan con hornos crematorios que sí existen y funcionan, según distintos testimonios e información de las propias fuentes del Ejército.

El arribo de la encendida protesta social a las puertas de los recintos militares (también hubo ayer protestas en la ciudad de México y en otras ciudades, siempre en exigencia de apertura de puertas a la investigación civil sobre los normalistas) coloca en situación difícil a las fuerzas armadas que a su excesiva exposición contaminante ante el fenómeno del crimen organizado han agregado durante el peñismo el injustificable silenciamiento y sometimiento ante las “autodefensas” promovidas en Michoacán por la administración federal en absoluto rompimiento del estado de derecho, convertidos los mandos y los efectivos verde olivo en cuidadores de las movilizaciones y acciones de grupos que han actuado contra toda norma jurídica, incluso dedicadas durante meses tales “autodefensas” a labores irregulares de “vigilancia” armada y de sumaria “impartición de justicia”.

Lo sucedido ayer en Iguala, con vehículos pesados que fueron enfilados contra un portón, y el desigual “ataque” civil con piedras y botellas contra el cuartel militar, dejó un saldo venturosamente menor en comparación con lo que podría suceder si la Secretaría de la Defensa Nacional decidiera actuar con energía frente a manifestantes desbordados. Rozar el filo de la tragedia; sin embargo, será un riesgo constante mientras el poder militar no permita que haya satisfacción a la fundada exigencia de familiares de los jóvenes desaparecidos de que se puedan revisar instalaciones donde históricamente han sido confinadas las víctimas de lo que se da en llamar guerra sucia y que se constaten las pautas de funcionamiento de los crematorios castrenses que sí existen aunque en primera versión la Sedena lo hubiera negado y que constituyen una pista indagatoria obligada en el contexto de la fallida versión del procurador Jesús Murillo Karam respecto a la presunta incineración criminal de 43 cuerpos a cielo abierto, sin combustible ni material adecuado y sin que la enorme pira fuese detectada por alguna de las múltiples vías informativas de que disponen los mandos militares regionales por otra parte tan bien llevados con los esposos Abarca-Pineda, los presuntos primeros responsables de lo sucedido en Iguala y luego en Cocula.

Pero, mientras continúa elevándose el grado de las protestas por Ayotzinapa (luego de la arremetida de policía militar antimotines y policía estatal ayer en Iguala, los inconformes quemaron vehículos pertenecientes a firmas comerciales), el mundillo de la representación política cabalgaba a contrapelo, convencidos los partícipes de ese gran negocio de repartición de cargos, dietas, compensaciones, “moches” y privilegios varios, de que “el show debe seguir”. No hay mayor preocupación para la clase política actual que los registros de precandidaturas, los cálculos electorales, las estimaciones en cuanto a financiamiento regular e irregular de las campañas por venir, las negociaciones para regatear y canjear y la preservación del estatus cómodo de partidos, dirigentes, candidatos, legisladores y gobernantes.

Así, por ejemplo, Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, decidió, sin éxito, buscar una candidatura a diputada federal por la vía preferida por los miembros de esas dos familias para llegar al Congreso, la de la representación proporcional, en listas plurinominales (es decir, no por una mayoría de votos ganada en competencia abierta, sino a través de los arreglos cupulares). Al apuntarse en busca de esa concesión de la dirigencia panista (con Ricardo Anaya formalmente al frente, aunque el mando verdadero, listo a regresar por unos meses al timón, lo tiene Gustavo Madero), Zavala pretendía revivir el maltrecho calderonismo y perfilarse como presunta candidata presidencial para 2018. No deja de ser altamente significativo que la ocupante de Los Pinos durante un sexenio, con recursos y posicionamiento publicitario muy amplios, presunta aspirante a coordinar a los diputados panistas y eventualmente a buscar la Presidencia de la República en 2018, se haya negado a competir por el voto directo, es decir, por una curul de mayoría, y prefiriera intentar las delicias de una plurinominal sin riesgo de derrota. Sin embargo, por la noche la Comisión Permanente blanquiazul la rechazó como candidata a diputada pluri.

Otro caso interesante es el del senador perredista Armando Ríos Píter, quien a pesar de su condición puntera en las encuestas hasta ahora difundidas optó por zafarse de la contienda o, al menos, por anunciar que “no buscará” la candidatura a gobernador de Guerrero, entre argumentaciones que dejan mal parada a la vapuleada dirigencia del sol azteca a cargo de Carlos Navarrete.

Y, mientras se deja constancia, para los desafectos a que haya lugar, de que algún duendecillo pinturero cambió ayer uno de los sumarios astilladores, así que apareció “Chuchos contra López Obrador”, cuando el texto original enviado por este columnista picabuches rezaba “Chuchos contra López Dóriga”, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.