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Astillero: De a muertito

Astillero, Pacto por México

S uele meterse Enrique Peña Nieto en embrollos a causa de la mala selección de sus palabras en actos públicos. Este miércoles, en Durango, reunido con la Conferencia Nacional de Gobernadores, la Conago, cuyos integrantes están explicablemente en contra de que instancias “independientes” les revisen sus formas de gastar los fondos federales, el orgullo de Atlacomulco pidió a esos mandatarios estatales que jalen parejo, que no “naden de a muertito”. Difícil para él y para su antecesor, el también promotor de pompas fúnebres masivas, Felipe Calderón, hablar con ligereza de asuntos de tumbas.

El mismo día del discurso sobre el deporte acuático desfallecido, en Acapulco moría el profesor jubilado Claudio Castillo, aplastado tal vez de alguna manera entre tragicómica y sobrenatural, según la narrativa extraordinaria de los jerarcas policiacos de apellidos Rubido y Galindo (podría haber sido atropellado por su propia camioneta u otra, por sus propios compañeros u otros), o a causa de golpes propinados por la Policía Federal, según la acusación directa de los profesores en lucha, algunos de los cuales aseguran que el mentor, de 65 años y con poliomielitis, fue bajado por agentes federales de una camioneta de sonido y lesionado intencionalmente. Además, Manuel Salvador Rosas, miembro de la comisión política de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (Ceteg), aseguró que doce de sus compañeros están desaparecidos y que cuatro maestras fueron violadas por federales, luego de ser subidas a camionetas de esa policía.

Risibles le parecieron al secretario de educación del gobierno de Guerrero las formas de autoexculpación practicadas por los altos funcionarios federales en el caso del profesor Castillo. Salvador Martínez della Rocca, conocido como El Pino, aseguró que hubo excesos policiacos en el desalojo de manifestantes en Acapulco. Luego tomó el saco duranguense de los gobernadores que nadan de a muertito y, rechazándolo para el interino Rogelio Ortega (el jefe del citado Pino), acabó reconociendo indirectamente que él era uno de los destinatarios o el único. “Mi gobernador no anda nadando de a muertito”, aseguró el secretario de un gobierno guerrerense que ha dejado la responsabilidad y operación de las maniobras represivas a cargo de las fuerzas federales.

Acrobacias en el mar muerto de San Lázaro realizaban los expertos en nado sincronizado que inauguraron ayer el lucidor espectáculo del Sinaco (Sistema Nacional Anticorrupción), el montaje de magia institucional que permitirá ignorar con más modernidad y esfuerzo dónde quedó la bolita y que extenderá certificados de honestidad comprable bajo el agua para que las riquezas mal habidas queden bien validadas (de golpe, el México de la movida, es decir, el resultante de las políticas enriquistas del “Mover a México”, entra de lleno al paraíso verbal del combate férreo a la corrupción, listos los luciferinos practicantes de la maldad presupuestal para asumirse ahora como conversos a la honestidad y la transparencia). Artículo por aquí, artículo por allá; reformas por aquí, reformas por acá (Alí Babá pluripartidista colocando cuarenta grilletes a sus chómpiras y tirando las llaves del tesoro al fondo del mar; oh, sí) y el priísmo seguirá siendo lo que es en cuanto a sublimación de Las enseñanzas de don Hank, el mítico chamán mexiquense que con alquimia de tres colores convertía el oro público en oro privado, los panistas contarán con material de campaña para declararse justicieros candidatos que reivindican la decencia aunque nomás sea en la letra de la ley que hasta la arlequinesca Secretaría de la Función Pública a cargo del cuatacho Virgilio sabrá cómo evadir y burlar, y los perredistas seguirán en Plan Amigo con la esperanza de que la purificación de los erarios les acarree indulgencias electorales.

Los diputados embebidos en la aprobación del mencionado sistema de simulación contra corruptelas (¡tiemblen, ladrones, sean funcionarios o empresarios, porque el reino de la honestidad ha llegado durante el reinado de Enrique Casablanca, el Residente de la RepúblHiga!, ¡aleluya!), mientras los generosos señores de las comarcas senatoriales tienen a bien aplicarse un doloroso pero necesario descuento en sus percepciones económicas (las registradas fiscalmente, se entiende), para dar testimonio de que en las alturas se comprende la crisis nacional y se actúa en austera consecuencia: cien pesotes de descuento mensual a sus dietas.

De a muertito también pretende el peñismo que navegue su propuesta de sometimiento de operaciones aeroportuarias en suelo nacional a las reglas y vigilancia armada de agentes y funcionarios extranjeros, en aras de complementar la anexión subcontinental diseñada en Washington. Bajo jaque en el plano interno, el ocupante de Los Pinos pretende abrir las puertas a una mayor intervención extranjera, ofreciendo espejitos relacionados con el mejor funcionamiento del tráfico aéreo y una mayor presencia de turistas extranjeros.

Los clavadistas del equipo dizque Verde y dizque Ecologista estaban bajo acoso de Los Siete, provisionalmente aliados en tanto las medallas por alcanzar no los regresen a sus sitiales de competencia. El presunto coordinador del torneo, el rebasado Lorenzo Córdova, ha tenido que ceder alguna pieza menor a los conjurados para que regresen a sus asientos en el pleno del Instituto de Natación Electoral. Pero en la mira está el partido al que los tucanes podrían demandar por difamación de honor. Han creído posible burlarse de todos y de todo, como avanzada del priísmo, y ahora están en riesgo de castigo.

A la hora de cerrar esta columna se realizaban actos de recuerdo y protesta a cinco meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. La demanda de justicia sigue vigente, entre la cansina pretensión oficial de seguir nadando “de a muertito”. ¡Hasta el próximo lunes, con la invitación a escuchar en Facebook http://on.fb.me/1JStVUj !

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.