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Astillero: “Desincentivar” ayuda

Astillero, Pacto por México

Julio Hernández López

C asi 15 horas antes de que el huracán Patricia tocara tierra (y se comenzara a estimar el volumen de los daños, que se vaticinaban catastróficos), el Centro de Enlace Diplomático (Cedi) de la Secretaría de Relaciones Exteriores ordenaba a todas las representaciones nacionales en el extranjero “desincentivar ofrecimientos de ayuda internacional” respecto de lo que parecía una histórica tragedia en camino. La circular (cuya importancia fue señalada como high en el original en español) fue emitida el pasado viernes 23, a la 1:52 de la mañana, “en atención a la gentil petición de la Coordinación General de Asesores” de la propia SER (https://goo.gl/FW2aa8 ).

En la madrugada previa a la llegada de Patricia, el párrafo conducente señalaba: “En virtud de que los trabajos de las autoridades federales, estatales y locales en materia de protección civil son todavía de carácter preventivo, se agradecerá a esas representaciones desincentivar ofrecimientos de ayuda internacional en torno a este fenómeno meteorológico. Eventualmente se indicará si dicha ayuda fuera requerida por nuestro país, de conformidad con los procedimientos nacionales en la materia”.

La temprana previsión conservadora del gobierno mexicano tuvo correspondencia con la realidad. Cierto es que la diplomacia nacional suele mantener una actitud precavida respecto de esos ofrecimientos de ayuda extranjera, pero la confiable información técnica de origen nacional e internacional, ampliamente difundida en medios de todo el mundo, parecía desapegada de la postura de la secretaría a cargo de Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari en cuanto a “desincentivar”, cuando lo correlativamente prudente hubiera parecido mantener abierta (no “desincentivada”) esa línea de ayuda internacional que podría resultar urgente.

Muy incentivada fue, en cambio, la propaganda oficial que colocó al gobierno peñista como equipo de grandes ligas preparadísimo para enfrentar las consecuencias que dejaría el adversario meteorológico que finalmente no se presentó con la descomunal fuerza tan anunciada. A nadie debería llamar la atención, ni generar dudas, suspicacias e incluso burlas, la prestancia de un gobierno para auxiliar a su población en una crisis de tal tamaño. Pero la hoja de servicios del peñismo está repleta de episodios fallidos, incluso algunos grotescamente fallidos, así que el súbito emplazamiento ejemplarmente preventivo de ese (des)gobierno federal y la huracanada promoción de las extraordinarias bondades de su actuar generaron documentado escepticismo, no en cuanto a los términos específicos del huracán por llegar, pero sí en cuanto al sobredimensionamiento de lo que una desfondada administración pública anunciaba que estaba preparada para hacer.

En sus peores momentos de imagen pública, con múltiples asuntos críticos en contra, Patricia ofreció a Enrique la posibilidad de lanzarse con un blindaje noble a la conquista de lo mediático, tratando de centrar la atención colectiva en los impresionantes resultados positivos que hubiera ofrecido en caso de haberse presentado la desafortunada oportunidad. Hubo en estos días una terrible discordancia entre los estudios y prevenciones provenientes de fuentes técnicas dignas de toda la confianza, la exagerada postura de oportunismo “preventivo” de una administración ávida de remendar su imagen y la realidad vivida que no correspondió a las muy negativas previsiones y que, obviamente, ha convertido a muchos mexicanos en aficionados temporales al escrutinio meteorológico aplicado a Patricia, y a un segmento de ciudadanos razonadamente desconfiados de su gobierno, en observadores irónicos del autoensalzamiento gubernamental.

La formación de otro peligroso fenómeno social y económico fue convenientemente desatendido en razón del huracanado embate que ganó toda la atención (también habrá de verse cuáles serán las firmas constructoras que ganen contratos y beneficios con el saldo de Patricia, con Higa y OHL siempre al acecho y nuevas casas blancas por repartir): la miscelánea fiscal aprobada por la Cámara de Diputados aprobó un impuesto especial a la gasolina y el diésel a partir del año entrante. A pesar de que Peña Nieto y su vicepresidente económico, Luis Videgaray, habían asegurado que no habría nuevos gravámenes, en San Lázaro se autorizó el rubro “especial” de 4.16 pesos por litro de gasolina Magna, 3.52 pesos por litro de Premium y 4.58 pesos por litro de diésel. Aún falta la aprobación de la Ley de Egresos de 2016, que incluye ese impuesto, en la Cámara de Senadores.

Impuesto que fue Fidel Herrera como representante de México en Barcelona, aumenta la exigencia de que no se ofenda de esa manera a España y a Cataluña. Vergonzosa ha sido la previa degradación de esa oficina, que era un consulado “general” (por lo cual su titularidad debería ser aprobada o rechazada por el Senado) para dejarla como consulado “de carrera” (que no necesita el visto bueno de los legisladores). Lamentable también ha sido el recuento en diarios de aquella nación, y específicamente de aquella comunidad autónoma, de las múltiples aristas oscuras del ex gobernador de Veracruz.

Al rechazo generalizado de ese nombramiento diplomático se añadió el saber que “hace pocos años” Herrera habría pretendido robar un cenicero de cristal en Madrid, durante una reunión auspiciada por el Banco de España. En un artículo periodístico, Juan E. Pardinas (doctor en gobierno por la London School of Economics y director general del Instituto Mexicano para la Competitividad AC) relata lo que asegura es una “historia verídica” (“Atornillen los ceniceros”: https://goo.gl/UlsP6b ). El que roba lo menos, roba lo más, podría ser una deducción natural, con el presupuesto de Veracruz, por ejemplo, como testigo de honor. Esta columna ofrece otro dato menor, ínfimo: de acuerdo con www.twitteraudit.com , la cuenta de Twitter del cónsul en Barcelona, @ FidelHerrera, tiene cero por ciento de credibilidad, pues cuenta sólo con mil 480 seguidores reales y 368 mil 486 falsos. Detallitos. ¡Hasta mañana!

 

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.